Todas las pruebas que demuestran cómo el Partido Demócrata cometió el mayor fraude electoral en la historia de los Estados Unidos

Recopilamos toda la evidencia presentada por el equipo del Presidente Trump en forma legal, analítica y testimonial que muestra cómo Joe Biden y el Partido Demócrata orquestaron el mayor fraude electoral en la historia del país.

En los últimos días, luego que el Congreso nombrara a Joe Biden como presidente electo el pasado 6 de enero, los medios salieron en bloque a solidifcar el relato de que las denuncias que el presidente Donald Trump presentó ante la Justicia sobre el fraude electoral estaban infundadas.

El voto por correo, la principal arma de los demócratas

Usando de justificativo la pandemia, los gobernantes demócratas impusieron a lo largo y ancho del país el llamado voto por correo universal. Esta metodología consiste en enviar, desde el Correo nacional, sobres con boletas a los domicilios de todas las personas habilitadas para votar en la elección, desde principios del mes de octubre hasta el mismo 3 de noviembre

Este método, a pesar de las mentiras que han dicho los medios demócratas, es la primera vez en la historia del país que se implementa. Ya que el único voto por correo que existía previamente era el llamado «voto en ausencia», donde el votante debe registrarse previamente, dejar algún tipo de identificación para luego recibir la boleta en su casa.

El mayor problema del voto por correo se radica en su poca seguridad. En los Estados Unidos no es necesario presentar una identificación (DNI) a la hora de ir a votar como sucede en otros países, incluso en países «tercermundistas» como Argentina o Brasil, sino que basta con registrarse en el sitio web de cada Estado.

Las personas que se registraban online para votar aplicaban inmediatamente para que se les fuera enviado un voto por correo.

De esta manera, según los cientos de testigos que se presentaron bajo juramento frente a tribunales electorales e investigaciones parlamentarias, el voto por correo fue la clave para torcer el rumbo en esta elección en favor de Joe Biden.

Por lo menos 4 millones de votos en seis Estados distintos fueron completados de manera fraudulenta, sea porque las firmas no coincidían con los registros, los votos contabilizados pertenecían a personas ya fallecidas o que se habíam mudado de Estado.

Solamente en las demandas presentadas por el equipo legal oficial de Trump, hubo casi 300 fiscales de mesa y observadores republicanos que testificaron que vieron fraude electoral. Tomando de las declaraciones bajo juramento de personas como Braden Giacobazzi, Jacqueline Zaplitny, y Alexandra Seely, las autoridades electorales de Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Georgia tenían un sesgo anti-Trump, que se notó en toda la jornada del recuento de votos.

Las siguientes son las declaraciones de estas personas:

«Observé cajas con votos siendo transportadas sin estar precintadas correctamente».

«Observé que cargaron cajas a un camión de Penke Truck Rentals con patente de Indiana» -estando en Michigan; los votos solo pueden ser manipulados por empleados del Correo nacional-. «Me dijeron que las cajas tenían boletas en blanco»

«En numerosas ocasiones, no se me permitía acercarme mientras los observadores demócratas se movían libremente por toda la mesa».

«Voluntarios demócratas me agredieron verbalmente».

«Cada vez que me acercaba a la mesa, los observadores demócratas me tapaban la visión».

«Quise hablar con otros colegas republicanos para evitar que nos tapen la vista, pero nos dijeron que estaba prohibido conversar entre nosotros».

«Si se le bajaba un poco el barbijo a un observador republicano, las autoridades nos expulsaban del edificio, pero si eso le pasaba a un observador demócrata, se le permitía quedarse».

«Error y fraude se convierten en un problema a medida que el voto por correo aumenta»: Editorial del pasquín demócrata The New York Times del año 2012 que ya alertaba de los peligros del voto por correo.

Hoy, 8 años después, este mismo medio de comunicación asegura que la elección de noviembre fue la más segura de la historia.

A la medianoche del 3 de noviembre y con más del 90% de los votos escrutados, Trump disfrutaba de una cómoda ventaja y los medios de comunicación estaban a punto de declararlo como ganador.

En Pensilvania, su ventaja era de 555.189 votos; en Georgia, de 356.945; en Michigan, de 293.052 y en Wisconsin, de 112.022 votos. Todas esas ventajas desaparecieron cuando a la madrugada comenzaron a llegar los votos por correo que el servicio postal todavía no había llegado a recolectar antes del día 3.

