Los yihadistas tratan de sacar partido a la pandemia del coronavirus, que consideran un «castigo divino a Occidente»

Soldados sirios en un vehículo militar en el sur de Idlib.

Las dos corrientes mayores de la yihad global, el Estado Islámico (EI) y Al Qaeda, están intentando sacar partido de la conmoción mundial causada por el coronavirus, ya que presuponen que la crisis frenará la lucha antiterrorista en distintas partes del mundo.

En su revista Al Nabae («la noticia»), creada tras la expansión yihadista en Siria e Irak en 2014, la organización terrorista EI analiza los aspectos «morales» de la pandemia y analiza cada semana las oportunidades que ofrece la situación actual a la acción de los yihadistas y a sus objetivos.

Castigo divino a Occidente

«Dios ha repartido (…) entre los infieles algo de su castigo, y los efectos del miedo están siendo peores que el daño del virus en sí mismo», relata la editorial del semanal Al Nabae en uno de sus números recientes. El escrito agrega que la pandemia ha revelado que los países occidentales «no tienen esa fuerza y capacidad que algunos les atribuyen, y esto ha demostrado que nadie puede prevenir ni contrarrestar la voluntad de Allah».

El escrito agrega que la pandemia ha revelado que los países occidentales «no tienen esa fuerza y capacidad que algunos les atribuyen, y esto ha demostrado que nadie puede prevenir ni contrarrestar la voluntad de Allah». Añade que el «pequeño virus» ha destapado la fragilidad de los sistemas económicos en Europa y EE. UU., y su incapacidad de proteger como mínimo la sostenibilidad del empleo; además, ha paralizado el movimiento de sus ejércitos por el mundo. «Lo último en el que pueden pensar los cruzados en estas circunstancias es enviar más fuerzas al extranjero», agregó la editorial de Al Nabae.

El escrito señaló que «la peor pesadilla» de Occidente en este momento es sufrir un ataque de los yihadistas sobre sus territorios debido a que sus sistemas de seguridad y de sanidad están saturados por los esfuerzos contra el coronavirus. Por su parte, Al Qaeda relata en un documento reciente: «Es un tsunami para la economía estadounidense, ya que el desempleo golpea a 4 millones de personas, que perdieron su trabajo en pocos días. La economía ha entrado a cuidados intensivos, y necesita ventilador de respiración igual que los enfermos de la covid19».

Oportunidad para la lucha

El «Estado Islámico», que ha tratado en profundidad el tema de la covid19, apunta primero al impacto económico causado por el brote epidémico, que obligará a los países occidentales a dedicar sus esfuerzos a evitar el colapso de sus economías. Esa situación, según este análisis, empujara a las potencias internacionales a minimizar su apoyo financiero a los gobiernos del tercer mundo que sufren del terrorismo, lo que en consecuencia puede favorecer a los grupos radicales que actúan en estos estados.

En este contexto, el semanal del EI da el ejemplo de la retirada de las fuerzas estadounidenses de algunas bases de Irak, y la suspensión en este país de los entrenamientos militares auspiciados por Francia, Reino Unido y Austria.

Respecto a la situación en el Sahel, el EI ve que la crisis causada por el coronavirus acarreará la descomposición de la coalición antiterrorista local G5, formada por Mauritania, Mali, Níger, Burkina Faso y Chad, países muy pobres cuya capacidad militar reposa en gran medida en la asistencia extranjera.

El grupo terrorista ve que los gobiernos locales van a dedicar sus esfuerzos a proteger las capitales y los sitios estratégicos contra cualquier tipo de golpe de Estado o rebelión que puedan producirse como respuesta a su incapacidad para responder a las necesidades básicas de los ciudadanos. El Gobierno de Chad decidió recientemente suspender el envío de sus tropas para luchar fuera del territorio, y ello en un momento en el que la filial del EI en Sahel abre cada vez más frentes de combate en la región: Mali en su totalidad, norte y oeste de Níger y Burkina Faso.

El objetivo del EI, tal como aparece explícitamente en su revista, es obligar a las fuerzas militares del G5 a luchar lejos de sus países y dispersar de paso las operaciones de apoyo del Ejército francés entre varias zonas alejadas. La organización Al Qaeda ha dedicado varias páginas a instar a los musulmanes a ser más rigurosos en el cumplimiento de su religión, al considerar que el virus es una advertencia divina. Además, ha llamado a los ciudadanos occidentales a aprovechar el período de confinamiento para reflexionar sobre el islam y a convertirse a esa religión.

«Os llamamos para aprovechar el recogimiento en vuestras casas y contemplar las lecciones y la filosofía de este virus, que demuestra la fuerza de Allah y la debilidad del ser humano», precisa. Añade que esta crisis es también una oportunidad para «entender por qué el islam defiende la limpieza, y cómo ha establecido medidas contra el contagio de los virus desde hace 14 siglos».

Esta idea de la limpieza también le sirve para cargar contra China, al destacar el hecho de que el virus se originara en un mercado de animales «donde se venden basuras y roedores que Allah ha prohibido en todas las religiones monoteístas»

En unos argumentos que parecen dirigidos a los pueblos de Occidente, Al Qaeda llama a reflexionar sobre cómo sus Estados se han dedicado a invertir en armamento y en «caprichos expansionistas» en el lugar de preparar las necesidades básicas de sus sistemas sanitarios como las mascarillas y los respiradores.

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