La estrategia de China para atraer a las élites y a los Biden

El ex vicepresidente Joe Biden y el líder comunista chino, Xi Jinping.

Extracto del libro “Mano oculta: exponiendo cómo el Partido Comunista Chino está remodelando el mundo”

En 2018, el bien conectado columnista del Washington Post, Josh Rogin, señaló que China había estado construyendo redes de influencia en Estados Unidos durante muchos años, y que el gobierno estadounidense “se está preparando para la posibilidad de que el gobierno chino decida convertirlas en armas” con el fin de conseguir lo que quiere. (Aunque no se sabe si Beijing utiliza “medidas activas” al estilo ruso en Occidente, su despliegue es sólo una cuestión de cálculo político). Una de las operaciones de penetración más audaces del PCCh, el Chinagate en 1996, se llevó a cabo cuando un alto agente de inteligencia se reunió con el ingenuo presidente Clinton en la Casa Blanca, al tiempo que llegaron donaciones a la campaña de Clinton, realizadas a través de personas vinculadas con el ejército chino.

Beijing ha estado trabajando para ganar influencia en el Congreso de Estados Unidos desde la década de 1970. A través de las actividades del Departamento de Enlace Internacional del PCCh y de organismos vinculados al Partido, como la Asociación China para el Contacto Amistoso Internacional, China ha hecho algunos amigos influyentes. Sin embargo, la mayor parte del Congreso se ha mantenido escéptico con respecto a China, aunque su voz ha sido silenciada en ocasiones por la influencia de miembros “pro-China”. El presidente, la Casa Blanca, la burocracia, los think tanks y los grupos de presión empresariales han sido blancos en los que Beijing ha tenido resultados efectivos.

El candidato presidencial demócrata y exvicepresidente, Joe Biden, hace gestos mientras habla durante el debate presidencial final en la Universidad de Belmont en Nashville, Tennessee, el 22 de octubre de 2020. (Jim Watson/AFP/Getty Images)

Hasta hace poco, casi todos los actores en Washington D.C., y más allá, estaban convencidos del “ascenso pacífico de China” y el valor del “compromiso constructivo”. La creencia común era que a medida que China se desarrollara económicamente, naturalmente se transformaría en un estado liberal. Esta opinión no carecía de fundamento, porque las facciones más liberales dentro del PCCh lucharon con las de línea dura, no obstante, en Estados Unidos se reforzó una especie de ingenuidad institucional que fue explotada por Beijing. Muchos de los que se adhirieron a este punto de vista, incluso, después de que las pruebas apuntaran firmemente a lo opuesto, tenían una fuerte inversión personal en la defensa a Beijing.

En mayo de 2019, Joe Biden se distinguió de todos los demás candidatos a la nominación presidencial del Partido Demócrata al ridiculizar la idea de que China es una amenaza estratégica para Estados Unidos. “¿China se va a comer nuestro almuerzo? Vamos, hombre”, le dijo a una multitud de campaña en Iowa City. Biden había adoptado durante años un enfoque suave hacia China. Cuando la secretaria de Estado del presidente Obama, Hillary Clinton, estaba adoptando una posición más dura hacia el aventurerismo de China en Asia, el vicepresidente Biden instaba a la cautela. Biden había formado una cálida relación personal con Xi Jinping cuando Xi era vicepresidente y presidente en espera.

Hunter Biden (der.) con el entonces presidente Barack Obama (izq.) y el vicepresidente Joe Biden durante un juego de baloncesto universitario en el Verizon Center, en Washington, el 30 de enero de 2010. (Mitchell Layton/Getty Images).

En su segundo mandato, Obama reemplazó a Clinton como secretaria de Estado con John Kerry, un funcionario aún más complaciente. La dinámica ayuda a explicar por qué el “giro hacia Asia” de Obama en 2012 creó una falsa expectativa. Estados Unidos retrocedió mientras China anexaba islas y elementos en el Mar de China Meridional y construía bases militares en ellos, algo que Xi le había prometido a Obama que no haría. Romper la promesa le ha dado a China una enorme ventaja estratégica.

