De tal palo tal corrupto: Hunter Biden, cazador cazado

Joe Biden y su hijo, Hunter Biden.

Mientras más años más decepciones. Unos las manejan mejor que otros, pero en esa delicada área de la información política llamada “inteligencia”, las ilusiones juveniles y las pretensiones éticas son las que terminan más golpeadas.

Apuntalada en la cultura pop (literatura, cine, TV y video juegos) la guerra fría es el lugar ideal para poner a prueba de qué están hechos los analistas, sus jefes y los jefes de estos. The Third Man (Carole Reed, 1949), The Falcon And The Snowman (John Schlesinger, 1985), The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014), The Good Shepherd (Robert De Niro, 2006), Official Secrets (Gavin Hood, 2019), The Fifth State (Bill Condon, 2013), Snowden (Oliver Stone, 2016) unos más o menos propagandísticos el cine de espías siempre pondrá el acento en el realismo y en los dilemas morales.

Hoy, el hijo de Joe Biden se encuentra en el medio de un escándalo político y corporativo que conduce a concluir que utilizó información privilegiada; y cuyo desenlace cruza las fronteras de la razón de Estado, la seguridad nacional y el abuso corporativo. Conflicto de intereses, por decir lo menos. Traición, por decir lo más.

Negociaciones con Rusia, Ucrania y China. En 2014, Biden Jr. junto a su socio Devon Archer (utilizando la empresa Burisma) recibió millones de dólares de operaciones corruptas en Ucrania. En 2013 junto a Chris Heinz (hijastro de John Kerry) había negociado la venta de tecnología militar a una empresa China, luego de haber comprado Henniges, una compañía creadora de antivibración aeronaútica; todo por medio de un fondo de inversión conjunto.

El análisis que los enemigos de la libertad hicieron del sistema liberal capitalista pudiera resumirse en repetir a su manera, la supuesta conversación que tuvo Ronald Reagan con uno de sus asesores anticomunistas más importantes: ¿Qué tenemos por encima de los comunistas?, preguntó el presidente. Dinero, respondió el asesor. Compremos a la Nomenklatura soviética, propuso Reagan.

Conclusión: así acabó el comunismo. A ‘realazos’. Y así acabó, al menos este round donde el comunismo ha matado a la política de la libertad gracias a negociantes dóciles, nepotismo político, vistas gordas y lluvias de dólares.

Joaquín Ortega – Alerta Digital