Trump expulsa los activos de China fuera de Wall Street

Un letrero indica el nombre de Wall Street en el centro de Manhattan en Nueva York, 14 de enero de 2010. (Foto de EMMANUEL DUNAND/AFP a través de Getty Images)

Opinión

Durante las últimas dos décadas, las empresas chinas no tuvieron que preocuparse por ser reguladas por los fiscales de Wall Street. Estaban exentas de tener que seguir las normas de contabilidad de Estados Unidos y se beneficiaron de las entradas masivas de capital estadounidense. Fue un buen negocio para ambas partes, pero especialmente para China.

Así como eran las cosas, las empresas de inversión estadounidense se desvivían por invertir en empresas chinas. Las empresas chinas podían literalmente aparecer en Wall Street y obtener el tratamiento VIP. Los mercados de capital estadounidense terminaban financiando a las empresas chinas que pronto acabarían compitiendo, si no destruyendo, a sus competidores estadounidenses, mientras que enriquecerían a los miembros gobernantes del Partido Comunista Chino (PCCh) al mismo tiempo.

El viaje gratis termina para China

Pero con la gestión inicial de la epidemia por parte del PCCh, que permitió que el virus infectara al mundo y destruyera la economía mundial, combinado con las crecientes tensiones geopolíticas entre Beijing y Washington, la administración Trump ya no está de humor para seguir dándole a China un paseo gratis.

Por ejemplo, según la Comisión de Revisión Económica EE.UU. y China, en febrero de 2019, había 156 empresas chinas con una valoración total de USD 1.2 billones que cotizaron en las bolsas de EE.UU. Pero más de 100 de ellas no permiten auditorías regulatorias como lo requiere la Ley Sarbanes-Oxley de 2002 (Ley SOX).

En el futuro, se les exigirá que lo hagan.

La Ley SOX se estableció originalmente para proteger a los inversionistas del enorme fraude corporativo perpetrado por Enron, WorldCom y muchos otros, en el que los accionistas perdieron la mayor parte—si no la totalidad—de sus inversiones. Sin embargo, a lo largo de los años, lo mismo ha sucedido con los inversionistas estadounidenses que invierten en compañías fraudulentas de la “Estafa China” que cotizan en las bolsas de valores de Estados Unidos. Luckin’ Coffee es solo un ejemplo reciente. Algunos observadores incluso sostienen que una mayoría significativa de las empresas chinas que cotizan en las bolsas estadounidenses son fraudulentas.

Evidentemente, la insistencia de Trump en hacer valer el derecho de los reguladores estadounidenses de auditar las empresas chinas es necesaria para proteger el capital de los inversionistas estadounidenses. Sin las auditorías, los reguladores estadounidenses no tendrán idea de si las empresas chinas, sus activos, beneficios y gestión o incluso sus productos, son reales o no.

Sin embargo, es probable que sea un factor decisivo para la mayoría de las empresas chinas que cotizan en bolsa de valores de Estados Unidos. No existe un sistema de regulación comparativo en China, por lo que no hay una norma absoluta para la contabilidad y otros mecanismos de supervisión. Pero si las empresas chinas no cumplen con las nuevas leyes, serán expulsadas de las bolsas de valores estadounidenses.

En resumen, durante años, las empresas chinas han tenido viajes gratis y un acceso prácticamente ilimitado a los mercados de capital estadounidense y han abusado de ese privilegio.

Todo eso está a punto de cambiar.

¿Alibaba expulsada de la Bolsa de Nueva York?

De hecho, el presidente Trump recientemente le dijo a Maria Bartiromo de Fox News que esperaba que nada menos que el gigante minorista de internet chino Alibaba (el gigante chino de internet y empresa matriz del South China Morning Post) dejara Wall Street en lugar de seguir las normas de auditoría de la Ley SOX. Trump anticipa que Alibaba probablemente buscaría reubicarse en Londres o Hong Kong.

