Funcionarios de la salud europea afirman que los tapabocas no sirven contra el COVID-19

Los mejores epidemiólogos del mundo no pueden decidir si los cubrebocas son útiles para reducir la propagación de COVID-19 o sólo empeoran las cosas.

Dinamarca tiene una de las tasas de mortalidad de COVID-19 más bajas del mundo. Hasta el 4 de agosto, los daneses han sufrido 616 muertes por COVID-19, según cifras de la Universidad Johns Hopkins.

Eso es menos de un tercio del número de daneses que mueren de neumonía o gripe en un año determinado.

A pesar de este éxito, los líderes daneses se encontraron recientemente a la defensiva. La razón es que los daneses no llevan cubrebocas, y las autoridades locales en su mayoría ni siquiera las recomiendan.

Esto llevó a Berlingske, el periódico más antiguo del país, a quejarse de que los daneses se habían posicionado “a la derecha de Trump”.

“Todo el mundo lleva cubrebocas, incluso Donald Trump”, señaló Berlingske.

Esto aparentemente no le sentó bien a los funcionarios daneses de la salud. Respondieron señalando que hay pocas pruebas concluyentes de que los cubrebocas   limiten la propagación de los virus respiratorios efectivamente.

“Todos estos países que recomiendan las mascarillas no han tomado sus decisiones basándose en nuevos estudios”, dijo Henning Bundgaard, médico jefe del Rigshospitale de Dinamarca, según Bloomberg News.

Dinamarca no está sola.

A pesar de la estampida global en el uso de cubrebocas, los datos muestran que el 80-90% de las personas en Finlandia y Holanda dicen que “nunca” usan cubrebocas cuando salen, un fuerte contraste con el 80-90 por ciento de las personas en España e Italia que dicen que “siempre” usan cubrebocas cuando salen.

Los funcionarios de salud pública holandeses explicaron recientemente por qué no recomiendan los cubrebocas.

“Desde el punto de vista médico, no hay evidencia de un efecto médico del uso de cubrebocas, por lo que decidimos no imponer una obligación nacional”, dijo la Ministra de Atención Médica, Tamara van Ark.

Otros, haciéndose eco de declaraciones similares a las del Cirujano General de los Estados Unidos a principios de marzo, dijeron que los tapabocas podrían enfermar más a los individuos y exacerbar la propagación del virus.

“Los tapabocas en lugares públicos no son necesarias, basándose en todas las pruebas actuales”, dijo Coen Berends, portavoz del Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente. “No hay ningún beneficio e incluso puede haber un impacto negativo”.

En Suecia, donde las muertes por COVID-19 se han reducido a un arrastre, los funcionarios de salud pública dicen que no ven “ningún sentido” en exigir a los individuos que usen cubrebocas.

“Con los números disminuyendo muy rápidamente en Suecia, no vemos el sentido de usar una máscara facial en Suecia, ni siquiera en el transporte público”, dijo Anders Tegnell, el principal experto en enfermedades infecciosas de Suecia.

Los mejores inmunólogos y epidemiólogos del mundo no pueden decidir si los cubrebocas son útiles para reducir la propagación de COVID-19. De hecho, hemos visto organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el CDC ir y venir en cuanto a sus recomendaciones.

Para la persona promedio, es confuso y frustrante. También es un poco aterrador, considerando que hemos visto a personas bochornadas en público por no llevar una máscara mientras recogían una bolsa de comida.

La verdad es que los cubrebocas se han convertido en el nuevo tema de discusión, la última fase de la guerra cultural. Los oponentes a los cubrebocas tienden a ver a los que las usan como “gatos frágiles” u “ovejas” que voluntariamente ignoran la ciencia básica. Los partidarios de la máscara, por otra parte, a menudo ven a las personas que se niegan a usar los tapabocas como egoístas: Trumpkins … que voluntariamente ignoran la ciencia básica.

No hay intermedios y no hay una forma fácil de no participar en esto. Todos tenemos que salir, así que en algún momento tendremos que decidir si nos ponemos la máscara o no.

Está claro, por los datos, que a pesar de la impresión que dan los norteamericanos como vaqueros rebeldes y egoístas que no llevan máscara para proteger a los demás, los norteamericanos llevan los tapabocas más que mucha gente en los países europeos.

Las encuestas muestran que los norteamericanos están usando cubrebocas a niveles récord, aunque sigue habiendo una división política: El 98% de los Demócratas reportan usar cubrebocas en público comparado con el 66% de los Republicanos y el 85% de los Independientes. (Estas cifras, sin duda, son en cierta medida producto de los requisitos del uso de tapabocas en ciudades y estados).

Ya sea que uno esté a favor o en contra de los cubrebocas, el hecho es que los cubrimientos de la cara se han politizado hasta un grado insalubre, lo cual sólo contamina más la ciencia.

El mes pasado, por ejemplo, los investigadores del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de Minnesota respondieron a las peticiones de que retiraran un artículo en el que se decía que los requisitos de usar tapabocas “no se basaban en datos sólidos”.

La escuela, a su favor, no retiró el artículo, sino que optó por abordar las objeciones que los críticos de su investigación habían planteado.

La ética de la medicina es milenaria.

El juramento hipocrático llama a los médicos a “primero, no hacer daño”. (Esas palabras no aparecieron realmente en el juramento original; se desarrollaron como una forma de taquigrafía.)

Existe un principio similar en el ámbito de la salud pública: el Principio de Eficacia.

Los funcionarios de salud pública dicen que la idea deja claro que las organizaciones de salud pública tienen la responsabilidad de no perjudicar a las personas a las que tienen encomendada su protección.

“Si una comunidad está en peligro, el gobierno puede tener el deber de recomendar intervenciones, siempre y cuando esas intervenciones no causen ningún daño o sean la opción menos perjudicial”, escribieron Claire J. Horwell, profesora de geosalud de la Universidad de Durham, y Fiona McDonald, codirectora del Centro Australiano de Investigación sobre Derecho Sanitario de la Universidad Tecnológica de Queensland. “Si un organismo sigue el principio de la eficacia, sólo recomendará una intervención que sabe es eficaz”.

El problema de los mandatos en el uso de los tapabocas es que los funcionarios de salud pública no se limitan a recomendar una precaución que puede o no ser eficaz.

Están utilizando la fuerza para hacer que la gente se someta a una orden estatal que podría, en última instancia, enfermar más a los individuos o a poblaciones enteras, según los principales funcionarios de la salud pública a nivel mundial.

Eso no es sólo una violación al principio de la eficacia. Es una violación de una libertad personal básica.

Los defensores de los tapabocas pueden tener buenas intenciones, pero pasan por alto una realidad básica: los humanos alteran espontáneamente el comportamiento durante las pandemias. La evidencia científica muestra que los lugares de trabajo y los consumidores norteamericanos cambiaron los patrones de transporte antes de que se emitieran las órdenes de bloqueo.

Como he señalado anteriormente, esto no debería sorprendernos: Los humanos son mamíferos inteligentes, instintivos y autoconservadores que generalmente buscan evitar comportamientos de alto riesgo. La ley natural del orden espontáneo muestra que la gente naturalmente toma acciones de autoprotección, analizando constantemente el riesgo.

En lugar de ordenar a la gente que se “enmascare” bajo pena de multas o de prisión, los científicos y los funcionarios de salud pública deberían volver a desempeñar su papel más importante: desarrollar investigaciones sólidas con las cuales la gente pueda tomar decisiones libres e informadas.

Jon Miltimore – Fundación para la Educación Económica