Estimaciones del COVID-19 estaban ‘astronómicamente equivocadas’, dice reconocido epidemiólogo, mientras el mundo entero paga el precio

John Ioannidis, epidemiólogo, investigador y profesor de la Universidad de Stanford.

En una entrevista reciente, el Dr. John Ioannidis hizo una dura evaluación de las predicciones que decían que hasta 40 millones de personas morirían y que el COVID-19 saturaría el sistema de salud de los EE.UU.

El Dr. John Ioannidis se convirtió en un científico líder en el mundo al criticar a la ciencia. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 podría ser el mayor desafío de su carrera.

Ioannidis, la Cátedra C.F. Rehnborg de Prevención de Enfermedades de la Universidad de Stanford, ha sido objeto de críticas en los últimos meses por su oposición a los cierres ordenados por el Estado, que según él podrían causar daños sociales mucho más allá de sus supuestos beneficios. Pero no pareciera que se estuviese echando atrás.

En una amplia entrevista con Greek Reporter publicada recientemente, Ioannidis dijo que los nuevos datos apoyan su predicción de que los cierres tendrían consecuencias sociales de gran alcance y que los modelos matemáticos en los que se basaban los cierres eran terriblemente defectuosos.

Ioannidis también dijo que una revisión exhaustiva de la literatura médica sugiere que el COVID-19 está mucho más extendido de lo que la mayoría de la gente cree.

“Ya hay más de 50 estudios que han presentado resultados sobre cuántas personas en diferentes países y lugares han desarrollado anticuerpos contra el virus”, dijo Ioannidis, un médico greco-americano, a Greek Reporter. “Por supuesto, ninguno de estos estudios es perfecto, pero acumulativamente proporcionan evidencia compuesta útil. Un estimado muy crudo podría sugerir que alrededor de 150-300 millones o más de personas ya han sido infectadas alrededor del mundo, mucho más que los 10 millones de casos documentados”.

Ioannidis dijo que los datos médicos sugieren que el riesgo de mortalidad es mucho menor de lo que las estimaciones anteriores habían llevado a los políticos a creer y “es casi 0%” para los individuos menores de 45 años. Sin embargo, la tasa de mortalidad promedio es de aproximadamente 0.25%, porque el riesgo “aumenta sustancialmente” para los individuos mayores de 85 años y puede llegar hasta el 25% para las personas más débiles en los asilos.

“La tasa de mortalidad en un país determinado depende mucho de la estructura de edad, de quiénes son las personas infectadas y de cómo se manejan”, señaló Ioannidis. “Para las personas menores de 45 años, la tasa de mortalidad por infección es casi del 0%. Para los de 45 a 70 años, es probablemente alrededor de 0.05-0.3%. Para los que tienen más de 70, aumenta sustancialmente (…)”.

Debido a esto, Ioannidis ve los cierres masivos de poblaciones enteras como un error, aunque dice que pueden haber tenido sentido cuando los expertos creían que la tasa de mortalidad de COVID-19 era tan alta como del 3 al 5%.

En marzo, en un artículo de STAT ampliamente leído, Ioannidis dijo que era incierto cuánto tiempo se podrían mantener los cierres sin consecuencias graves.

“Una de las conclusiones es que no sabemos cuánto tiempo las medidas de distanciamiento social y los cierres pueden mantenerse sin mayores consecuencias para la economía, la sociedad y la salud mental”, escribió Ioannidis. “Pueden producirse evoluciones impredecibles, incluyendo crisis financieras, disturbios, conflictos civiles, guerras, y un colapso del tejido social”.

Casi tres meses después de esa entrevista, el mundo ha visto niveles de desempleo nunca antes vistos desde la Gran Depresión, cierres masivos de negocios, picos de suicidio, sobredosis de drogas, y disturbios sociales en una escala no vista desde la década de 1960 en los EE.UU

“Me siento extremadamente triste de que mis predicciones hayan sido confirmadas”, dijo Ioannidis. Continuó:

“Ya se han producido importantes consecuencias en la economía, la sociedad y la salud mental”. Espero que sean reversibles, y esto depende en gran medida de si podemos evitar la prolongación de los cierres draconianos y lograr enfrentar al COVID-19 con un enfoque inteligente y de precisión, en lugar de cerrar todo a ciegas. Del mismo modo, ya hemos empezado a ver las consecuencias de “la crisis financiera, los disturbios y los conflictos civiles”. Espero que no vaya seguido de “guerra y colapso del tejido social”. A nivel mundial, las medidas de bloqueo han aumentado el número de personas en riesgo de morir de hambre a 1.100 millones, y están poniendo en riesgo millones de vidas, con el potencial resurgimiento de la tuberculosis, enfermedades infantiles como el sarampión, donde los programas de vacunación se ven interrumpidos, y la malaria. Espero que los responsables de las políticas miren el panorama de manera integral y todos los problemas potenciales y no sólo en la muy importante, pero relativamente delgada rebanada de evidencia que es COVID-19″.

Ioannidis no prescindió de los expertos que predijeron que morirían hasta 40 millones de personas, o de los que afirmaron que el sistema de salud de EE.UU. sería sofocado.

“Las predicciones de la mayoría de los modelos matemáticos en términos de cuántas camas y puestos en terapia intensiva se necesitarían eran astronómicamente erradas”, dijo Ioannidis. “De hecho, el sistema de salud no fue rebasado en ningún lugar de los EE.UU., aunque varios hospitales estaban estresados”.

A la inversa, añadió, esas acciones tuvieron efectos perjudiciales en el sistema de atención de la salud de los Estados Unidos, que quedó “gravemente dañado” debido a las medidas adoptadas.

Sólo el tiempo dirá si se demuestra que las evaluaciones de Ioannidis son correctas. Pero si tiene la mitad de la razón, esto sugeriría que los expertos efectivamente fallaron de nuevo.

No hay duda de que los cierres han causado una carnicería económica, social y emocional generalizada. La evidencia de que los estados de EE.UU. que cerraron se desempeñaron mejor que los estados que no lo hicieron es difícil de encontrar.

Aunque todavía no es seguro, la pandemia de COVID-19 puede resultar ser otro ejemplo de una planificación central que salió mal.

Como he señalado anteriormente, es una triste ironía que muchos de los mayores desastres de la historia moderna -desde el sistema de agricultura colectiva “kolkhoz” de Stalin hasta el Gran Salto Adelante de Mao y más allá- sean el resultado de planificadores centrales que intentan mejorar la suerte de la humanidad mediante la acción coercitiva.

Durante la pandemia de coronavirus, los expertos pueden haber provocado involuntariamente uno de los desastres humanos más graves de la historia moderna al quitar la elección a individuos con conocimientos locales superiores.

“Esto no es una disputa sobre si se debe hacer o no la planificación”, escribió Hayek en El Uso del Conocimiento en la Sociedad. “Es una disputa sobre si la planificación debe hacerse de forma centralizada, por una autoridad para todo el sistema económico, o si debe dividirse entre muchos individuos”.

Jon Miltimore FEE.org