CONFRONTEN LA FANFARRONADA DE OBAMA

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Por primera vez desde las últimas elecciones, el Presidente Obama se encuentra a la defensiva. La razón es que el primero de marzo entrarán en vigor de manera automática una reducción de gastos–secuestración en el actual argot político–que asciende a $1.2 millones de millones, la mitad en programas discrecionales domésticos y la mitad en programas de defensa.

La idea fue propuesta y promovida por la Casa Blanca durante las negociaciones sobre el límite de la deuda en el mes de julio de 2011. El cálculo político fue que unos gastos de defensa tan radicales obligarían a los republicanos a rendirse ante las exigencias del Presidente Obama.

Pero el tiro le salió por la culata. Los republicanos no han hecho concesiones de ningún tipo. Le subieron la parada y confrontaron su fanfarronada. Ahora el desesperado es Obama. El presidente odia las reducciones en gastos domésticos. Y, en su calidad de comandante en jefe, está preocupado ante reducciones en el presupuesto del Pentágono que su propio secretario de defensa calificó de catastróficas.

La semana pasada, Obama pidió al congreso con carácter urgente que evitará la secuestración con una medida provisional. Pero, en vez de ofrecer una alternativa de $1.2 millones de millones en reducciones de gastos, Obama exigió un enfoque balanceado donde las reducciones  sean combinadas con aumentos de impuestos.

¿Qué deben hacer los republicanos? Nada. Los republicanos deben especificar que durante las negociaciones sobre el precipicio fiscal el presidente logró aumentos de impuestos sin las correspondiente reducciones de gastos. Ahora ha llegado la hora de que una nación con una deuda de 16 millones de millones de dólares reduzcan sus gastos. Ese es el balance.

Los republicanos tienen finalmente armas poderosas a su favor. Deben de usarlas. Obama se aprovechó de que las reducciones de impuestos del Presidente Bush expirarían de manera automática y logró sus aumentos de impuestos. Los republicanos tienen ahora la automaticidad a su favor.

Si no hacen nada. Los $1.2 millones de millones en reducciones de gastos entrarán en vigor de manera automática. Este es, por lo tanto, el momento en que los republicanos pueden lograr reducciones de gastos bajo un presidente que se opone a cualquier reducción. Tienen que aprovechar esta extraña oportunidad.

No hay dudas de que la secuestración es una política terrible. Las reducciones en gastos domésticos serán lamentables y las del Pentágono serán desastrosas. Esa es la razón por la cual la Cámara de Representantes bajo control republicano ha aprobado en dos ocasiones proyectos de ley donde ofrece reducciones de gastos más equilibradas. Por ejemplo, los republicanos han propuesto reducciones de gastos en los programas de beneficios garantizados (entitlements).

Por su parte, el Senado de mayoría demócrata, que no ha aprobado un presupuesto desde antes de salir el iPad, no ha hecho nada. Tampoco lo ha hecho el Presidente antes de su petición de la semana pasada.

Los republicanos deben rechazarla y decirle sin rodeos que están preparados para efectuar reducciones en cualquier parte. Que ya aumentaron los impuestos el mes pasado. Que si el presidente quiere evitar la secuestración debe ofrecer como alternativa una reducción de gastos.

De lo contrario, señor presidente, no tenemos nada que hablar. Su secuestración–que fue en primer lugar su propia idea–entrará en vigor de manera automática si no hacemos nada.

Obama está tratando de vender su “enfoque balanceado” con una especie de malabarismo lingüístico. Insiste en calificar sus propuestos aumentos de impuestos–eliminando deducciones y exenciones–“reforma fiscal”.

Eso no es cierto. Una verdadera reforma fiscal–definida hasta en la propia página cibernética de la Casa blanca–comienza con una reducción de las tasas impositivas. Acto seguido,  se recupera la reducción de ingresos con la eliminación de las lagunas impositivas.

Una verdadera reforma fiscal tiene que ser neutral en cuanto a ingresos. Es una forma de limpiar el código de impuestos eliminando primero injustas e ineficientes lagunas impositivas y después reduciendo las tasas impositivas para estimular el crecimiento económico.

Obama no tiene el más mínimo interés en reducir impuestos. Acaba de aumentarlos durante las negociaciones sobre el precipicio fiscal y ha dicho sin rodeos que se proponen seguir aumentándolos. Su único interés en eliminar las lagunas impositivas es el de aumentar los fondos del Departamento del Tesoro, no para usarlos en la reducción de impuestos. Esa no es una reforma fiscal. Es un flagrante y descarado aumento de impuestos.

De ahí que los republicanos deben decirle que una cosa es la secuestración y otra muy distinta es una verdadera reforma fiscal. El objetivo de la secuestración fue una reducción de gastos. La única interrogante es si esa reducción se llevará a cabo de manera automática e indiscriminada, o si el presidente está dispuestos a ofrecer como alternativa una razonable reducción de gastos.

Entonces se podría llevar a cabo una verdadera reforma fiscal. Algo similar a la reforma fiscal de 1986 durante el gobierno del Presidente Reagan, patrocinada en el congreso por los demócratas Tip O’Neill y Bill Bradley. Una reforma que no solo fue neutral en cuanto a ingresos sino estimuló el crecimiento económico y proporcionó una estructura justa para aquellos que carecen del poderío financiero que les permita manipular a su favor el código de impuestos.

El país necesita con urgencia una reforma fiscal. Pero primero necesita poner freno al gasto desbocado. Para lograrlo, los republicanos tienen que mantenerse unidos en la formulación de una sola demanda: reducción de gastos sin aumento de impuestos o dejaremos que la secuestración siga su curso.

A la mañana siguiente deben sentarse con el Presidente Obama para negociar una verdadera reforma fiscal. Una reforma como la recomendada por la comisión de Simpson-Bowles, nombrada por el propio presidente, donde se amplía la base impositiva y se reducen las tasas.

En cualquier momento y en cualquier lugar. Quizás en Ginebra donde el patinaje es una maravilla. Y también el tiro a los platillos como alardea el presidente.


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