La historia de Smartmatic: Desde Venezuela sin amor

El ex dictador de Venezuela Hugo Chávez.

Opinión

Muchos han debatido, y Rudy Giuliani solo lo explicó vagamente en el programa de Lou Dobbs al decir que ellos tenían “diferentes teorías” del caso, sobre por qué el equipo legal de Donald Trump se separó de Sidney Powell.

La “Navaja de Ockham” tiene una explicación más simple: Lo que Powell está investigando—un complicado fraude informático transnacional, en el que participan varios países, no solo Estados Unidos, con inmensas implicaciones para el sistema democrático mundial—toma mucho más tiempo para explicar y probar que el tiempo disponible para cuestionar una elección presidencial antes de que se certifiquen los votos y se reúna el Colegio Electoral.

Esto fue corroborado por las conversaciones que sostuve con dos hombres en condiciones de comprender gran parte de este fraude que, según ellos, se originó y aún emana en gran medida de Venezuela (con un poco de ayuda de los amigos cubanos, iraníes, y de Hezbolá, y posiblemente otros).

Estos hombres desean permanecer en el anonimato porque temen por su seguridad mientras operan en territorio extranjero, como lo hacen con frecuencia.

Uno de ellos es un exoficial de la CIA que sirvió en la Dirección de Operaciones y como jefe de estación en varios países. El otro es de origen venezolano y vive en Estados Unidos.

En los últimos años, junto con la Administración de Control de Drogas (DEA) y otros, ellos trabajaron para “dar vuelta” a los líderes y personal militar dentro de los establishments de Venezuela y Cuba, muchos de los cuales estaban involucrados o tenían información sobre el extenso comercio de narcóticos emprendido por esos dos países, así como por Irán y Hezbolá.

Esta empresa criminal valorizada en miles de millones de dólares, en particular en lo que respecta a Hezbolá en este caso, estuvo al borde de una denuncia y un proceso judicial que finalmente fue ignorado, como informó Politico, por el gobierno de Obama por insistencia de los mulás para proteger el entonces incipiente acuerdo con Irán.

Algunas de las cosas que estos hombres me dijeron pueden ser autenticadas, otras no por razones que escapan del control de nadie en este momento. Yo dejo que los lectores decidan por sí mismos.

Sin embargo, para que conste y para entender a qué nos enfrentamos, los siguientes miembros de la dirigencia venezolana se encuentran actualmente imputados en Estados Unidos por narcotráfico: el presidente Nicolás Maduro, el líder de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, el ministro de petróleo Tareck El Aissami, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, el exjefe de inteligencia Hugo Carvajal y el jefe del Estado Mayor del Ejército venezolano, Vladimir Padrino.

Para dar una idea de la magnitud del crimen, se dijo que el famoso “narcotraficante” mexicano, El Chapo, valía USD 1200 millones. Diosdado Cabello, me dijo uno de mis informantes, ¡vale más de USD 20,000 millones! Eso lo coloca entre las personas más ricas del mundo. Mezcle los petrodólares—Venezuela, que en cualquier condición, tiene uno de los campos petroleros más ricos del planeta—con los dólares de la droga, y tendrá un cóctel lucrativo.

Smartmatic

Los dos hombres hablaron conmigo sobre los orígenes del sistema Smartmatic, que en algunos aspectos compararon con el 11 de septiembre, y mencionaron que era otro ejemplo de cómo tendemos a subestimar a nuestros adversarios, en este caso a sus capacidades informáticas.

Al preocuparse por China y Rusia, Venezuela ha estado más o menos fuera de nuestro radar, pero, dadas las cifras anteriores, no debería ser así. Su clase dirigente–no su pueblo, claramente–tiene suficiente capital de trabajo para hacer tanto daño como cualquiera.

Más que una simple República Bananera, son un estado criminal en crecimiento con tentáculos que llegan a Colombia y cruzan el Atlántico hacia uno de los principales partidos de nuestro aliado de la OTAN, España, me dijeron.

Pero volvamos a Smartmatic.