Joe Biden se adhiere a la creencia, ahora abandonada por muchos académicos de China y la mayoría de los políticos de Washington, de que el compromiso con China lo inducirá a convertirse en un actor responsable. El grupo de expertos de D.C. de la Universidad de Pensilvania, llamado por él mismo como el Centro Penn-Biden para la Diplomacia y el Compromiso Global, tiene como objetivo abordar las amenazas al orden internacional liberal, pero China está ausente de las amenazas identificadas en su sitio web: Rusia, cambio climático y terrorismo. Biden ha hablado sobre la violación de los derechos humanos por parte de China, pero aún se aferra a la idea del “ascenso pacífico” de China.

Entonces, ¿importa si Joe Biden tiene una visión diferente de China? Sí, porque hay evidencia de que el PCCh ha estado ganándose su favor al otorgar acuerdos comerciales que han enriquecido a su hijo, Hunter Biden. Peter Schweizer da un relato de esto en su libro de 2019 “Secret Empires”. Algunas de sus afirmaciones clave fueron posteriormente cuestionadas y Schweizer las refinó en un artículo de opinión en el New York Times (famoso por la verificación de datos). En resumen, cuando el vicepresidente Biden viajó a China en diciembre de 2013 en un viaje oficial, su hijo voló con él en Airforce Two. Mientras Joe Biden estaba participando en una diplomacia blanda con los líderes de China, Hunter tenía otro tipo de reuniones. Luego, “menos de dos semanas después del viaje, la empresa de Hunter… que fundó con otros dos empresarios [incluido el hijastro de John Kerry] en junio de 2013, cerró un trato para abrir un fondo, BHR Partners, cuyo mayor accionista es el banco administrado por el gobierno, el Banco de China, a pesar de que tenía escasa experiencia en capital privado”.

El excandidato presidencial demócrata, Mike Bloomberg, se dirige a su personal y a los medios de comunicación después de anunciar que pondrá fin a su campaña, en la ciudad de Nueva York, el 4 de marzo de 2020. (Spencer Platt/Getty Images).

El Banco de China es propiedad del estado y está controlado por el PCCh. El papel exacto de Hunter Biden en la compañía es discutido, pero un experto ha dicho que su participación en ella valdría alrededor de USD 20 millones.

Sin embargo, el punto aquí no es la ética de los Biden (como lo han enmarcado los medios de noticias) sino la forma en que el PCCh puede influir en los políticos de alto rango. Esta “corrupción por poder”, en la que los principales líderes se limpian las manos mientras sus familiares explotan su asociación para hacer fortunas, ha sido perfeccionada por la “aristocracia roja” en Beijing. En 2014 y 2015, Beijing se expandió agresivamente hacia el Mar de China Meridional mientras Obama, Kerry y Biden estaban sentados de manos cruzadas.

Portada del libro “Hidden Hand” (Mano oculta) de Clive Hamilton y Mareike Ohlberg.

El empresario multimillonario y exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, participó tardíamente en la contienda para convertirse en el candidato del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos en 2020. Es el más amigable con Beijing de todos los aspirantes. Con grandes inversiones en China, se opone a la guerra arancelaria y, a menudo, defiende al régimen del PCCh. Su compañía de medios ha suprimido las historias críticas a los líderes del PCCh, y el propio Bloomberg afirmó en 2019 que “Xi Jinping no es un dictador” porque tiene que satisfacer a su electorado. Josh Rogin, del Washington Post, argumentó que la “interpretación errónea [de Bloomberg] del carácter y las ambiciones del gobierno chino podría ser devastadora para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. Abogaría por una política ingenua de compromiso e ilusiones que ya se ha probado y ha fracasado”.

Clive Hamilton – La Gran Época.

Mareike Ohlberg es coautora de este artículo.

Derechos de autor Clive Hamilton y Mareike Ohlberg. Reimpreso de “Hidden Hand” con permiso de Optimum Publishing International, Toronto/Montreal 647 970 1973 Dean Baxendale.