Irán sigue tratando de expandirse en América Latina

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Irán tiene ciertamente en América Latina un conjunto de países que insólitamente lo apoyan, a toda costa. Incondicionalmente. Son los llamados “bolivarianos”, liderados por Cuba y Venezuela.

El denominador común entre todos ellos es absolutamente obvio: el autoritarismo. Todos coinciden en sus constantes esfuerzos por deformar (preferentemente, sin que ello se note demasiado) las instituciones centrales de la democracia, restringiendo así las libertades civiles y políticas centrales de los ciudadanos.

 Irán ahora apunta a acercarse más al Uruguay. Así lo confirma, más allá de toda duda, una larga entrevista concedida al diario “El País” por el vice-canciller de Irán, Ali Asghar Khaji, publicada el 9 de diciembre pasado en las columnas de ese medio. El visitante, al llegar a Montevideo, se entrevistó con su par uruguayo, Roberto Conde y con el presidente de la Cámara de Diputados, el “frenteamplista” Jorge Orrico. Alguno apuntó: “Dios los cría”…
Refiriéndose ponderativamente a los regímenes “bolivarianos”, el vice-canciller iraní dijo que son “movimientos populares que persiguen el objetivo de la soberanía (que curiosamente presume que estaba extraviada) y una independencia verdadera para sus pueblos”. Esto, agrega, “permite que exista un clima de colaboración entre Irán y diferentes países de América Latina”. Para enseguida señalar que en Uruguay hay “buena base para avanzar”, esto es que existen coincidencias entre ambos gobiernos, en lenguaje bastante menos elíptico.
Irán aspira abiertamente a establecer con Uruguay una relación “tan estrecha como la que mantiene con países como Venezuela o Bolivia”. Países ambos que -en nuestra región y en el escenario internacional- apoyaron a Khadafi en Libia, y aún apoyan a los Assad, en Siria, pese a sus abiertas violaciones a los derechos humanos de sus ciudadanos y a los crímenes de lesa humanidad que cometen, respecto de los que, cínicamente, ellos hacen “la vista gorda”.
Sugiriendo que existe “mala voluntad” en los medios de nuestra región Khaji dijo, asimismo: “Los grandes medios no dicen que Irán es la economía número 17 del mundo” (gracias a la bendición del petróleo, naturalmente, cuyo precio no ha cesado de aumentar) y que está entre los países, según el, más avanzados en el “conocimiento científico y tecnológico” del mundo.
Para destacar enseguida la construcción de una fábrica de automóviles y otra de tractores en Venezuela, así como de una planta láctea en Bolivia, donde también los iraníes construyeron, recalcó, un hospital. No es para aplaudir demasiado como demostración de los avances tecnológicos iraníes, por cierto.
Sugirió luego que Uruguay puede vender a Irán arroz, carne, lácteos, y lana. Materias primas sin elaborar, entonces. Y comprarle, en cambio, agroquímicos y fertilizantes, esto es productos elaborados industrialmente. Preservando así la creación de oportunidades de trabajo para Irán, es obvio. Siempre lo mismo, entonces, en un mundo donde todos juegan partidos similares para quedarse con las fuentes de trabajo, aunque con distintos disfraces.
Aprovechando la entrevista, el alto visitante persa se despachó duramente contra Israel, algo que es una muy fea constante entre los funcionarios del régimen teocrático iraní. Reiterada por los que nos visitan.
A lo que agregó las habituales amenazas de guerra contra Israel, mientras su gobierno sigue adelante, impertérrito -violando las normas internacionales y las resoluciones de las Naciones Unidas- en una carrera loca del enriquecimiento de uranio a un grado tal que parecería obvio que se piensa en su utilización para la fabricación de armas nucleares.
Respondiendo a una pregunta concreta sobre el tema en particular, el visitante se pronunció duramente contra los matrimonios entre homosexuales o lesbianas, señalando enfáticamente que en Irán “la homosexualidad no es aceptable”, en función de “principios sagrados” que tienen que ver con la “defensa de la familia”.
Queda visto que Irán tiene ahora a Uruguay entre sus blancos u objetivos más inmediatos. Quizás porque su gobierno tiene una veta autoritaria que procura, como otros, disimular. Y cree encontrara algún grado de “reciprocidad” en el Uruguay. Esto solo es intranquilizador.
Para quienes sabemos del apoyo constante de ese país al terrorismo de Hezbollah y otros grupos violentos, esto es profundamente perturbador. Particularmente cuando recordamos los aberrantes atentados perpetrados en la ciudad de Buenos Aires contra la embajada de Israel y contra el edificio de la AMIA, que dejaron un elevado saldo de muertes y desolación, detrás de los cuales aparece, sospechosa, la sombra de Hezbollah, esto es -indirectamente- la mano de Irán.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.


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