El imprudente compromiso del G7 con el aumento de la deuda

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Líderes del G7 posan para una foto en el Hotel Carbis Bay, en Carbis Bay, St. Ives, Cornwall, Inglaterra, el 11 de junio de 2021. (Leon Neal-WPA Pool/Getty Images)

Opinión

Históricamente, las reuniones de las mayores economías del mundo han sido fundamentales para llegar a acuerdos que incentiven la prosperidad y el crecimiento. Esta vez no ha sido así.

Los acuerdos de la reunión del G7 fueron escasos en cuanto a decisiones económicas detalladas, excepto en la más perjudicial de todas: un impuesto de sociedades mínimo a nivel mundial. ¿Por qué no un acuerdo sobre un gasto público global máximo?

Imponer un impuesto de sociedades global mínimo del 15 por ciento, sin abordar todos los demás impuestos que los gobiernos imponen antes de que una empresa alcance un beneficio neto, es peligroso. ¿Por qué habría un impuesto de sociedades mínimo mundial cuando las subvenciones son diferentes, algunos países tienen tipos de impuesto sobre el valor añadido (IVA) diferentes o no los tienen, y la interminable lista de impuestos indirectos es completamente diferente?

El G7 declaró que “se comprometen a alcanzar una solución equitativa en la asignación de derechos impositivos, concediendo a los países de mercado derechos de imposición sobre, al menos, el 20 por ciento de los beneficios que superen un margen del 10 por ciento para las empresas multinacionales más grandes y rentables”.

Toda esta frase no tiene sentido, abre la puerta a la doble imposición y penaliza a las empresas más competitivas y rentables sin tener ningún impacto en los conglomerados de dinosaurios deficitarios o de márgenes bajos que la mayoría de los gobiernos denominan “sectores estratégicos”.

El impuesto de sociedades mínimo global es también una medida proteccionista y extractiva. Las naciones ricas verán poco impacto negativo de esto, ya que tienen sus gobiernos rodeados de grandes multinacionales que no sufrirán un golpe fiscal masivo porque los subsidios e incentivos fiscales antes de la renta neta son grandes y generosos.

Según el “Pago de impuestos 2020” de PwC (pdf), los impuestos a las ganancias en América del Norte ya ascienden al 18,6 por ciento, pero, lo que es más preocupante, las contribuciones fiscales totales, incluidos los impuestos laborales y otros, alcanzan el 40 por ciento de los ingresos. En la Unión Europea y en la Asociación Europea de Libre Comercio, los impuestos a las ganancias pueden ser algo menores que en América del Norte, pero la tributación total se mantiene por encima del 39 por ciento de los ingresos.

Algunos políticos mencionan a las Big Tech como las empresas que no pagan impuestos y utilizan un tipo impositivo efectivo en el que juntan las empresas con pérdidas con las que obtienen beneficios, alcanzando así un tipo impositivo efectivo artificialmente bajo. Los gigantes tecnológicos no pagarán más con este nuevo acuerdo, porque su base imponible no cambiará, su cuenta de resultados seguirá siendo similar y, lo que es más importante, tampoco cambiarán las deducciones sobre las grandes inversiones, que son la causa de sus aparentemente pequeños pagos de impuestos.

La tasa impositiva mínima global no perjudicará a los miembros del G7 ni a las Big Tech, pero devastará a los países pequeños y dinámicos que necesitan atraer capital e inversión y que no pueden permitirse tener la tasa impositiva de las naciones líderes mundiales. La pérdida de capital e inversión paralizará su economía y desaparecerá el supuesto “beneficio de los ingresos fiscales” que presuntamente vendría del aumento de los impuestos corporativos.

No solo las naciones pequeñas y dinámicas se verían perjudicadas con esta medida, sino también las corporaciones pequeñas y dinámicas, porque tendrán menos reservas para invertir y crecer en el futuro en el momento en que generen ganancias, lo que las debilitará. Por lo tanto, es una medida proteccionista y extractiva que beneficia a las naciones ya ricas y a las grandes multinacionales, pero perjudica de manera desproporcionada a las naciones y empresas pequeñas y en ascenso.

La propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha advertido que los impuestos corporativos son los más dañinos para el crecimiento. Un estudio (pdf) de la OCDE advierte que las tasas impositivas corporativas tienen un efecto negativo en “las empresas que están en proceso de ponerse al día con el desempeño productivo de las empresas de mejores prácticas” y concluye que “la reducción de las tasas impositivas corporativas legales puede conducir a ganancias de productividad particularmente grandes en empresas dinámicas y rentables, es decir, aquellas que pueden hacer la mayor contribución al crecimiento del PIB”.

El aumento de los impuestos corporativos no reducirá la carga de la deuda. La realidad de los presupuestos y la situación financiera de la mayoría de los países del G7 y del G20 muestra que los déficits continúan siendo elevados, incluso en períodos de crecimiento y después de períodos de aumentos de impuestos, porque el gasto público supera todos los aumentos de ingresos.

El aumento de los impuestos corporativos no mejorará el crecimiento, el empleo o la productividad como lo muestran los ejemplos antes mencionados, ni generará una mejora sustancial de los ingresos fiscales que, en cualquier caso, no arañará siquiera la superficie de la deuda existente.

Lo preocupante de los compromisos del G7 es que por un lado llegan a un acuerdo unánime para aumentar los impuestos a los sectores productivos, mientras que por otro lado llegan a otro acuerdo unánime para seguir gastando, incluso, en la recuperación con el propósito de “crear empleos de alta calidad”. ¿Cómo van a crear empleos de alta calidad si gravan a los sectores de alta productividad y subsidian a los de baja productividad? El G7 no parece abordar los crecientes desequilibrios estructurales, el peso excesivo del gasto público o la falta de éxito de los grandes programas de ayuda social.

Una idea extremadamente peligrosa se está generalizando: que todo el gasto público es bueno y cuando los planes de estímulo no se cumplen, todo lo que se tiene que hacer es gastar más. Todo lo que escuchamos es: (1) no fue suficiente; (2) esta vez será diferente; (3) hay que volver a intentarlo.

El G7 concluye: “Una vez que la recuperación esté firmemente establecida, debemos garantizar la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas para que podamos responder a crisis futuras y abordar los desafíos estructurales a más largo plazo, incluyendo los beneficios para las generaciones futuras”.

Palabras bonitas. ¿Cuál es el problema? Que eso nunca sucede. Como vimos en el período de crecimiento anterior, los gobiernos gastan más cuando la economía crece y aún más cuando está en recesión. El camino hacia la sostenibilidad de las finanzas públicas no puede venir de aumentar constantemente los impuestos directos e indirectos en los sectores productivos y aumentar siempre el gasto obligatorio.

Es triste, pero los compromisos del G7 parecen la receta para una crisis muy profunda en un futuro no muy lejano.

Daniel Lacalle – La Gran Época (The Epoch Times en español)


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