El idiota de la semana: G. Daniela Galarza

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G. Daniela Galarza, columnista del Washington Post

La columnista del Washington Post afirma que utilizar la palabra «exótico» puede convertirte en racista y xenófobo.

Así como Richard Branson y Jeff Bezos parecen estar inmersos en una especie de nueva carrera espacial, aquí en la Tierra algunos se esfuerzan por ver quién es el más woke de todos los wokes. En esta ocasión, el premio de El Idiota de la Semana de El American se lo lleva la escritora de la sección de comida del Washington Post (propiedad de Bezos, por cierto), G. Daniela Galarza, quien ha sacado varias cabezas de diferencia en su carrera por tratar de soltar la mayor majadería woke.

Según ella, si usas la palabra «exótica» para describir la comida, eso te convierte en —adivinen… sí— racista y xenófobo.

En el artículo de G. Daniela Galarza no podía faltar la marxistada de convertir esto en un problema socioeconómico y de clase. (Twitter)

En el artículo de G. Daniela Galarza no podía faltar la marxistada de convertir esto en un problema socioeconómico y de clase. (Twitter)

Según su artículo, todo empezó cuando en una de las recetas de ramen que compartió en su newsletter, algunos lectores se quejaron de que era «comida exótica foránea» o que sus «ingredientes exóticos» eran difíciles de conseguir.

Como todos sabemos, si algunos de tus lectores no consideran tu receta de ramen una maravilla culinaria de lo más apetecible, y por la que vale la pena mover cielo y tierra para conseguir sus ingredientes, probablemente es porque son unos racistas. Punto.

Fíjense que ni siquiera le han dicho que se meta su receta de fideos nipones por el punto de la bandera japonesa, sino que le han hecho saber que la consideran un tanto exótica, y con ingredientes difíciles de conseguir. Indudablemente, lo de estos lectores debe ser cosa del racismo y producto de sus mentes cerradas de etnocentristas blancos privilegiados que solo valoran hamburguesas y pizzas.

Si hay que escribir un muy extenso artículo lleno de referencias bibliográficas para demostrarlo, pues se escribe. G. Daniela Galarza sazona el artículo de opinión para The Washington Post con citas a profesores universitarios, así como con referencias a sesudos libros y ensayos que analizan la comida desde los puntos de vista histórico, lingüístico y sociológico.

Por supuesto, viniendo de intelectuales universitarios, su conclusión no podía ser otra que el término «exótico» es xenófobo y racista, ya que está vinculado al colonialismo y a la esclavitud.

En el artículo no podía faltar la marxistada de convertir esto en un problema socioeconómico y de clase, y se dice que «al exotizar un alimento aunque sea realmente accesible, le estás asignando un valor inferior al del statu quo».

No sé en qué mundo viven, pero generalmente si de un producto o plato se dice que es exótico, lejos de tener un valor inferior, más bien tienes que ir preparando la cartera.

G. Daniela Galarza y The Washington Post se esfuerzan por ser muy woke

Al final, según la autora, «lo que es ‘exótico’ para ti no es ‘exótico’ para mi vecino, puede que no sea ‘exótico’ para mi madre, probablemente no sería ‘exótico’ para mi mejor amigo». ¡Vaya descubrimiento! Esta mente está desperdiciada escribiendo para una simple sección culinaria.

Por definición, algo exótico es algo que procede de un país o cultura lejanos, y muy distinto a lo que se toma como referencia, que suele ser el propio país o cultura. Lo gracioso del caso es que tradicionalmente no se emplea exótico en un sentido despectivo, sino al contrario, elogioso.

Si un amigo quiere que pruebes cucarachas rebozadas o sesos de mono en escabeche te dirá que le resultó una comida muy exótica. Si le pareció una experiencia nauseabunda, «exótica» no será precisamente la palabra que utilice, salvo que sea muy sarcástico o un mal amigo.

Incluso cuando alguien habla de una comida que no ha probado y dice que la considera exótica, va implícita cierta intención de querer comerla y que, aunque le resulte extraña, le atrae. Pasa también cuando se emplea para describir una belleza exótica. Y suponemos que también vale para las bailarinas exóticas.

Por cierto, es extraño que en el artículo la autora se limite a la comida y no haga referencia al uso de la palabra para las bailarinas exóticas. Es de suponer que desconoce el uso del término para las strippers, porque de hacerlo no se entendería que no hubiera sumado al racismo, la xenofobia, el colonialismo, la esclavitud y el clasismo también el machismo, la misoginia y la masculinidad tóxica heteropatriarcal.

Sin ese detalle no es lo suficientemente woke, sigue intentándolo.


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