Durante los últimos dos meses, se han registrado en estos 6 Estados todo tipo de denuncias; desde personas ya fallecidas que han votado en esta elección hasta acusaciones de votos emitidos bajo presión de punteros políticos o por soborno.

Arizona

El Estado ubicado en la región oeste del país fue históricamente uno de los bastiones republicanos más férreos y tomó por sorpresa a todos cuando las autoridades confirmaron que Joe Biden lo había ganado por 10.500 votos.

Entre los informes electorales que más sobresalieron se encuentra el del matemático Bobby Piton, que luego de observar la evidencia calificó a la elección presidencial del 2020 como «el mayor fraude en la historia del país».

Bajo el modelo analítico de Piton, presentado bajo juramento en el Senado estatal y que usa como evidencia la cantidad de votantes probables y patrones y estadísticas de votaciones en los distintos condados, estimó que más de 300.000 personas votaron de manera fraudulenta en Arizona.

Es fácil concluir que la gran mayoría de estos votos habrían sido para Biden, por lo cual esa ventaja de 10.500 votos no es cierta, y los verdaderos números se parecerían más a los de la elección de 2016.

A pesar de los testigos, los modelos estadísticos y la voluntad de la Legislatura para revisar los resultados, la Secretaria de Estado de Arizona, la republicana anti-Trump Katie Hobbs, rechazó todos los pedidos para auditar los resultados donde se compararían las firmas y se podría descubrir estos votos fraudulentos.

A pesar de la negativa de Hobbs, un juez local ordenó que se tome una muestra y que expertos de ambos partidos examinen una cierta cantidad votos por correo para averiguar si hubo fraude.

El experto del Partido Republicano concluyó que 6 de cada 100 votos poseían algún tipo de error o fueron emitidos de manera fraudulenta, mientras que el del Partido Demócrata concluyó que 11 de cada 100 caían bajo esta categoría.

A pesar de encontrar que entre 6% u 11% de los votos eran inválidos, la Justicia de Arizona igual decidió rechazar la demanda, mientras que la diferencia entre Biden y Trump fue del 0,3%

Georgia

El Estado sureño, manejado por republicanos anti-Trump, es uno de los lugares donde el equipo legal de Trump más indagó y recopiló evidencia.

En una audiencia presidida por legisladores locales que tenía como objetivo detectar la magnitud del fraude, el abogado personal del Presidente, Rudy Giuliani, presentó más de una decena de testigos que ejercían como observadores del Partido Republicano en la noche de la elección.

Los observadores atestiguaron cómo las autoridades del pabellón donde se estaban contando los votos los invitaron a retirarse a altas horas de madrugada de manera intencional para que luego los trabajadores pudieran retomar el conteo sin la presencia de ellos.

En otras de las audiencias, el abogado Ray Smith, quien lideró la defensa legal del Presidente Trump en el Estado, presentó una lista de todas las personas que emitieron su voto de manera ilegal, entre las que figuran 2.506 presos, 66.248 menores de edad y 10.315 personas fallecidas.

Otra investigación del grupo de abogados Judicial Watch muestra que más de 4000 personas no residentes en el Estado votaron en la elección, cometiendo así un delito electoral.

En el recuento de votos realizado en el Estado, el mismo Secretario de Estado encargado de la elección, el republicano anti-Trump Brad Raffensperger, admitió que se descubrieron más de 2.500 votos que se encontraban «perdidos» y que no fueron contados. Curiosamente, esos votos favorecían enormemente a Trump.

Como en Arizona, Raffensperger no realizó ninguna auditoría de las firmas, aunque hizo tres recuentos; recuentos donde se contó una y otra vez los mismos votos fraudulentos sin permitir que se verifique su veracidad.

Otros errores, relacionados a la tabulación de las máquinas electrónicas, también fueron reportados, como una tarjeta de memoria que «había sido extraviada» que tenía 2.755 votos; todos de Trump.

Tomando de referencia el informe del mismo Partido Republicano de Georgia, la cantidad de votos por correo rechazados en la elección por su falta de validez representa el menor número de su historia, con tan sólo un 0.3% de de los millones de votos emitidos siendo rechazados.

