Por qué Joe Biden y los demócratas van a perder a lo grande

El exvicepresidente, Joe Biden, habla durante la Primer Cena Estatal Democrática en Dover, Del., el 16 de marzo de 2019. (Saul Loeb/AFP a través de Getty Images)

Comentario

Una de las diferencias cruciales, si no es que la diferencia crucial, entre América y Europa es que los americanos, en general, son más optimistas.

Ha sido así, en realidad, desde la fundación. El francés Alexis de Tocqueville reconoció este rasgo americano a principios del siglo XIX.

También ha sido corroborado por una encuesta de Pew, relativamente reciente, de 2015. Los americanos son “optimistas” mientras que los europeos son un montón de genios sombríos.

Los europeos que llegaron aquí en oleadas, escapando de la pobreza y el totalitarismo de su continente, tendían a estar entre los tipos más esperanzados y ambiciosos de su grupo, los optimistas que tomaban riesgos, amplificando el contraste entre el viejo y el nuevo mundo.

Puede ser un poco simplista —y, sí, existe una contra-narrativa ejemplificada por el ganador de Pulitzer “1619”, nuevamente nauseabundo de este año— pero el pensamiento positivo americano da cuenta también de la gran expansión de Estados Unidos como el país más poderoso del mundo.

Y ahí radica el problema básico para Joe Biden y los demócratas en el Año de la Pandemia 2020. (Obviamente tienen otros, incluyendo al propio candidato, quien parece haber invertido la tendencia reciente e hizo de los 87 los nuevos 77).

Desde lo que parece ser tiempo inmemorial, pero en realidad son apenas tres años y medio, Joe y los Demócratas han construido en gran medida sus opiniones políticas y prácticamente todo lo demás sobre críticas hacia Donald Trump como perros de ataque las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Primero fue la colusión Trump-Rusia (eliminada), luego fue un impeachment sobre… ¿qué fue?… oh, sí, unos treinta segundos de una llamada telefónica al presidente de Ucrania (también eliminada)… y ahora se trata de “la mala gestión de la pandemia”.

Los tres reflejan un tremendo error de juicio del pueblo estadounidense que De Tocqueville pudo haber explicado a los Demócratas hace doscientos años. Ellos, y sus amigos de los medios de comunicación, se han convertido, si no es que ya lo eran, en lo que Spiro Agnew (no De Tocqueville, claramente, pero esto por lo menos fue memorable) se refirió como los “nababs parlanchines del negativismo”.

Atrapados en sus sótanos, figurativa y literalmente, Biden y los demócratas tienen poco que ofrecer.

Con tres, o seis, billones ya utilizados en la pandemia y con más por venir, los billones y billones de nuevas propuestas de gastos de “todo gratis” de los izquierdistas de su cámara, Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, parecen tan extrañas que es casi imposible saber de dónde podría venir el dinero. (¿Expediciones de minería de oro hacia Alfa Centauro? Elon Musk, llame a su oficina)

¿Cómo todo esto toma sentido para Donald Trump —un eterno optimista, si es que alguna vez hubo alguno— que quiere que todos volvamos a trabajar al estilo estadounidense? (Además de ser optimistas, también somos adictos al trabajo).

Recientemente han aparecido un montón de buenas noticias para Trump —la mejor de las cuales es una nueva encuesta de la CNN de los estados disputados que muestra a Trump a la delantera, 52 frente a 45. A pesar de que Biden sigue a la cabeza, por ahora, en el voto popular, eso presagia una mayor ventaja del colegio electoral para Trump que la que tenía en 2016, cuando ya era significativa.

El alarde de Biden que apela a la clase trabajadora no parece tan bueno después de todo, especialmente desde que sus aliados —los gobernadores demócratas— han contraído un caso severo de “[síndrome de] permanecer-en-casa”, encerrando a sus ciudadanos sin un final a la vista.

Con los obreros perdiendo sus trabajos por millones mientras los demócratas ricos de cuello blanco siguen ganando sus altos salarios trabajando desde casa, el Partido Demócrata, alguna vez del pueblo, está etiquetándose a sí mismo, conscientemente o no, como el partido de las élites. Trump, no Biden, resulta ser el tribuno de la clase trabajadora.

Así que no es sorprendente que el presidente tenga una ventaja aún mayor en la única encuesta que realmente cuenta, ya que aún es pronto, la encuesta que tiene la mayor reputación de exactitud —las probabilidades de ventaja.

Allí Trump tiene una sólida ventaja de 10.2 sobre Biden, según el promedio de Real Clear Politics. Y si se mira su gráfico, se ve, en la opinión de la gente que aporta su dinero (es decir, no de los expertos), que la ventaja del presidente se está expandiendo.

Hace un par de meses, antes de que la pandemia afectara realmente, él estaba ligeramente rezagado. ¿Hacia dónde va esto? ¿Nos dirigimos hacia un exitazo?

El análisis: sí.

Roger L. Simon – La Gran Época