Expertos señalan fallas en estudios sobre hidroxicloroquina y COVID-19

Un farmacista dispensa píldoras de hidroxicloroquina en la farmacia Rock Canyon en Provo, Utah, el 20 de mayo de 2020. (George Frey/AFP vía Getty Images)

Análisis de las noticias

Hay muchos estudios sobre la efectividad de la hidroxicloroquina (HCQ) en el tratamiento del COVID-19, pero solo un puñado se adhiere a los estándares científicos más altos. Incluso esos, no tienen respuesta a las preguntas más urgentes.

El debate sobre la HCQ se convirtió en una lucha de información cuando el presidente Donald Trump se mostrara desde el principio favorable a su potencial. Cada lado ahora acusa al otro de dejarse llevar por la política.

Cada lado tiene sus argumentos, pero cuando se cotejan, resulta que algunas de las preguntas más cruciales aún no han sido respondidas definitivamente. Por ejemplo, ¿hay alguna forma de usar la HCQ para que la gente de mayor riesgo no muera por COVID-19 si se trata temprano?

La HCQ se usa hace décadas para tratar afecciones como la malaria y el lupus. Es un fármaco barato con efectos secundarios manejables, tales como dolor de cabeza, mareos y malestar estomacal. En gente con ciertas condiciones cardíacas, puede afectar el ritmo cardíaco, según el Colegio Americano de Cardiología, el cual recomienda vigilar más a los pacientes con riesgo.

En teoría, la HCQ debería ayudar a inhibir al COVID-19 al abrir las células infectadas para permitir que el zinc, el cual está naturalmente presente en el cuerpo humano, entre a la célula y disminuya la replicación del virus.

Varios médicos que expresan su apoyo y que tuvieron éxito en tratar a cientos de pacientes con HCQ, han explicado que el objetivo de usar el fármaco no es necesariamente curar al paciente o suprimir los síntomas. Su argumento es que la HCQ puede retrasar al virus y permitir que el cuerpo desarrolle inmunidad para que el cuerpo pueda recuperarse por sí mismo.

El beneficio principal debería ser darle a la gente con mayor riesgo de morir de COVID-19, particularmente los ancianos, una chance de sobrevivir, con síntomas manejables y sin necesidad de hospitalizarlos. La HCQ es entonces mejor si se combina con un suplemento dietario de zinc y posiblemente un antibiótico, azitromicina, para prevenir infección bacterial secundaria, explica el Dr. Vladimir Zelenko de Monroe, Nueva York, quien ha reportado resultados prometedores entre sus pacientes.

Evidencia anecdótica y una docena de estudios indican que este es el caso.

Pero ninguno de estos estudios son controlados ni randomizados, lo cual disminuye su valor. Para que un estudio alcance el estándar de oro científico, necesita ser realizado con un número suficientemente grande de gente verdaderamente randomizada para que las particularidades del grupo (como su demografía) no influencie el resultado. El grupo luego se divide a la mitad. Una mitad recibe el fármaco y la otra, el grupo control, recibe un placebo. Luego se comparan los resultados de los dos grupos.

El profesor de epidemiología Harvey Risch, uno de los proponentes del tratamiento con HCQ, nota que muchos fármacos han sido adoptados para usarse sin pruebas controladas randomizadas.

Pero otros expertos no están convencidos, señalando el puñado de pruebas controladas y randomizadas de la HCQ que sí existen. Ninguna de ellas muestra beneficios estadísticamente significativos en tratar al COVID-19 con el fármaco.

Risch y otros han criticado lo que perciben como fallas de diseño en esos estudios.

Algunos de los estudios se fijan en pacientes hospitalizados en condiciones graves. Pero en esos casos, ya es demasiado tarde para que ayude la HCQ, argumenta Risch. Otros se fijan en gente en etapas tempranas de la enfermedad, pero la mayoría de los pacientes eran gente menor de 50 años sin problemas de salud graves. Esta gente usualmente pasa de igual manera el COVID-19 sin graves complicaciones.

Ninguno de los estudios usa el combo HCQ-zinc-azitromicina que parece ser el más efectivo en la práctica clínica.

También, algunos de los estudios incluyen solo una minoría de gente que dio realmente positivo para COVID-19. Otros participantes se incluyeron basados en síntomas (tales como resfrío, fatiga, dolor de cabeza o fiebre) y riesgo de contacto con el virus (como compartir el lugar de trabajo con alguien que dio positivo). El virus que causa el COVID-19, el SARS-CoV-2, no es el único que causa tales síntomas, dejando abierta la posibilidad de que alguna de las personas no haya tenido COVID-19 por empezar.

Aún más, los estudios usaron dosis mucho más altas de HCQ que los clínicos en el terreno parecen recomendar.

Zelenko prescribe 200 miligramos de HCQ cada 12 horas durante cinco días.

En contraste, los estudios controlados y randomizados, la mayoría usa dosis que van desde los 1200 mg a los 2400 mg en las primeras 24 horas, seguido de 600 mg a 1200 mg diarios en los siguientes 4 a 21 días.

Esto no le cayó bien a Meryl Nass, una médica y experta en toxicidad química.

“El fármaco es muy seguro cuando se lo usa correctamente, pero no mucho más puede potencialmente matar”, escribió en una publicación de blog del 14 de junio.

Nass señala una revisión de 1979 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que dice que una única dosis de 1500 mg de base cloroquina se considera tóxica y 2000 mg puede ser fatal (pdf). La cloroquina tiene una potencia similar a la HCQ. Una píldora de 200 mg de HCQ contiene 155 mg de la droga base. Eso sugiere que cualquier cantidad por encima de los 1900 mg de HCQ de una vez puede ser considerada dosis tóxica, mientras que una única dosis por encima de los 2500 mg puede ser letal.

Aún más, toma alrededor de un mes para que el cuerpo humano excrete la mitad de la droga ingerida, “así que la cantidad acumulada es importante”, dice Nass.

El paper de 1979 nota que una dosis base diaria de 1200 mg (unos 1550 mg en píldoras) “ha sido tolerada por al menos unos días”. Pero agrega que esta dosis “parece ser un límite el cual no debe ser excedido”.

Nass específicamente tiene problemas con las pruebas Recuperación del Reino Unido, que usaron una dosis de 2000 mg de HCQ en las primeras 24 horas y 400 mg cada 12 horas por nueve días (pdf). Ella también criticó la ahora detenida prueba Solidaridad de la OMS la cual proponía usar 1600 mg en las primeras 24 horas y luego 400 mg dos veces al día por nueve días más, según los brazos canadiense y noruego de la prueba.

Nass calificó a esos regímenes de dosis “no terapéuticos, tóxicos y potencialmente letales”.

Ni Nass ni representantes de las prueba Recuperación y Solidaridad respondieron a pedidos de comentarios al tiempo de cerrar esta nota.

Ha habido al menos un estudio controlado y randomizado del Instituto Nacional de Salud (NIH) de EE.UU. que usaron dosis más bajas de HCQ (800 mg el primer día, 200 mg por otros cuatro días), pero ha sido detenido sin publicar resultados completos. El NIH declara en un comunicado de prensa que los datos indicados por el HCQ “no proveen beneficios adicionales comparados con el control de placebo para el tratamiento de COVID-19 en pacientes hospitalizados”.

Petr Svab – La Gran Época