Kamala Harris en Guatemala: un recibimiento amargo y pocos resultados

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A su llegada a Guatemala, la vicepresidente de EEUU, Kamala Harris, fue recibida con protestas contra sus políticas. (EFE)

La vicepresidente de EEUU asegura que atacará la migración irregular con un grupo anticorrupción, pero sigue sin pronunciarse sobre las medidas de Biden que lo llevaron a ser bautizado como el “presidente migrante”.

Kamala Harris finalmente viajó a Centroamérica luego de más de dos meses desde que Joe Biden la dejó al frente de la crisis fronteriza. Con un viaje de tan solo dos días, la vicepresidente busca abordar las causas y canalizar soluciones que están llevando a miles de personas a cruzar irregularmente hasta EE. UU., reuniéndose con los mandatarios de Guatemala y México.

Las cifras de abril llegaron a los 178.622 indocumentados interceptados por agentes fronterizos, un aumento sin precedentes que está obligando a la administración Biden a buscar revertir las consecuencias, luego de haber flexibilizado órdenes ejecutivas de Donald Trump.

Previo a este viaje, la vicepresidente responsabilizó a los «incidentes climáticos extremos» por el empeoramiento de la migración ilegal desde Centroamérica. No hubo mención a las decisiones del actual presidente de EE. UU. que generaron preocupación, por una agenda que los migrantes tomaron como una invitación para cruzar la frontera. En una reunión virtual con miembros hispanos del Partido Demócrata, dijo que esos incidentes habían perjudicado la economía de la región y por ende la gente sale de estos países.

Sin embargo, Harris no recibió apoyo total en su llegada a Guatemala. Hubo protestas en las afueras del aeropuerto por ciudadanos que calificaron su visita como «injerencia y chantaje a cambio de ayuda”.

“Estamos en contra de su agenda de imponer la ideología LGBTQ, pro-aborto”, dijo al portal El Faro una de las personas que se encontraba en la protesta.

En una rueda de prensa conjunta, Harris y el presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei, anunciaron que se ocuparán de la corrupción como una de las causas de la migración en Guatemala. Según palabras de Giammatei, el porcentaje de migrantes que salen por temas de inseguridad es menor.

Bajo esta premisa la vicepresidente de EE. UU. asegura que va a contrarrestar la migración desde el país centroamericano con una Fuerza de Tarea Anticorrupción regional para «apoyar a los fiscales guatemaltecos» y seguir «la ruta del dinero», pues «la corrupción no conoce fronteras». Los investigadores estarán bajo el mando del Departamento de Estado.

No obstante, el tiempo dirá la efectividad de la iniciativa. Previo al encuentro, el presidente guatemalteco había asegurado que él y Harris «no están en el mismo lado de la moneda».

«Estamos de acuerdo en los ‘qué’ pero ahora faltan los ‘cómo’», dijo en una entrevista a CBS. Además pidió claridad al gobierno estadounidense en su mensaje porque este cambió desde que Biden llegó a la Casa Blanca.

«El mensaje cambió a ‘vamos a reunir a las familias, vamos a reunir a los niños’. Al día siguiente, los coyotes estaban aquí organizando grupos de niños para llevarlos a Estados Unidos», agregó.

Las contradicciones que menciona el mandatario no están exentas de la realidad. Joe Biden había enviado precisamente ese mensaje cuando era candidato. Pero luego de asumir y ante la oleada de inmigrantes, comenzó a insistir a los indocumentados que no viajaran a EE. UU.

Siguiente parada: México

El manejo que la crisis fronteriza desde la administración demócrata ha afectado la popularidad de Harris entre los electores independientes. Solo 32 % tiene una imagen favorable de ella, según YouGov, plataforma de datos analíticos.

Hasta los momentos, tampoco ha visitado la frontera y se desconoce si lo hará en su visita a México. Lo cierto está en que el presidente Manuel López Obrador tiene una opinión ya formada de la administración Biden. En un encuentro virtual le había informado al mandatario de EE. UU. que en ese país lo apodan como el «presidente migrante», por sus políticas y esto genera «muchas expectativas».

La situación con ese país es especialmente tensa. Biden aseguraba a finales de marzo que México se negaba a recibir migrantes deportados desde EE. UU. «Todos deberían poder ser devueltos», aseveró.

En ese momento, el presidente demócrata desestimó la cifra de la oleada migratoria como ya lo ha hecho en otras ocasiones y la atribuyó a un incremento estacional que ocurre «todos los años».

El gobierno estadounidense parece haber dado el primer paso para canalizar algún tipo solución respecto a la gran cantidad de migrantes que están cruzando a ese país y que tiene colapsados los albergues transitorios, sobre todo con menores de edad. Sin embargo, surgen dudas de qué medidas serán tomadas desde el propio gobierno, que parece ver los problemas en otras naciones y no en sus propias decisiones.

Oriana Rivas – PanamPost


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