Los disturbios en EE.UU. promueven la “cultura de la anarquía”, afirma reconocido exfiscal

ARCHIVO FOTOGRÁFICO: La gente asiste a una protesta contra la desigualdad racial y la violencia policial en Portland, Oregón, EE.UU., el 30 de julio de 2020. REUTERS/Caitlin Ochs – RC274I9ZUKJS/Foto de archivo

Redacción BLes – Los interminables disturbios que afectan a varias ciudades de EE.UU. promueven una “cultura de la anarquía” que propician los mensajes confusos de los alcaldes demócratas, afirma el exfiscal y presentador Trey Gowdy.

Para Gowdy los mensajes de los alcaldes demócratas son contradictorios, y ellos mismos perdieron de vista que lo más importante frente a los saqueadores es detenerlos para que los funcionarios puedan aplicar la justicia, según una entrevistas en Fox News del 10 de agosto.

“El mejor fiscal del mundo no ganará un caso si no hay un arresto”, aseguró Gowdy. “No hay un fiscal en el mundo que pueda ganar un caso sin un arresto y sin pruebas”, recalcó.

Asimismo, en la “cultura de la anarquía” los saqueadores tan solo esperan un motivo cualquiera para iniciar la destrucción:”’Tenemos un buen tiroteo aquí, así que vamos a romper en los negocios no relacionados”, pareciera ser la consigna de los saboteadores, declaró Gowdy.

Gowdy presentó como ejemplo de la confusión que le atribuye a los alcaldes demócratas lo ocurrido en Portland, Oregon, en donde la violencia de los anarquistas no fue controlada por la policía local, lo que obligó al Departamento de Justicia (DOJ) a enviar a los agentes federales a proteger los bienes de la nación.

Esta medida generó protestas en las que se acusaba al DOJ de invasión y de excesos en la aplicación de la fuerza, razones por las que supuestamente continuaba la violencia de los manifestantes, no obstante, luego de que se retiraran los agentes federales los desórdenes siguieron.

Como expresiones de esa “cultura de la anarquía” el discurso de los manifestantes y de los alcaldes es muy parecido cuando se refieren a la policía.

“Cuando se escucha a los alcaldes y se escucha a estos supuestos líderes, es difícil diferenciar entre los saqueadores y los alborotadores en la forma en que hablan de los policías”, enfatizó Gowdy.

En este sentido, la “cultura del boicot” estaría muy próxima a la “cultura de la anarquía”, solo que aplicada en el campo de las redes sociales, y compartiendo las mismas características destructivas.

Así, Adonis Hoffman, analista y estratega de política pública de Estados Unidos, define los aspectos más destacados de la “cultura del boicot”, en un artículo de opinión del 10 de agosto.

“Mientras que el boicot puede tratar de sofocar el discurso, también causa destrucción social y económica. Proyecta la permanencia y la vergüenza pública para sus objetivos, ya sea merecida o no. Y promueve una especie de tiranía tecnológica contra la que todos deberíamos estar atentos” advierte Hoffman.

En esta otra forma de anarquía ya no cuentan los principios ni la verdad, sino las preferencias de quienes manipulan “discursos de odio”.

“Ya sea que se trate de la izquierda, la derecha, el negro o el blanco esto no hace ninguna diferencia. Porque todo lo que se necesita es acceso a los medios de comunicación social”, agrega Hoffman.

No obstante todo lo anterior, a pesar del avance de estos movimientos que generan efectos negativos en la sociedad, cuando alguien responde adecuadamente puede cambiar sustancialmente los resultados.

Un ejemplo de ello fueron los resultados del boicot promovido por la legisladora demócrata izquierdista Alexandria Ocasio-Cortez contra la procesadora de alimentos Goya, por el simple hecho de que su director agradeció al presidente estadounidense Donald Trump los beneficios ofrecidos a la comunidad hispana.

Muy por el contrario a lo que debería esperar Ocasio-Cortez, las ventas de Goya se triplicaron por el apoyo que recibió de quienes no se adhirieron al boicot promovido por la legisladora demócrata izquierdista.

Sin desconocer los cuantiosos daños que causan la “cultura de la anarquía” o la cultura del boicot, también suelen generar un creciente rechazo entre la población que termina volviéndose contra sus promotores y las ideas que tratan de imponer.

José Hermosa – BLes