Para salvar a EE.UU., Durham debe revelar toda la historia del Rusiagate y castigar a los culpables

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John H. Durham, fiscal del Distrito de Connecticut desde febrero de 2018. (Departamento de Justicia de Estados Unidos)

Comentario

Ha surgido un poco más de información de la investigación de John Durham sobre el Rusiagate (o “Spygate”, como se conoce por aquí).

Esto se debe a lo que probablemente es una filtración de uno o más de los objetivos a sus leales propagandistas en la CNN. (En el artículo, los reporteros hacen todo lo posible por degradar el escándalo que ellos mismos avivaron durante años como si se tratara de un trivial “truco sucio” que hacen todas las campañas. Hay una palabra muy conocida para eso adaptada al idioma inglés).

La importancia de estas filtraciones suele ser suavizar el impacto en el objetivo o los objetivos, pero también nos da otra señal de que Durham sigue activo.

En este caso, se han emitido más citaciones, incluyendo algunas a Perkins Coie. Este es el bufete de abogados del Comité Nacional Demócrata y de Hillary Clinton que hace solo unas semanas defenestró —por razones no especificadas, pero podemos adivinar— a uno de los principales abogados de Hillary, Mark Elias.

El otro abogado de la campaña de Clinton, Michael Sussman, ya fue acusado de mentir al FBI en el asunto de los supuestos vínculos de Trump con el banco ruso Alpha, vínculos que resultaron ser inexistentes.

Esta vez, sin embargo, nos enteramos de que el “Ejecutivo técnico-1” en la acusación de Sussman es Rodney Joffe, un experto en ciberseguridad bastante distinguido, pero no en este caso porque aparentemente estuvo involucrado en el mismo intento de engaño.

Evidentemente, el señor Joffe no era fan de Donald Trump. Hasta dónde llevó su enemistad lo veremos cuando esto se desarrolle.

O no lo veremos. Ahí está el problema. A muchos les preocupa que Durham solo lleve la investigación hasta cierto punto y que luego se desvanezca.

Una verdadera investigación del Rusiagate tiene una miríada de posibles objetivos con nombres muy famosos, algunos de los más famosos, de hecho. Sin embargo, el negativismo sobre los resultados está por todas partes en los círculos conservadores, con cierta justificación.

Cuando el entonces fiscal general William Barr entregó a Durham su informe, fue citado en The Hill (marzo de 2020) de la siguiente manera:

“El fiscal general William Barr dijo el lunes que no espera que una investigación penal del expresidente Obama o del exvicepresidente Joe Biden resulte de la investigación realizada por el fiscal federal John Durham.

“En base a la información que tengo hoy, no espero que el trabajo del señor Durham conduzca a una investigación criminal de ninguno de los dos hombres”, dijo Barr a los periodistas en el Departamento de Justicia. Nuestra preocupación por posible criminalidad se centra en otros”.

Suena bastante débil, ¿verdad?, que algunas personas, demasiado importantes como para ser investigadas, estén rodeadas de un cordón sanitario.

Sin embargo, ya se rumorea que Jake Sullivan está bajo sospecha en el asunto del Alpha Bank, como mínimo. Eso es notablemente cercano a Biden, ya que Sullivan es su asesor de Seguridad Nacional, uno de los puestos más poderosos del país (véase Henry Kissinger), como hemos visto, para nuestra desgracia nacional, durante el desastre de Afganistán.

¿Hasta qué punto está justificada esa sospecha de Sullivan? Paul Sperry escribió en Real Clear Investigations: “La acusación afirma que Sussmann, así como los expertos cibernéticos reclutados para la operación, ‘se coordinaron con representantes y agentes de la campaña de Clinton con respecto a los datos y materiales escritos que Sussmann entregó al FBI y a los medios de comunicación’. Uno de esos agentes de la campaña era Sullivan, según los correos electrónicos obtenidos por Durham”.

Se dice que el propio Biden recomendó la antigua y apenas utilizada Ley Logan —cómo podría saber de ella merece la pena averiguarlo, pero en fin…— en un intento de castigar al general Michael Flynn durante una reunión en el Despacho Oval a finales (5 de enero de 2017) de la Administración Obama, de la que tanto se ha hablado, pero que nunca se ha revelado del todo.

Esa reunión en sí, enviada por correo electrónico por Susan Rice semanas después de que tuviera lugar, aparentemente para proporcionar la negación presidencial de Obama, es aún más digna de ser explorada, ¿o está fuera de los límites de William Barr? No lo sabemos.

Sí, hay muchas razones para ser escépticos. El asunto de Sullivan apenas se ha discutido en los principales medios de comunicación, a pesar de que el posible malhechor es el asesor de Seguridad Nacional.

¿Se está enviando todo al agujero de la memoria? ¿Quién es exactamente el culpable de todo esto? Tampoco lo sabemos, aunque también tenemos conjeturas al respecto.

Pero es imperativo que al final lo sepamos. Durham debe llevar su investigación hasta el final, porque el Rusiagate marcó claramente el principio del fin de nuestra república democrática tal y como la conocíamos.

Todas las fechorías que han ocurrido desde los interminables cierres por COVID a Afganistán, a la frontera abierta, a la violencia en nuestras calles y a la implacable propaganda y extrañas detenciones que rodean el 6 de enero, por no mencionar las propias elecciones de 2020, apuntan a ello, se relacionan con ello, de una manera u otra.

Ninguno de estos acontecimientos habría sucedido como lo hizo sin esto. Algunos no habrían ocurrido en absoluto.

El Rusiagate fue un crimen cuya extensión e importancia empequeñeció el Watergate e hizo que ese supuesto escándalo, objeto de una película de Hollywood, fuera apenas tan importante, en comparación, como robar en un 7-11.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos sentamos pasivamente, tal vez añadiendo algunas críticas aquí y allá, y dejamos que Durham haga su trabajo, esperando lo mejor?

Yo digo que no. Todos tenemos un papel que desempeñar. Durham es un hombre como el resto de nosotros. Consciente o inconscientemente, si sabe que lo estamos observando, se va a comportar de manera diferente que si cree que estamos adormecidos.

Sea lo más activo posible a la hora de hablar y presionar sobre esto. No tiene que ser uno de los llamados “elitistas” para hacer esto o ser un presentador de la ABC. Solo tiene que ser un ciudadano preocupado, un hombre o mujer honestos. Siga hablando de ello a amigos y enemigos. Aparezca con una pancarta en un lugar inconveniente (para ellos). Póngalo en Internet, envíe mensajes de texto a todos los que conozca o se le ocurran. Discútalo en Signal y Telegraph. No deje que el Rusiagate sea olvidado. Póngalo en el zeitgeist y manténgalo ahí.

Los medios de comunicación convencionales no lo van a hacer. Ellos ocultarán todo lo que puedan. Nosotros tenemos que hacerlo. Depende de nosotros. Si no lo hacemos, no tendremos motivos para quejarnos cuando se pierda en el agujero de la memoria, y con esto nuestro país.

Dos cosas son de suma importancia para nosotros en el futuro si queremos salvar nuestra república, esta explicación completa de lo que sucedió durante el asunto Trump-Rusia, incluyendo que todos los responsables sean debidamente castigados, para que estemos lo más seguros posible de que no volverá a suceder, y la integridad genuina para nuestras elecciones descompuestas.

Trabaje en eso también. Muchos ya lo están haciendo. Las dos cosas van de la mano.

Roger Simon – La Gran Época (The Epoch Times en español)


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