En comparación, en las elecciones legislativas de 2018, la tasa de rechazo fue del 3%, lo que denota el poco control que han tenido los sufragios por correo en Georgia y los cientos de miles de votos fraudulentos que fueron contados igualmente.

Michigan

Por su parte, Michigan fue uno de los lugares donde más se han denunciando irregularidades, relacionadas especialmente a las máquinas electorales de la empresa Dominion, encargada de la tabulación de votos en el Estado.

Cabe destacar que Trump, según las autoridades estatales, perdió Michigan por más de 150.000 votos, una diferencia abismal comparado a los otros 6 Estados en los que también se denuncia fraude.

En el condado de Antrim, las autoridades demócratas estatales debieron reconocer que más de 3.200 votos de Trump fueron transferidos de manera errónea hacia Biden por un error en las máquinas electrónicas durante el conteo.

Esto solo se pudo reconocer porque el Estado era un bastión del Partido Republicano y sorprendió a los mismos fiscales de mesa que la diferencia entre Biden y Trump haya sido tan pequeña. Al verificar con las computadoras el conteo, se descubrió que si bien las boletas en papel le daban una abultada victoria al Presidente, la máquina contaba muchos de estos votos para los demócratas.

Dicha rectificación dio lugar a que una empresa dedicada a investigar fraudes electrónicos realizara una auditoria forense donde asegura que las máquinas de Dominion fueron programadas con el propósito de transferir los votos de Trump hacia Biden.

A pesar de la conclusión de los auditores independientes, la Justicia no dio lugar para que se cambien los resultados.

La evidencia en el Estado del noreste del país continuó siendo apabullante y consistente con lo que se viene denunciando hace meses.

En la madrugada del 4 de noviembre, más precisamente a las 6:12 de la mañana, un bache de 150.000 votos por correo fueron cargados y le otorgaron la ventaja a Biden por primera vez. De esos 150.000, un 96% de ellos fueron para Biden y sólo el restante 4% para Trump.

Estas estadísticas no tienen sentido en una elección en Estados Unidos: ni en las dictaduras africanas el dictador de turno es electo con el 96% de los votos. De hecho, en las demás discretizaciones de los lotes de votos de Michigan, Biden nunca obtuvo más del 70% del voto por correo.

Otras investigaciones paralelas, como la del experto en elecciones Richard Baris, muestran que en la base electoral que figura en la web del Estado, más de 9.000 personas ya fallecidas aparece como que votaron por correo en esta elección.

Nevada

En el Estado de Nevada, las autoridades demócratas certificaron la elección en favor de Joe Biden, asegurando que el ex-Vicepresidente había resultado ganador por una diferencia de 33.000 votos.

Una investigación liderada por el ex-Fiscal General del Estado, Adam Laxalt, que puso el foco en el condado ultra-demócrata de Clark (lugar donde Biden obtuvo la mayor cantidad de votos), muestra que más de 1.500 personas muertas votaron en la elección, 2.468 personas lo hicieron de manera ilegal desde otros Estados, 42.000 votos fueron emitidos de manera doble —por correo y presencialmente—, y alrededor de 20.000 personas votaron desde una dirección falsa.

Asumiendo que todos estos votos fraudulentos fueron para Biden, Trump debería haber ganado el Estado por 32.000 votos.

Desde un análisis estadístico, la experta Dorothy Morgan proveyó un gráfico que ilustra un inusual ascenso de personas registradas para votar por Biden en la elección durante los meses pre-electorales entre julio y noviembre.

Según la experta, más de 13.000 de estas registraciones carecen de información básica, por lo que podrían provenir de personas ya fallecidas o registradas a la fuerza por punteros políticos demócratas.

Pensilvania

Pensilvania ha sido el Estado indudablemente más polémico de la elección. No solo por las denuncias de fraude si no porque todos los votos por correo deberían haber sido descartados.

En octubre del 2019, el gobernador demócrata Tom Wolfe aprobó unilateralmente una ley llamada «Act 77», que habilitaba el voto por correo en todo el Estado de manera universal, sin tener que justificar tu ausencia. Esto antes de la pandemia de coronavirus.

Luego, en 2020, defendió la aplicación de esta ley debido a la «emergencia del coronavirus», cuando algunos miembros de la Legislatura reclamaban su inconstitucionalidad.

En Pensilvania es necesario aprobar cualquier cambio a la metodología de votación mediante un referéndum, que en este caso todavía no se llevó a cabo.

