Trump, solo contra el mundo

Donald J. Trump, presidente de los Estados Unidos.

Es inconcebible que después de una investigación de tres años y una exoneración por parte de Robert Mueller, todavía estos bolcheviques acusen a Trump de ser un instrumento de Putin.

Durante más de cincuenta años la gran prensa americana ha sido hostil a los candidatos del Partido Republicano. Pero nunca había llegado a los niveles de odio y de desparpajo a los que ha llegado en estas elecciones de 2020. Esto que vemos no es periodismo sino proselitismo del más vulgar y descarado. Hasta el odiado Richard Nixon fue tratado con menos ensañamiento que Donald Trump.  El presidente es presentado por esta prensa farsante, desbocada y corrupta como el Monstruo de la Laguna Negra.

Después del descalabro de 2016 los enemigos de Trump han dejado de confiar en la democracia y en sus procesos electorales. Quieren un poder absoluto y saben que sus ideas extremas son rechazadas por una proporción considerable del pueblo americano. Es por eso que la brújula política de esta izquierda trasnochada apunta hacia un fascismo solapado donde los gobernantes impongan su voluntad sobre los gobernados.

El objetivo principal del fascismo es gobernar todos los aspectos de la vida de sus gobernados a través de medidas de represión, dejando sin voz ni voto al pueblo, bajo el lema: “El pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo”. En su versión americana, el fascismo es una simbiosis de la izquierda demócrata, los medios sociales como Facebook, Tweeter y Google; así como la gran prensa de CNN, ABC, NBC, MSNBC, The New York Times, el Washington Post y otros muchos que sería muy largo enumerar. La única que no participa en esta comparsa de la iniquidad es la cadena Fox News pero, de todas maneras, tiene algunos infiltrados en sus filas. Gente que, como “la gatita de María Ramos”, tira la piedra y esconde la mano”.

Por otra parte, en sus esfuerzos por detener el descarrilamiento al que se dirigía  el tren de Bernie Sanders, la izquierda del Partido Demócrata no tuvo otra alternativa que sacar del baúl de antigüedades al obsoleto de Joe Biden. Una verdadera criatura del pantano de Washington con un pasado de corrupción y un presente de demencia senil que lo lleva a agredir a todo el que le haga una pregunta incómoda. En la prisa no tomaron en cuenta que Joe tenía un “talón de Aquiles” llamado Hunter.

Ese “talón de Aquiles” fue mostrado en toda su maldad por el rotativo the New York Post, creado en 1801 por el federalista y padre fundador Alexander Hamilton y comprado en 1976 por 30 millones de dólares por Rupert Murdoch, fundador de la cadena Fox News. El año pasado, el Post fue el cuarto periódico en el número de ejemplares circulados en los Estados Unidos.

La información sobre las andanzas delincuenciales de Hunter le fue proporcionada al periódico por Rudy Giuliani, abogado personal del Presidente Trump quién, a su vez, la había recibido de un técnico en computación en el estado de Delaware llamado John Paul Mac Isaac. Según el técnico, Hunter le entregó la computadora para su arreglo en estado de embriaguez y nunca había pasado a recogerla.

La firma de Hunter aparece en la planilla de entrega del artefacto y su disco duro se ha convertido en un tesoro de información sobre la corrupción de la familia Biden. Antes de entregarla a Giuliani, el técnico le había proporcionado una copia del disco duro al FBI, que dirige Christopher Wray, quién no había tomado acción alguna ni informado a su jefe el Secretario de Justicia William Barr. Obviamente ha llegado la hora de sustituir a Wray como director del FBI.

En otro aspecto de esta enredada madeja, las revelaciones del periódico muestran a un Hunter Biden utilizando el alto cargo de su padre para el lucro personal y familiar. Por ejemplo, facilitó una entrevista de un funcionario ucraniano de la empresa energética Burisma con Joe Binder, entonces vicepresidente de los Estados Unidos. Hunter recibía un salario de 85,000 dólares mensuales como funcionario de Burisma.

Pero las actividades ilícitas de esta familia fueron aún más lucrativas en países como China y Rusia. La esposa del alcalde de Moscú entregó a Hunter 3 y medio millones de dólares para que los invirtiera en su firma de Rosemont Seneca Partners, que había fundado con Christopher Heinz, hijo de Teresa Heinz, esposa del ex Secretario de Estado, John Kerry.

Ahora bien, la mayor de todas las hazañas de corrupción de los Biden fueron los 1,500 millones de dólares recibidos de los comunistas chinos. En diciembre de 2013, Hunter voló con su padre en el avión oficial de la Fuerza Aérea Dos, donde el entonces vicepresidente de los Estados Unidos se reunió con los socios comerciales de su hijo. Esto es una prueba irrefutable contra las afirmaciones mentirosas de Joe Biden de que no estaba al tanto de los negocios privados de su hijo Hunter.  

