El discurso de postración de Biden ante la ONU

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Biden reforzó sus credenciales con los socialistas internacionales que, con sus disfraces verdes, se esfuerzan por hacer el mundo más marxista-hospitalario.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), una institución establecida con el propósito idílico de rediseñar el mundo, se ha desviado completamente de la declaración de su carta fundacional y de su propósito rector. Hoy es un corralito para los regímenes malvados más notorios del mundo, donde sus ejércitos de inteligencia construyen redes para destruir las sociedades libres. Desde la aprobación de la resolución sobre la Guerra de Corea en 1950 (Resolución 83 del Consejo de Seguridad de la ONU), la verdad es que todo ha ido moralmente cuesta abajo para este cuerpo burocrático y globalista. El presidente Biden fue una figura muy adecuada para el lugar de celebración. El discurso de treinta y tres minutos que pronunció el martes 21 de septiembre fue un acto de postración.

Aunque estos encuentros no tienen ninguna utilidad para los gobiernos republicanos soberanos, dada la falsa equivalencia que se hace con las dictaduras y la transferencia ilegítima de poder de los gobiernos elegidos a unas élites no elegidas, a los líderes mundiales les gusta mostrar sus sistemas de creencias al más puro estilo de campaña. Biden señaló la pandemia del Covid-19 y el cambio climático como los mayores retos del mundo. “Como comunidad global”, dijo, “nos enfrentamos a crisis urgentes e inminentes en las que se esconden enormes oportunidades si –si– podemos reunir la voluntad y la resolución para aprovecharlas”.

La resolución declarada por el 46º presidente (Biden) de “derrotar al Covid-19” mediante la cooperación multilateral, que incluye al autor material de la pandemia, muestra una sumisión hacia China comunista, que es vergonzosa. Además, es una traición (otra más) a los americanos que han muerto a causa del virus. Para colmo de males, Biden aseguró a los demás jefes de Estado del mundo, que Estados Unidos está “reincorporado” a la Organización Mundial de la Salud. Imagínense. La misma institución que encubrió los crímenes de Pekín y sirvió, a la vez, de cómplice y de apologista de este asesino exportado, fabricado por China, de más de 4.5 millones de personas.

Karl Marx y Friedrich Engels se esforzaron por presentar su versión del socialismo como “científica”. La izquierda de hoy también está marcando estratégicamente su cosmovisión como emanada de la ciencia. “Necesitamos un acto colectivo de ciencia y voluntad política”, insistió el presidente americano. Sin embargo, la ciencia no está asentada en muchas cosas. La verdad es que nunca puede estar “asentada”, ya que eso sería anticientífico. La propia naturaleza de lo que constituye el método científico insta a un continuo cuestionamiento de los paradigmas existentes. Al modo kuhniano, los nuevos establecidos plantean desafíos y, si triunfan, los sustituyen y predominan. La reivindicación política de la comprensión científica monopolística de los hechos es una pseudociencia. Uno ve esto en la reacción a la pandemia del Covid-19 y al cambio climático (formalmente a/k/a calentamiento global) también, la otra gran “crisis” existencial, según Biden.

“¿Vamos a hacer frente a la amenaza del clima desafiante… que todos sentimos que ya está asolando todas las partes de nuestro mundo con un clima extremo?”, denunció el Ejecutivo americano. De nuevo asistimos a la misma interpretación fanática de las opiniones seleccionadas sobre el “cambio climático”. El clima, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre ha estado, de una u otra forma, en un cambio lento pero constante. La pregunta apremiante (que no tiene una respuesta monolítica simple) es hasta qué punto la actividad humana es responsable de estos cambios climáticos. Otra pregunta obligada es si la ligera variación de la temperatura termostática merece la pena por los costes globales que supone para las familias americanas y el nivel de vida de la nación.

Biden no dejó pasar la oportunidad de comercializar el socialismo verde, o como les gusta llamarlo a los congresistas socialistas, el Nuevo Tratado Verde (Green New Deal). Teniendo en cuenta que el proyecto de ley de infraestructuras de los demócratas está lleno de proyectos de ecosocialismo, el inquilino de la Casa Blanca parece haber matado dos pájaros de un tiro con este discurso. Biden reforzó sus credenciales con los socialistas internacionales que, con sus disfraces verdes, se esfuerzan por hacer el mundo más marxista-hospitalario. El otro punto fue promocionar esta estrategia de asfixia de la libre empresa con el electorado americano, cubriéndola con el sello de aprobación de la comunidad global.

Con un Caballo de Troya que contiene un marco multilateralista controlado por la izquierda, Biden dijo a los miembros de la ONU, que hoy están controlados por socialistas, políticos globalistas y actores no políticos influyentes, que “estamos abriendo una nueva era de diplomacia implacable”. “La diplomacia implacable” es peligrosa en estos tiempos con el Partido Demócrata de Obama en el control del Gobierno federal. La aplicación de una visión de la política mundial basada en la distensión fue precisamente lo que armó el comunismo en los años ’60 y ’70. “Para cumplir con nuestro propio pueblo”, argumentó Biden, “también debemos comprometernos profundamente con el resto del mundo”.

Oír al presidente de Estados Unidos vincular la prosperidad y la libertad de Estados Unidos con una política de compromiso con una comunidad global en la que la hegemonía china y los principios ideológicos islámicos y socialistas la impregnan, es de lo más alarmante.

En el discurso de Biden hubo palabras de preocupación por la persecución de las minorías religiosas, pero no se mencionó la atroz persecución de los cristianos, la principal religión del mundo. Fiel a los prismas del marxismo cultural, abundó el lenguaje de la política de identidad y sus intereses especiales. El impulso subyacente de la agenda Biden-Harris viola todos los preceptos de la igualdad ante la ley. La ideología y el radicalismo woke son la pieza central de esta administración. Biden, a pesar de sus habituales deslices, se empeñó en subrayar claramente su antiamericanismo en la ONU.

Julio M. Shiling – El American


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