La limpieza del pantano

No es un hecho aislado que el presidente Donald Trump aclare que no es un político sino un empresario. (Archivo)

Los empresarios son estrategas exitosos, los políticos dejan al azar las decisiones que toman con base a cálculos políticos para devolver favores a sus amigos.

El Arte de la Guerra de Sun Tzu, muy seguramente, fue de obligatoria lectura para el estudiante Donald Trump cuando se formó en Wharton, la prestigiosa Escuela de Negocios de la Universidad de Pensilvania, la más antigua facultad de administración de empresas del mundo considerada por muchos como la mejor de todas las escuelas de negocios que existen a nivel global.

Un tratado sobre estrategia militar escrito en láminas de bambú en el Siglo V antes de Cristo se convirtió en un referente obligado para construir estrategias de todo tipo, no solo en el campo militar sino en diferentes ámbitos en los que se desenvuelven los empresarios, los financistas o los banqueros de inversión, por ejemplo.

No es un hecho aislado que el presidente Donald Trump aclare que no es un político sino un empresario. No se trata solo de marcar distancia con los políticos y la percepción negativa que se tiene sobre ellos, se trata también de la eficiencia, la coherencia y la eficacia mostrada en los resultados del bienestar social, el progreso y el desarrollo económico.

Los empresarios son estrategas exitosos, los políticos dejan al azar las decisiones que toman con base a cálculos políticos para devolver favores a sus amigos del partido o para complacer a sus contradictores, a diferencia del estratega corporativo que siempre controla todas las variables con cabeza fría y no deja espacio para las especulaciones.

“Nunca interrumpa a su enemigo mientras esté cometiendo errores” dice una de las máximas de “El Arte de la Guerra”. El presidente Donald Trump durante los últimos años no interrumpió a ninguno de sus enemigos mientras cometían todos los errores posibles. A ninguno. Los dejó actuar libremente mientras que desarrolló una estrategia en el plano local e internacional que muy pocos pudieron advertir el verdadero sentido y alcance que tenía cada movimiento que daba.

Por eso nadie se dio cuenta que en septiembre del 2018 el presidente Trump firmó la Executive Order 13848 – Imposing Certain Sanctions in the Event of Foreign Interference in a United States Election. Tampoco se dieron cuenta que en el 2018 se creó la Cybersecurity & Infraestructure Security Agency (CISA).

Para los comunicadores sociales y analistas de los grandes medios de comunicación, la preocupación durante el Gobierno del presidente Trump fue criticar la pinta de Melania. Los indicadores económicos impresionantes, el nivel de desempleo más bajo en los últimos 50 años y la mayoría de estadounidenses considerando que hoy están mejor que durante el Gobierno de Barack Obama-Joe Biden dejó a los contradictores de Trump sin argumentos diferentes a lanzar juicios de valor o el argumento baladí de decir que era grosero, xenófobo, misógino, supremacista blanco, extremista de derecha y toda esa lista de calificativos usados ante la ausencia de argumentos sólidos y coherentes.

El meme y la visceralidad se impone sobre el análisis serio, la razón y el sentido común.

Mansour Daou el jefe de guardaespaldas de Muamar Gadafi le contó al periódico francés Le Monde que su antiguo patrón actuaba de manera errática cuando tenía miedo. Hoy muchos tienen miedo. Su actuar errático así lo demuestra. Nunca advirtieron que desde hace mucho sus contradictores sabían cada error que cometían. La trazabilidad de todos los errores que cometieron está debidamente documentada. La limpieza del pantano ya comenzó y no tiene vuelta atrás.

Andrés Villota Gómez – PanamPost.