Biden y Bruselas, al rescate de los ayatolás iraníes y de los terroristas huzis

Surgen nuevas pruebas –entre ellas, un reciente informe de la ONU– de que el régimen iraní está entregando armamento sofisticado a la milicia huzi del Yemen, designada organización terrorista por la anterior Administración norteamericana.

¿Dónde están en este asunto la Unión Europea y la Administración Biden? Washington ha suspendido algunas de las sanciones por terrorismo impuestas por la Administración precedente a los huzis, y está revisando el expediente relacionado con la milicia proiraní para, posiblemente, sacarla de la lista de organizaciones terrorostas. El secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, dijo que le produjo “honda preocupación” la designación de los huzis como organización terrorista. La UE y la Administración Biden parecen igualmente muy afanadas en buscar formas de volver al acuerdo nuclear con Irán –que Teherán jamás firmó y que en última instancia le permite poseer armamento nuclear– y levantar las sanciones contra el régimen teocrático.

El informe anual de la ONU reveló asimismo que los huzis están recibiendo del régimen iraní no sólo armas sino adiestramiento:

Un creciente cuerpo de evidencia sugiere que individuos o entidades de la República Islámica de Irán suministran a los huzis cantidades significativas de armas y componentes. El Panel está asimismo investigando a un grupo de individuos que en 2015 viajaron en ‘vuelos de la misericordia’ a Omán y de ahí hacia la República Islámica de Irán. Posteriormente uno [de ellos] declaró públicamente que había recibido entrenamiento naval en Bandar Abás para facilitar el contrabando marítimo para los huzis.

Según el documento onusiano, el régimen de Teherán incluso ha entregado armas en puertos yemeníes:

El Panel documentó varias rutas de suministro a los huzis en las que están implicadas embarcaciones tradicionales (‘dhows’) del Mar Arábigo. En aguas omaníes y somalíes, se transfieren armas y equipos a pequeños botes; el cargamento se descarga en puertos de la costa meridional del Yemen y se contrabandean por tierra hacia las zonas huzis o, en algunos casos, llegan directamente a las mismas a través del [estrecho de] Bab el Mandeb. La falta de capacidades de la Guardia Costera yemení y la corrupción imperante en las áreas controladas por el Gobierno del Yemen son factores que contribuyen al florecimiento del contrabando, pese a la realización de una serie de grandes incautaciones.

Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) –designados organización terrorista extranjera por el Departamento de Estado norteamericano– son un apoyo y patrono clave de los huzis, y han ido incrementando sus envíos de armas al Yemen. Armas que incluyen misiles antitanque guiados, rifles de francotirador y lanzaderas de cohetes.

El grupo terrorista huzi está utilizando las armas del régimen iraní en beneficio de los intereses de los mulás. Arabia Saudí, rival de Irán, es el objetivo principal. En una operación llevada a cabo en 2017, la milicia huzi atacó el reino con cuatro misiles balísticos. Los rebeldes huzis también han reivindicado los ataques con drones contra dos plantas de Aramco en el centro de la industria petrolera saudí. Los objetivos fueron la mayor instalación de procesamiento del mundo, en Abqaiq, cerca de Damam, en la Provincia Oriental, y el segundo mayor campo petrolífero del país, en Jurais. Los huzis pueden conceder una ventaja geopolítica crítica a Irán porque están en disposición de atacar con misiles balísticos cualquier país del Golfo.

Tras el ataque contra las instalaciones petroleras saudíes, el más destacado diario estatal iraní, Kayhan, cuyo director es un estrecho asesor del Líder Supremo de la República Islámica, Alí Jamenei, publicó un titular de portada que decía: “Los huzis han lanzado un misil contra Riad. Dubái es el siguiente [objetivo]”.

Ya en 2019, los huzis lanzaron un misil contra una instalación nuclear de Abu Dabi, probablemente con la intención de causar una matanza de civiles. Afortunadamente, el misil no alcanzó su objetivo.

Los propios líderes iraníes han admitido que están ayudando a los huzis. El influyente clérigo Mehdi Tayeb dijo que el ataque frustrado contra la instalación nuclear emiratí había sido llevado a cabo en fases por los CGRI con el apoyo de la Armada iraní. Además, el vicecomandante de la Fuerza Quds de los CGRI, Esmail Ghani, declaró: «Quienes están defendiendo el Yemen han sido adiestrados bajo el pabellón de la República Islámica”.

Los mulás quieren controlar el Yemen como de hecho controlan de facto el Líbano (mediante su satélite Hezbolá), Siria e Irak, con la Franja de Gaza controlada por Hamás al acecho.

Esta misión revolucionaria del régimen está consignada en su Constitución, cuyo preámbulo dice que procura “las bases necesarias para asegurar la continuidad de la revolución en casa y en el exterior”. Dice más:

El Ejército de la República Islámica de Irán y los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (…) serán responsables no sólo de custodiar y preservar las fronteras del país, sino de cumplir la misión ideológica de librar la yihad en nombre de Dios, es decir, extender la soberanía de la ley de Dios por todo el mundo.

Apaciguando a los mulás que gobiernan Irán, la UE y la Administración Biden no hacen sino reforzar al régimen iraní y a sus terroristas huzis.

Mayid Rafizadeh – Revista El Medio