A partir de la ley, los residentes podían emitir su voto sin moverse desde casa y sin necesidad de presentar una justificación para realizar su sufragio de manera remota, lo que permitió un surgimiento de millones de votos carentes de verificación.

La decisión unilateral del gobernador Wolfe fue catalogada como inconstitucional por parte de un Tribunal de Segunda Instancia estatal, pero la Corte Suprema no quiso meterse en la disputa electoral y rechazó expedirse sobre esta demanda.

Finalmente, sin la decisión de la Corte Suprema, la medida cautelar no se sostuvo y a pesar de que el pedido de inconstitucionalidad sigue abierto, el Estado de Pensilvania certificó sus resultados en favor de Biden, y fueron sostenidos en el Congreso Nacional el 6 de enero.

Además de este argumento constitucionalista, el equipo de Trump denunció irregularidades. Particularmente en el hecho de que en ningún momento los observadores pudieron acercarse a las mesas donde se contaban los votos.

En la noche del 3 de noviembre, los observadores republicanos, por orden del Gobernador, se vieron obligados a monitorear el conteo de votos alejados por hasta más de 11 metros de los trabajadores.

Según un modelo del prestigioso profesor de matemáticas egresado de Yale, Steven Miller, el cual fue presentado ante un tribunal local a mediados de noviembre, más de 100.000 sufragios carecían de validez e igualmente fueron contados.

Otros expertos que también testificaron en la audiencia en el Senado estatal incluso presentaron modelos e investigaciones aún más concluyentes, que estiman hasta más de 1,2 millones de votos fraudulentos de todo tipo, apuntando también al papel que jugaron las máquinas de Dominion en el proceso, que habrían actuado de la misma manera que en Georgia.

Wisconsin

En Wisconsin sucedió algo similar a Pensilvania. El gobernador demócrata, Tony Evers, usó de justificativo la pandemia para calificar a los votantes del Estado bajo el término «indefinidamente confinado», lo que permitió agrandar enormemente el alcance de los votos por correo.

El 14 de diciembre del pasado año, la Corte Suprema del Estado falló a favor del Partido Republicano y admitió que Evers utilizó de manera abusiva el término de «indefinidamente confinado» para enviar millones de votos por correo a personas que no lo habían solicitado.

Sin embargo, ningún Tribunal se animó a descartar los votos por correo inconstitucionales y, basándose en la inacción de la Corte Suprema nacional en Pensilvania, los resultados se certificaron igual.

Los baches de cientos de miles de votos por correo ocurridos a altas horas de la madrugada también sucedieron en Wisconsin, tal como lo muestra este gráfico.

De este lote, Biden obtuvo el 89%, o sea unos 143.379 votos.

La magnitud del fraude y las irregularidades acontecidas en la última elección llegaron incluso hasta Estados netamente conservadores como Texas.

Gracias a una investigación hecha por el grupo Project Veritas, la Justicia de Texas arrestó a una puntera política del Partido Demócrata por fraude electoral.

Todavía no se conoce la verdadera magnitud de su caso, pero se cree que Trump debió haber ganado Texas por una diferencia de votos mucho mayor.

Por último, es importante aclarar que contrario a lo que muchos medios dicen, la Corte Suprema de los Estados Unidos no desestimó los casos elevados por el Presidente Trump referidos al fraude de la elección, sino que rechazó las respectivas medidas cautelares que se solicitaban con el objetivo de frenar la certificación en favor de Biden antes de que haya una resolución definitiva del caso.

Actualmente, el máximo tribunal tiene pendientes 8 demandas judiciales que exponen el fraude y la inconstitucionalidad de la expansión del voto por correo hecha unilateralmente por gobernadores demócratas.

De todos modos, si eventualmente la Corte se expide en favor de Trump en estos casos, la presidencia de Biden no correrá peligro ya que él fue elegido por el Colegio Electoral, que en su mayoría no le importa el voto popular, e incluso este voto fue ratificado por el Congreso Nacional.

Lo que sí se lograría con la resolución de este conflicto es poder concluir con el respaldo de la Corte que el Partido Demócrata usó como arma de fraude político el voto por correo para alterar la elección de una manera nunca vista en la historia, y probablemente el Congreso se vería obligado a pasar una reforma electoral para que nunca más vuelva a ocurrir algo así.

Alerta Digital.