OBAMA, ROMNEY Y LA BRECHA DE LA COMPASIÓN

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Desde el punto de vista de los patrones históricos y tomando en cuenta el deplorable estado de la economía, Mitt Romney debería tener una ventaja en las encuestas de 15 puntos sobre Barack Obama. ¿Por qué están empatados? Cuando se le pregunta a los encuestados sobre “la compasión hacia el ciudadano promedio” Obama disfruta de una ventaja de 22 puntos sobre Romney. La meta principal de la reciente convención demócrata fue la preservación de esa ventaja. Esa es la única esperanza del partido de ganar las elecciones de noviembre.

George Bush padre–percibido al igual que Romney como un hombre indiferente a los problemas de sus conciudadanos–recibió una vez una tarjeta de manos de uno de sus asistentes que decía: “Mensaje, soy compasivo”. Pero, lo que se suponía fuera una guía para el discurso y no el discurso en sí mismo, fue leído en alta voz por Bush.

Por lo tanto, para nadie fuera sorpresa que perdiera frente a Bill Clinton, un hombre que ha dedicado su vida a decir que siente compasión por los menos afortunados, sea o no verdad. Pero, en política, la percepción es más importante que la realidad.

En su discurso ante la convención, Bill Clinton abogó por Barack Obama como ser humano. En sus palabras: “Un hombre de apariencia sosegada en lo externo pero que arde en su compasión por América en su fuero interno”. Una frase elocuente pero no realmente convincente. El verdadero trabajo de clintonizar a Obama recayó sobre la primera dama.  Según afirmó la señora Obama en el discurso más cínicamente brillante de la convención, su marido no es solamente un hombre de gran compasión sino profesa sentimientos similares a los de Mahatma Gandhi.

Otros hablaron de lo que había hecho Obama. El trabajo de Michelle fue decir por qué lo había hecho. Según su esposa sus acciones fueron motivadas por su compasión. Su discurso fue un silogismo: Barack ama a su esposa, ama a sus hijas, ama a su familia y, por lo tanto, los ama a ustedes.

No tengo dudas sobre las tres primeras afirmaciones. En cuanto a la cuarta tengo muchas dudas. De todas maneras, se nos aseguró que el presidente es un santo que dispensa auxilio a su pueblo en la forma de servicios de salud (con los consiguientes anticonceptivos), préstamos para salvar la industria automovilística y demandas judiciales para garantizar equidad a todos los ciudadanos. El torrente de lágrimas en el salón fue un testimonio del poder convincente del himno de amor de  Michelle por su esposo. Fue un golpe brillante de Michelle drenar al verdadero Obama de cualquier indicio de ideología o ambición personal.

El problema está en que nos traguemos la afirmación de que “sus acciones están motivadas por la compasión” cuando la comparamos con  las contradicciones de su conducta en los últimos cuatro años.  Barack Obama es un socialista democrático profundamente comprometido que no siente el menor pudor en mostrar públicamente su agenda de extrema izquierda. Lo hizo desde el principio de su presidencia y, de inmediato, procedió a ponerla en vigor.

Como resultado de la agenda de izquierda adquirida desde su juventud, Obama puso en vigor Obamacare, reguló a Wall Street y subsidió proyectos de energía verde como Solyndra. Ha utilizado su poder para redistribuir la riqueza, aumentar el tamaño del gobierno, desdeñar el éxito, desconfiar de la empresa privada y aumentar su compromiso con su concepto particular de la justicia social. 

Tampoco incluyó Michelle en su discurso referencia alguna a la descomunal vanidad y a las ambiciones personales de su marido. ¿Está tratando de ser reelecto porque es un hombre compasivo? O, ¿porque es la coronación del éxito de un hombre que se forjó su propia imagen y vino de la nada para alzarse con el premio? O, ¿para quien la derrota se convertiría en un bochornoso paréntesis histórico?

En una forma reveladora, Obama dijo en el 2008 que Ronald Reagan había abierto un paréntesis en la historia muy superior al de Bill Clinton. No hay dudas de que Obama se considera a sí mismo como el anti-Reagan. Se propone dar marcha atrás a la trayectoria conservadora de 30 años iniciada por Reagan y devolver a los Estados Unidos a la tradición izquierdista de 50 años iniciada por Franklin Delano Roosevelt. Por eso se considera a sí mismo como una figura de dimensiones históricas.

Esto es lo que motiva al hombre que incluyó en numerosas ocasiones la frase de “Nuevos cimientos” en los primeros discursos de su presidencia. Utilizó el lema con el propósito de convertirse en el heredero legítimo de los autores del “Nuevo trato” y la “Nueva frontera”. El lema nunca pegó pero la ambición quedó demostrada a cabalidad.

Esto no convierte a Obama en un hombre malo o en un caso especial entre los presidentes que le han precedido. Pero desmiente la exagerada descripción de Obama como un buen hombre de familia que preside en forma compasiva sobre las ovejas de su rebaño americano. Su promesa del 2008 de que llevaría a cabo una “transformación total de los Estados Unidos” es una prueba irrefutable de su ideología y de su exagerada auto estima.

Esa es una explicación lógica de su obsesión por ganar a toda costa. Obsesión demostrada por su despiadada campaña para ganar las primarias frente a Hillary Clinton, que en momentos sacó de quicio a Bill, y de sus incesantes vituperios contra Romney en esta campaña del 2012. Los millones de dólares gastados en esa campaña sucia para demonizar a Romney han influido considerablemente en los 22 puntos con que aventaja al último en el aspecto de la compasión. La novela de Michelle describiendo a su marido como un hombre cuya bondad se refleja en sus actos hacia sus agradecidos súbditos estuvo encaminada a mantener la otra parte de esa brecha.

Yo no le creí una sola palabra, pero como discurso fue una obra maestra. Después de todo, que otra cosa puedes decir cuando aspiras a la reelección en una nación–descrita durante la convención con aterrador realismo por Elizabeth Warren como: “una tierra agobiada por la miseria y la desesperanza”.

 


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