En 1998, el socialista Hugo Chávez, en su camino a ser el máximo líder vitalicio, cambió la constitución de su país, permitiéndole cumplir un mandato de seis años en lugar de cinco, con la salvedad de que si el 20 por ciento de los venezolanos firmaba una petición exigiendo una revocación, se llevarían a cabo elecciones.

Para sorpresa de Chávez, tal petición se presentó, y su intento de invalidar las firmas fracasó.

Había que inventar un sistema para garantizar la victoria del caudillo en el próximo referéndum revocatorio presidencial.

Entra Smartmatic, la empresa fundada en Delaware en abril de 2000, por tres jóvenes ingenieros venezolanos.

En enero de 2004, una agencia del gobierno venezolano, según un artículo de New York Times, invirtió USD 200,000 en una empresa de tecnología propiedad de los mismos tres.

La inversión de un empresario

Según los señores con los que hablé, ese dinero provenía de un empresario al que la inteligencia cubana había contactado para que hiciera las inversiones necesarias en la naciente Smartmatic para mejorar su tecnología al nivel necesario.

(NB: Desde Chávez, la inteligencia cubana ha tenido un control casi total de las importantes acciones venezolanas, incluyendo la selección de Maduro para reemplazar a Chávez cuando murió de cáncer, según mis fuentes).

Este mismo empresario, me dijeron, fue “volteado” y está actualmente bajo la protección de una de nuestras agencias, presumiblemente la DEA, en un país extranjero donde está dando testimonio en un proceso penal relacionado al gobierno venezolano.

Podemos esperar que también se esté recogiendo información de la que todos podremos enterarnos. Uno de los aspectos lamentables del gobierno de Estados Unidos es que nuestras agencias como la DEA todavía parecen compartimentarse. Por lo que se sabe, el Departamento de Justicia aún no está involucrado.

Este empresario es el segundo en hacer declaraciones juradas sobre este asunto después del oficial militar venezolano citado por Sidney Powell hace un par de semanas.

Poco después de la inversión de este empresario (agosto de 2004), Hugo Chávez ganó el referéndum solo para luego ser denunciado como fraude por las organizaciones locales de derechos civiles.

Esto último se corrobora en una extensa entrevista en inglés realizada por Debbie D’Souza a María Corina Machado, una dirigente y política venezolana de derechos civiles, que ha sido objeto de persecución.

Entre otras cosas, la Sra. Corina Machado relata la formación de Súmate, un grupo ad hoc que fue capaz de reunir las firmas necesarias para la elección del revocatorio en un solo día (2 de febrero de 2003), reuniendo un total de 3 millones cuando solo se necesitaban 2.4 millones.

Pero ese fue un interludio extraordinariamente feliz en la tragedia que es Venezuela. Un amigo boliviano, que visitó recientemente el país, me dijo que vio gente hambrienta en sus calles, como si fueran imágenes del Holocausto.

Propiedad

Pero volvamos de nuevo a Smartmatic. ¿Quién es el dueño?

No está claro, aunque supuestamente comenzó en Estados Unidos (ver arriba). En 2006 se usó en las disputadas elecciones en Argentina, aparentemente para arreglarlas y en 2011 fue establecida en el Reino Unido por nada menos que el secretario general adjunto de la ONU, Lord Malloch-Brown, “quien asumió posiciones de liderazgo sobre los fondos e institutos de [George] Soros en 2007“.

Hmmm…

Igualmente importante, un correo electrónico de 2006 de WikiLeaked cuenta esta historia:

“Smartmatic afirmó ser de origen estadounidense, pero sus verdaderos dueños —probablemente venezolanos de élite, de varias tendencias políticas— permanecen ocultos detrás de una red de holdings en los Países Bajos y Barbados (…) Se cree que la compañía está respaldando los eventos electorales venezolanos, centrándose ahora en otras partes del mundo, incluyendo Estados Unidos, a través de su subsidiaria, Sequoia”.