Todo esto explica por qué los enemigos de Estados Unidos apoyan a Biden en sus aspiraciones presidenciales. Los gobiernos de Irán, China Comunista y  Rusia quieren sacar a Donald Trump de la Casa Blanca. Para los enemigos de este pais es más fácil lidiar con un anciano corrupto y decrépito que con un presidente enérgico. Biden tiene precio, mientras que Trump ni siquiera cobra su propio sueldo.

Pero el patriotismo de Trump, en vez de ganarle la buena voluntad de muchos de sus conciudadanos, le ha hecho objeto de los ataques más vitriólicos de sus enemigos en el pantano, tanto demócratas como republicanos. Desprovistos de verdaderas pruebas, ahora los demócratas tienen el descaro y caen en la estupidez de afirmar que la computadora de Hunter es parte de una campaña de desinformación rusa. Es inconcebible que después de una investigación de tres años y una exoneración por parte de Robert Mueller, todavía estos bolcheviques acusen a Trump de ser un instrumento de Putin.

Ahora bien, todo indica que los enemigos más peligrosos del Presidente Trump son los medios sociales que tienen su centro de operación en el llamado Valle del Silicón. Tan pronto como se hicieron públicos los datos comprometedores en la computadora de Hunter, todos salieron en su defensa. Procedieron inmediatamente a bloquear toda comunicación que hiciera referencia a la deplorable conducta de los Biden. Entre los bloqueados estuvieron la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany y el periodista conservador Charlie Kirk.

Esta gente del Valle del Silicón es la misma élite financiera que donó más de 5 millones de dólares a la campaña de Joe Biden. En marcado contraste, donaron la mísera suma de 250 mil dólares a la campaña de Trump. Es también la misma gente que disfruta de una impunidad inconcebible para privar del ejercicio de la Primera Enmienda−libertad de expresión y de religión−a sus adversarios ideológicos.

Esa impunidad está contenida en la Section 230 de la Communications Decency Act. La misma estipula que los medios sociales no son editores del material que aparece en ellos sino una simple plataforma donde otros publican sus ideas. Los editores son responsables del material que publican mientras las plataformas no lo son.

Pero todo indica que esta impunidad de la que han abusado Facebook, Tweeter y Google podría estar llegando a su fin. En declaraciones a Maria Bartiromo, de Fox News, el Senador Tom Cotton le dijo: “Se acerca el invierno. Ahora que estos oligarcas le han declarado la guerra a los conservadores y al Partido Republicano, todas las opciones están sobre la mesa”.  

Y entre los enemigos taimados de Donald Tump está sin dudas la Comisión sobre Debates Presidenciales. Sus funcionarios se proclaman bipartidistas pero no lo son. Los demócratas, como de costumbre, cierran filas; mientras que los republicanos son “never trumpers” que le piden la cabeza al presidente. Y prueba al canto. Siempre protegiendo a Biden y castigando a Trump, después de la paliza que Mike Pence le propinó a la camarada Kamala Harris, la comisión se apareció con la idea de un debate virtual donde Biden hubiera podido hacer trampas y que el presidente rechazó.

No conforme, la comisión ha cambiado ahora las reglas para el debate del jueves 22 como apagar los micrófonos a los participantes y suspender el tema de política internacional, donde el presidente ha acumulado innumerables éxitos. Todas estas arbitrariedades ponen de manifiesto la necesidad de cambiar el formato. Los republicanos tienen que dejar hacer el papel de tontos y demandar que las negociaciones sean efectuadas directamente entre los dos partidos, no a través de la Comisión de Debates. Mucho menos la participación de moderadores parcializados con la izquierda. Un formato a la manera del debate Lincoln-Douglas en agosto de 1858. Los dos candidatos exponiendo sus puntos de vista y debatiendo con el adversario y san se acabó.

Nunca como ahora cobran mayor vigencia las palabras sabias de Ronald Reagan: La libertad nunca está más allá de una generación de distancia de la extinción” Ahora nos toca a nosotros cumplir nuestro deber con esa libertad por la que han combatido y ofrendado sus vidas centenares de miles de jóvenes a través de la historia americana. Donald Trump está solo contra un pantano corrupto que se extiende por el globo terráqueo pero, hasta ahora, les ha estado ganando. Con nuestro voto el próximo 3 de noviembre tenemos que asegurarnos de que les siga ganando. Porque, si no lo hacemos, perderemos todos.

Alfredo M. Cepero – La Nueva Nación