Parece que el presidente Trump ha establecido el tono de la política en el futuro.

Apenas el comienzo…

El fondo de pensiones de los Empleados Federales de USD 50,000 millones es un buen ejemplo. Trump recientemente convenció a los gerentes del I-Fund en el Plan de Ahorro económico para evitar o retirar la financiación a las empresas chinas con sede en China continental. El resultado es que USD 4 billones de capital estadounidense fueron extraídos de compañías chinas solamente en el capital.

Pero ese no es el único ejemplo de la represión de Trump contra las empresas chinas.

El 12 de mayo de este año, el Centro Nacional Legal y de Políticas (NLPC) solicitó formalmente que BlockRock, el asesor de inversiones más grande del mundo, se desligara de 137 compañías chinas que actualmente cotizan en las bolsas de valores de Estados Unidos. En su carta dirigida al presidente y CEO, Larry Fink, el NLPC señaló que todas las empresas están “bajo la influencia y el control final del Partido Comunista de China”.

Aún así, la administración Trump puede llevar las cosas aún más lejos. Está considerando dar a los estadounidenses el derecho de demandar a China por daños relacionados con el virus del PCCh, comúnmente conocido como el nuevo coronavirus. Eso puede incluir demandas contra China por pérdida de vidas, pérdida de propiedades y negocios, y por sufrimiento humano. Las sanciones y prohibiciones de viaje también están sobre la mesa, así como la restricción de los préstamos de los prestamistas estadounidenses a las empresas con sede en China y de propiedad china.

Siguiendo el ejemplo de Trump, el Senado de Estados Unidos también está tomando medidas enérgicas. A partir del 20 de mayo de 2020, el Senado aprobó la Ley de Responsabilidad de Empresas Extranjeras, que tiene por objeto obligar a las empresas chinas a cumplir con todas las legislaciones estadounidenses sobre seguridad. La transparencia corporativa parece ser el principio rector, que como se ha señalado, simplemente no es un factor en la organización empresarial china.

Evidentemente, la intención general de estas medidas es empujar a China fuera de los mercados de capital de Estados Unidos para proteger a los inversionistas y los empleos estadounidenses, y castigar al PCCh por sus políticas abusivas de capital y comercio, así como por su papel en la pandemia mundial, bajo el cual el mundo sigue sufriendo.

Londres (no) reclama

Pero incluso Londres puede no ser una gran opción para las empresas chinas. Mucho antes de la pandemia del virus del PCCh, las tensiones eran altas entre Londres y Beijing por la crisis de Hong Kong. Las grietas en la relación financiera entre Londres y Shanghai se han ido ampliando durante algún tiempo.

Lo que es más, con USD 2.4 billones, la bolsa de valores de Londres es solo una fracción de la valoración de más de USD 30 billones de Wall Street. Por lo tanto, la liquidez en Londres es de magnitudes inferiores a las que Beijing está acostumbrado o requiere. Además, el interés en las empresas chinas sigue siendo comparativamente bajo en este momento.

Es probable que las empresas chinas encuentren oportunidades de cotizar en bolsa más cerca de casa. Tanto el clima de inversión de la bolsa de Hong Kong como el de Shanghai son más atractivos para las empresas chinas, con mayor liquidez y requerimientos de cotización más fáciles que en la bolsa de Londres.

Pero esa opción también conlleva riesgos. Cuanto más apriete Beijing las tuercas contra Hong Kong, menos probable será que el capital occidental esté dispuesto o disponible para las empresas chinas en los mercados de Shanghai.

¿Tendrá Trump éxito en expulsar los activos de China de Wall Street?

El senador, Marco Rubio, ofrece una pista: “Si las empresas chinas quieren acceder a EE.UU., deben cumplir con las leyes y reglamentos estadounidenses de transparencia y responsabilidad financiera”.

Si la tendencia actual es un indicio—y el presidente gana la reelección en noviembre—parece una posibilidad real.

James Gorrie – La Gran Época