Una verdad incómoda: el proceso presidencial de Estados Unidos importa

Un cartel para el registro de votantes se muestra el día de las elecciones en la oficina de elecciones del condado de King en Renton, Washington, el 3 de noviembre de 2020. (Jason Redmond/AFP vía Getty Images)

Comentario

Las elecciones presidenciales de 2020 aún no han terminado. Hay múltiples desafíos legales y reconteos pendientes en estados clave, y, en virtud de un proceso legal de larga data, esos eventos deben desarrollarse antes de que se declare oficialmente un ganador.

Sé que aproximadamente la mitad de la nación no quiere oír eso, pero es la verdad.

Ya hemos pasado por esto antes. Hace 20 años, una joven reportera de televisión se paró frente a la residencia del vicepresidente en Washington, D.C., por más de 30 días manteniendo a los televidentes al tanto de la impugnación del ocupante al conteo de votos en Florida. Al vicepresidente Al Gore se le concedió más de un mes para impugnar ese voto. Su lucha llegó hasta la Corte Suprema de Estados Unidos.

Recuerdo esto porque esa reportera era yo. Día tras día, los manifestantes se reunieron afuera de la residencia de Gore gritando: “¡Salga de la casa de Cheney!”, pero no iba a ser así hasta que el proceso hubiera terminado. Al final, Gore perdió su impugnación, y la nación vio un intercambio ordenado de poder cuando George W. Bush se convirtió en nuestro 43º presidente el 20 de enero de 2001.

Entonces, ¿por qué los medios han declarado prematuramente que esta elección ha terminado cuando ningún estado ha certificado su voto? ¿Por qué han elevado a Joe Biden a la Casa Blanca antes de que el proceso se haya completado? Respuesta: porque pueden. Y porque nunca aprenden una lección.

En el 2000, todas las grandes cadenas de televisión se precipitaron, citaron encuestas de salida erróneas y declararon que Florida había elegido a Gore para presidente. Mientras el conteo de la noche continuaba, las cadenas se vieron forzadas a retractarse y darle la elección a Bush. Al llegar más votos durante la noche, los medios, con el huevo firmemente plantado en su cara, tuvieron que admitir que la carrera estaba muy reñida para reclamarla.

Hoy, añadimos la prueba innegable de que las encuestas presidenciales de los medios de comunicación son a menudo tremendamente incorrectas, y ¿es de extrañar que la confianza del público en los medios esté por los suelos?.

Mire, Joseph Robinette Biden Jr. puede muy bien convertirse en nuestro próximo presidente. Pero para pedir prestado un tropo popular: Las leyes importan. El proceso importa. #AmericaMatters. La Administración de Servicios Generales, la agencia que facilita la transferencia del poder presidencial, dice que no iniciará la financiación de dicha transición hasta que se nombre un claro ganador “basado en el proceso establecido en la Constitución”.

En esta época de creciente escepticismo ciudadano, necesitamos saber que se puede confiar en nuestros procedimientos electorales. ¿Qué pasa si se descubre un abrumador fraude electoral? ¿Y si el recuento de un estado pendular revela un resultado diferente? Simplemente limpiar más huevo de la cara de los medios no va a curar las heridas divisorias de la nación. De hecho, las profundizará.

No importa quién ocupe la Casa Blanca el año que viene, los ciudadanos tienen que encontrar la manera de unirse, de reparar el tejido nacional que se ha visto tan desgastado por las polémicas políticas, la disparidad racial, la violencia callejera (disfrazada de protesta legítima) y el daño que la pandemia ha causado a nuestra economía y a nuestra paz mental. No podemos continuar como hasta ahora.

Mi presidente favorito, Abraham Lincoln, ha sido citado como advertencia: “Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer” y “Si flaqueamos y perdemos nuestras libertades, será porque nos destruimos a nosotros mismos”. Se discute si esas citas fueron registradas con precisión, pero está claro que Lincoln advirtió a la nación sobre los efectos duraderos que su profunda división sobre la esclavitud podría producir. Hoy en día, estamos igualmente divididos.

Es hora de darse cuenta de que la utopía no existe aquí en la tierra. Es hora de dejar de creer que el gobierno puede resolver todos nuestros problemas. Es hora de que cada ciudadano tenga la misión de sanar las divisiones de persona a persona de la mejor manera posible. Es hora de que cada uno trabaje su parte justa y no espere que automáticamente merezca un tratamiento especial.

No, este país no es perfecto. Pero cada día, en los pequeños pueblos y grandes ciudades de todo el país, los ciudadanos trabajan para hacer de él una sociedad mejor y más justa. Vale la pena trabajar por este país para lograr una unión más perfecta, y mientras continúa la batalla por la claridad sobre estas últimas elecciones, cada uno de nosotros debe ser paciente y dejar que el proceso se desarrolle por sí solo.

Diane Dimond – La Gran Época.