OBAMA Y SU TONTERÍA DEL CALENTAMIENTO GLOBAL

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La economía está estancada. Siria está en llamas. Los escándalos lo asedian. China y Rusia se burlan de él mientras un mozalbete de 29 años le revela al mundo los secretos de espionaje de los Estados Unidos. ¿Cuál es la respuesta del Presidente Obama? Un discurso grandilocuente sobre el calentamiento global.

 

¿El calentamiento global? Según una reciente encuesta, el calentamiento se encuentra en el número 21 entre las prioridades de los ciudadanos norteamericanos. Lo que quiere decir que las declaraciones de Obama sobre una guerra unilateral de los Estados Unidos contra el calentamiento global a cualquier precio–y será un alto precio– son las de un visionario o las de un iluso incurable. Usted decide: las temperaturas globales no han cambiado en los últimos 16 años–lo que constituye un momento curioso para poner en marcha un gigantesco, costoso y socialmente contraproducente programa contra el calentamiento.

 

Esto no quiere decir que estas conclusiones son infalibles. No quiere decir que el calentamiento global no existe. Pero es algo que los complejos modelos de calentamiento global sobre los cuales Obama basa sus ingenuas afirmaciones no pueden ser explicados con certeza por los mismos científicos que afirman su existencia. Por lo tanto, pone de manifiesto la arrogancia del presidente cuando afirma que quienes niegan ese calentamiento son como aquellos que una vez dijeron que la Tierra era plana.

 

Por el contrario. Son los creyentes de una tierra plana al estilo de Obama quienes se niegan a reconocer los datos contradictorios sobre este tema. Son creyentes de la Tierra plana como Obama quienes citan una reciente ola de calor en Alaska–un acontecimiento raro de una sola vez en un solo lugar–como evidencia incontrovertible del calentamiento planetario. Son creyentes de la Tierra plana como Obama quienes citan fenómenos perennes como la sequía como una venganza cósmica por nuestros pecados ambientales.

 

De todos modos, a manera de argumento, aceptemos que el calentamiento del cual habla Obama es una realidad. La respuesta es esta: ¿Por amor de Dios qué es lo que va a resolver su gigantesco y costoso programa donde se declara la guerra contra el carbón y se destinan millones de millones de dólares a subsidiar compañías de energía verde como Solyndra?

 

Según la Agencia Internacional de Energía, a partir del 2006 los Estados Unidos han sido el país que más ha reducido sus emisiones de carbono. Nuestras emisiones de carbono en estos momentos han bajado al nivel de 1992.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, las emisiones a nivel global han aumentado. ¡Sorpresa! Eso es porque nosotros no controlamos las emisiones producidas por el otro 96 por ciento de la humanidad.

 

La parte principal del programa de Obama son las regulaciones de la Agencia de Protección del Medio Ambiente. Dichas regulaciones harán prácticamente imposible abrir nuevas plantas de carbón y llevarán a la quiebra en forma sistemática a las ya existentes. Según uno de los asesores de Obama, desde el punto de vista político, “la Casa Blanca evita calificar este programa de ‘guerra contra el carbón’. Pero eso es exactamente lo que necesitamos”.

 

El efecto neto: decenas de millares de empleos eliminados y varios estados empobrecidos. Todo esto en el momento en que este país sufre un desempleo crónico y aplastante, lento crecimiento, mercados nerviosos y una profunda inseguridad económica.

 

Pero eso no es lo peor. Este inmenso y autoimpuesto sacrificio podría valer la pena si en realidad pusiera fin al calentamiento global y salvara el planeta. Lo que convierte a esta idea en totalmente descabellada es que no salvará el planeta. Esta masiva y autoimpuesta herida económica no producirá efecto alguno sobre el cambio climático.

 

Los hasta ahora desposeídos se están industrializando a una velocidad vertiginosa. En el momento en que escribo estas líneas China y La India abren nuevas plantas de carbón todas las semanas. Nosotros podremos desbaratar la producción norteamericana de carbón y devastar al país; pero un Tercer Mundo que se industrializa en forma desenfrenada seguirá contaminando el medio ambiente. El efecto neto del programa de Obama será desmantelar nuestra industria del carbón y enviarla a otros países.

 

Pensar que vamos a convencer a estos países para que cooperen en la preservación del medio ambiente es pura fantasía. Nosotros hemos estado negociando tratados climáticos durante 20 años y no hemos llegado a ninguna parte. China, La India y otros país en proceso de industrialización afirman que nosotros hemos disfrutado de una ventaja de 150 años y nos hemos enriquecido. Ellos siguen siendo pobres y ahora les ha llegado su turno.

 

No se detendrán de ninguna manera. Obama se imagina que va a convencer a China que lleve a cabo una reducción de emisiones de carbono que reduciría su economía, aumentaría sus costos de energía, descarrilaría su industrialización y podría desatar una peligrosa inestabilidad social. Y esto nos lo dice un presidente que no logró siquiera que China le entregara al soplón Edward Snowden.

 

Yo no estoy en contra de un plan que reduzca las emisiones de carbono. En realidad estoy totalmente a favor. Pero a falta de uno–y no existen indicios de lograr alguno en el futuro inmediato–no tiene sentido que los Estados Unidos comentan suicidio económico.

 

Resulta incomprensible que un presidente proponga esta idea con tal agresiva certeza. Es la prueba más convincente de que no toma en cuenta las evidencias. Y la forma de describir ese estado mental es que el presidente no basa su actuación en la ciencia sino en un acto de fe.


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