Más allá de los tres ingenieros iniciales, Smartmatic y luego Sequoia, tenían al menos treinta inversionistas anónimos, incluyendo, posiblemente, un entonces vicepresidente venezolano, como se registra en el sistema de WikiLeaks en CARACAS 00002063 001.2 DE 004.

Dominion

¿Pero dónde encaja Dominion? ¿No eran ellos los que tenían las máquinas de votación en Estados Unidos?

Bueno, en 2010, después de trabajar más de cinco años para Smartmatic, el exvicepresidente de desarrollo de Sequoia, quien también fue su arquitecto jefe de software, Eric Coomer, pasó a Dominion Voting Systems, como vicepresidente de ingeniería para Estados Unidos.

Coomer es un participante activo en algo llamado el formato de datos común del IEEE para sistemas electorales. Está todo enmarañado.

Las respuestas de la gente de Dominion/Smartmatic/Sequoia han sido desde deliberadamente opacas hasta nauseabundas relaciones públicas. Solo una verdadera investigación forense por computadora resolverá algo, sin mencionar el abandono total de la votación por computadora (probablemente el enfoque correcto).

Los misterios abundan, como, sin duda, Sidney Powell estaría de acuerdo. No importa el tamaño del Kraken [colosal figura mitológica] que ella libere, siempre puede haber más.

Uno de las denuncias de mis fuentes y que no puedo comprobar, es que alguien en lo alto del Comité Nacional Demócrata es un “ex” chavista.

Sabotaje de nuestras elecciones

Otra denuncia se relaciona a un viaje realizado a la Ciudad de México el 21 de octubre de 2020 del embajador Richard Grenel, un hombre tremendamente admirado por mis fuentes y por mí.

El embajador Grenell fue allí para reunirse con Jorge Rodríguez, el hermano de la actual vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez (ver la lista de acusaciones anterior). Jorge es un hombre, podemos asumir, de una riqueza tremenda y con algo del “poder detrás del trono”, como su hermana Delcy.

Como explica el New York Times, en medio de su predecible alboroto y clamor de que el Departamento de Estado no había sido informado de la reunión, el propósito era negociar la salida de Maduro y su compañía, liberando así al pueblo venezolano de su larga pesadilla nacional.

Era un objetivo loable, seguramente, pero destinado al fracaso por razones desconocidas para el embajador Grenell. Me puse en contacto con él para discutir esto, pero se mostró reacio.

Según mis fuentes, Rodríguez era consciente en ese momento de que los líderes de su país participaban en el sabotaje de nuestras elecciones a través de su sistema informático.

Eso hacía que cualquier negociación fuera discutible, pero más que eso, Rodríguez despreciaba de verdad a Estados Unidos hasta tal punto que no quería formar parte de un acuerdo.

Grenell no tendría razón para saber esto, dijeron mis fuentes, pero el odio de Jorge habría estado motivado por algo más que el anti Estados Unidos habitual. Tenía de agregado la venganza. Aunque el propio Jorge podría llamarse ahora justamente lo que se conoce como “boligarca” (los ricos empresarios venezolanos de hoy en día, oligarcas de la revolución bolivariana), su padre era un guerrillero comunista que, hace muchos años, fue asesinado.

Jorge culpa a la CIA.

Mientras escribo esto, se ha corrido la voz de que Sidney Powell está a punto de liberar su primer “Kraken”, relativo al fraude electoral en Georgia. Como escribí el otro día, gane, pierda o empate, sus quejas deben ser ventiladas por nuestro bien, pero más aún por nuestros hijos y nietos.

Algo salió seriamente mal.

Roger L. Simon es un novelista premiado, guionista nominado al Oscar, cofundador de PJMedia, y ahora, editor con tiempo en The Epoch Times. Sus libros más recientes son The GOAT (La Cabra-fiction) y I Know Best: How Moral Narcissism Is Destroying Our Republic, If It Hasn’t Already (Yo sé mejor: Cómo el narcisismo moral está destruyendo nuestra República, si no lo ha hecho ya-nonfiction). Encuéntrelo en Parler @rogerlsimon.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.

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Roger L. Simon – La Gran Época.