Los medios liberales son los únicos responsables de que los americanos no confíen en ellos

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Si solo la figura de Trump acumula 156 noticias falsas sobre sus hombros, ¿cuántas historias falsas con respecto a DeSantis, leyes de estados republicanos —como la ley electoral en Georgia—, y activistas conservadores habrán salido desde la prensa liberal?

El pasado 30 de agosto, el Pew Research Center publicó un estudio sobre la confianza de los ciudadanos en los medios de comunicación, los datos remarcan una realidad cada vez más latente: los conservadores y republicanos no confían en la prensa, sobre todo en los medios liberales.

«En solo cinco años, el porcentaje de republicanos con al menos algo de confianza en las organizaciones de noticias nacionales se ha reducido a la mitad: ha caído del 70 % en 2016 al 35 % este año. Este descenso está alimentando el continuo aumento de la brecha partidista en la confianza en los medios de comunicación», se lee en la nota de prensa.

En contraparte, la mayoría de los demócratas sí confía en los medios, según el propio estudio: «Casi ocho de cada diez demócratas e independientes de tendencia demócrata (78 %) dicen que confían “mucho” o “algo” en la información que proviene de las organizaciones nacionales de noticias, 43 puntos porcentuales más que los republicanos y los de tendencia republicana (…) Esta brecha partidista es la mayor de todas las veces que se ha hecho esta pregunta desde 2016. Y crece aún más —hasta los 53 puntos— entre los demócratas liberales (83 %) y los republicanos conservadores (30 %)».

Estos números generaron diversos debates e interpretaciones en redes. Uno de los enfoques tomados por los periodistas y analistas liberales se reduce al take de Susan Glasser, escritora en The New Yorker y CNN: «Republicanos con algo de confianza en los medios nacionales: 70 % en 2016, 35% en 2021. Los años de Trump, en definitiva. Resulta que tener un presidente que tacha a la prensa de “enemigos del pueblo” marca la diferencia».

El enfoque que le da Glasser a los datos es, cuanto menos, errado. Y por mucho. No hay que ser un erudito para darse cuenta que en Estados Unidos la mayor parte de la mainstream media es mayormente afín a las ideas progresistas y que, durante cuatro años, la prensa operó sistemáticamente en contra de la presidencia de Trump olvidándose por completo de la ética periodística en muchas ocasiones.

No se trata tampoco de una guerra entre Trump y los medios. Desde 2016 hasta la actualidad se ha visto cómo los medios son capaces de generar campañas de desinformación por meros caprichos políticos. Por ejemplo, en las últimas semanas, el mainstream media liberal operó contra el gobernador de Florida, Ron DeSantis, con «reportajes de investigación» tergiversados y carentes de sustento. Primero fue AP con un artículo sobre los tratamientos de anticuerpos de monoclonales contra el COVID-19 y luego el Miami Herald sobre la forma en que Florida contabiliza las muertes por coronavirus.

Ambas historias fueron desacreditas y también muy criticadas en redes, pero eso no impidió que los adversarios políticos de DeSantis usaran información falsa para ir a por la yugular del gobernador y que los medios liberales de todo el país colaboraran con semejante ola de desinformación.

Durante estos últimos cinco años, asimismo, se vio como los medios tergiversaron citas o hicieron la vista gorda ante escándalos que no favorecían la línea del Partido Demócrata. Un caso emblemático fue la exclusiva revelada por el New York Post sobre la laptop abandonada de Hunter Biden y sus turbios negocios en el extranjero a tan solo días de las elecciones presidenciales.

El tabloide neoyorquino no solo reveló una gran exclusiva sobre el hijo de un candidato presidencial y sobre una aparente mentira del propio Joe Biden, sino que fue censurado en Twitter y Facebook por dicho artículo, en un ataque sin precedentes a la libertad de expresión en Estados Unidos. ¿Cómo reaccionaron los medios liberales? Ignoraron. Ni siquiera pudieron mostrar un poco de solidaridad para con el Post.

Los medios liberales son los únicos responsables de la desconfianza hacia la prensa del público conservador
The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, fue uno de los periódicos más críticas de la administración Trump durante su mandato. (Flickr).

Los medios liberales se ganaron a pulso la desconfianza del público conservador

Justamente, el New York Post publicó el lunes 06 de septiembre un mordaz editorial donde presenta algunas de las mentiras publicadas por los medios liberales.

«La semana pasada, USA Today decidió comprobar la realidad. Al presentarle una foto del presidente Biden comprobando su reloj durante el regreso de los miembros del servicio americano muertos a territorio de Estados Unidos, el reportero Daniel Funke dijo que eso era “incorrecto”. No creas a tus ojos mentirosos», reza irónicamente el editorial. «No, insistió Funke, Biden sólo consultó su reloj una vez terminada la ceremonia. No importa que ya se citara a familiares de militares diciendo que el presidente lo hizo varias veces».

Por muy paradójico que parezca, la industria del fact-check, lejos de comprobar hechos, los altera con descaro. Los familiares de los soldados asesinados en Afganistán se sintieron heridos por el trato de Biden, quien habló mucho de su fallecido hijo Beau durante las reuniones privadas y miró repetidas veces su reloj durante la ceremonía, hasta el Washington Post sacó un buen artículo al respecto, ¿qué hacen los fact-checkers de USA Today diciendo lo contrario?

Para colmo, USA Today ni siquiera pudo admitir que su fact-check es completamente falso. Simplemente añadió una «aclaración» y dijo que le «faltaba contexto» a la afirmación de que Biden miró su reloj durante la ceremonia de los héroes fallecidos en Kabul.

Corrección a medias de USA Today luego de que recibiera infinitas críticas en redes sociales. (Captura de pantalla).

El Post también denuncia algo importante en su editorial: una buena parte del mainstream media ignoró las reuniones de Biden con los familiares y el caso particular de ojear el reloj impacientemente. «Suena a disco rayado por estos días, pero, ¿se imaginan lo que habría pasado si el presidente Trump hubiera consultado su reloj en un funeral militar? La redacción del Times habría pasado a Defcon 1. A Paul Krugman le habría dado un ataque», volvió a ironizar el tabloide en su artículo.

Los ejemplos sobran, ¿recuerdan cómo los medios liberales destrozaron a Trump durante todo un mes por la supuesta represión en el Parque Lafayette para que el expresidente se sacara una foto con biblia en mano? Pues, resultó ser mentira, Trump no tuvo nada que ver con eso.

Otro caso importante fue la cobertura mediática con respecto a los orígenes del COVID-19 en el laboratorio de Wuhan. Literalmente pasó de ser una teoría de conspiración a una teoría plausible. Mientras tanto, todo aquel que profesara sus inquietudes por la posibilidad de que el coronavirus surgiera en un laboratorio era acusado de conspiranoico y racista. Sí, racista.

Más ejemplos de desinformación y sesgo partidista en la prensa

¿Quiere más ejemplos? La periodista Sharyl Attkisson lleva una lista con los informes falsos de los medios con relación al expresidente Trump. La cuenta va en 156 noticias falsas. La lista no se actualiza desde junio.

Dimensionemos un momento, si solo la figura de Trump acumula 156 noticias falsas sobre sus hombros, ¿cuántas historias falsas con respecto a DeSantis, leyes de estados republicanos —como la ley electoral en Georgia—, activistas conservadores o medios de derecha habrán salido desde el aparato comunicacional liberal americano?

Responsabilizar a Donald Trump de que los conservadores no confíen en los medios no solo es miope, sino también una ofensa para los ciudadanos que responsable y valientemente decidieron posicionarse en contra del periodismo partidista.

Si los medios liberales-tradicionales no reflexionan y continúan por este camino antiético, lo más probable es que la desconfianza aumente, allí es donde los medios alternativos —que hoy por hoy están más cerca del conservadurismo— tendrán que demostrar ser lo suficientemente serios y responsables para capitalizar el descontento de los americanos. El periodismo no puede morir en manos del mercantilismo comunicacional.

Emmanuel Alejandro Rondón – El American


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