Esta pandemia muestra por qué el socialismo siempre fracasa

Un hombre asiste a una manifestación para conmemorar el 30° aniversario de la masacre de la Plaza Tiananmen, en West Lawn the Capitol, el 4 de junio de 2019. (Samira Bouaou/The Epoch Times)

Comentario

En medio de la crisis del coronavirus que ha llevado a un mayor control en manos del gobierno, a expensas de la toma de decisiones individuales estamos aprendiendo por qué el socialismo ha fracasado, y siempre lo hará.

Los apologistas del socialismo y del comunismo afirman que el socialismo real nunca ha sido probado. Es decir que los fracasos de la Unión Soviética, Cuba, Venezuela y de otros estados se debieron a un mal liderazgo, en lugar de una mala filosofía política. Pero una sociedad igualitaria donde los líderes y las élites resisten a enriquecerse a expensas de los demás es imposible. Y las acciones de nuestras élites durante esta pandemia prueban el punto.

Como COVID-19 ha despojado temporalmente a los estadounidenses de muchas de nuestras preciadas libertades, dándonos un sabor temporal de la fruta agria del socialismo, estamos aprendiendo cómo se comportarían las élites si estas restricciones se volvieran permanentes.

Muchos de los que han defendido la cuarentena la están violando flagrantemente. Dos personajes de la élite infectados por COVID-19, George Stephanopoulos y Chris Cuomo, ignoraron las reglas que se supone que debemos seguir el resto de nosotros. Stephanopoulos dio un paseo sin máscara, rompiendo su autoaislamiento requerido. Cuomo, en lugar de estar en cuarentena en su sótano, como afirmaba en CNN, viajó para inspeccionar su segunda casa, que estaba en construcción. Incluso se enfrentó a un ciclista que pasaba mientras estaba enfermo.

El expresidente Barack Obama también ha violado la orden de cuarentena. Fue visto jugando al golf el día después de que su esposa grabó un anuncio de servicio público implorando a los afroamericanos que se quedaran en casa.

Peor aún es el caso del profesor Neil Ferguson, cuyo sombrío pronóstico de millones de muertes por COVID-19 llevó a medidas económicas paralizantes y órdenes masivas de confinamiento. Después de infectarse con el virus, Ferguson violó su propia recomendación de confinamiento para tener relaciones sexuales con su amante casada.

La alcaldesa de Chicago, Lori Lightfoot, es otra persona en la élite que se colocó por encima de sus propias órdenes. Ella violó una de sus prohibiciones para cortes de pelo.

Compare este enfoque egoísta con lo que les está sucediendo a las personas que no están en la élite como, Shelley Luther, propietaria de un salón de belleza. Privada de su capacidad de ganarse la vida fue encarcelada por hacer cortes de cabello con el fin de lo que, en sus palabras era, “alimentar a mis hijos”.

A diferencia de Shelley, muchas élites están usando su estatus para eludir las órdenes de refugio. Estas son las mismas personas (élites sociales, políticas y científicas) que probablemente liderarían un Estados Unidos socialista. Sus acciones encarnan un sentimiento elitista: “Lo que es lo suficientemente bueno para ti no es lo suficientemente bueno para mí”.

Si bien estos individuos son ciertamente hipócritas, el punto más importante es que este tipo de comportamiento es natural para la humanidad. El socialismo se basa en una visión poco realista y optimista de la motivación humana personificada por un famoso dicho marxista: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Estas palabras sugieren que el auto sacrificio y el autodesprecio, parte integral del éxito de las políticas redistributivas del marxismo, que se ha probado y demostrado que no funcionan, son el corazón de la naturaleza humana. Pero como hemos visto una y otra vez, la proximidad al poder estimula el comportamiento egoísta y auto-afirmante. Es por eso que aquellos en el poder se excusan de las dificultades cuando las situaciones desesperadas requieren sacrificios profundos.

Antes de concluir que este comportamiento es particular de nuestra pandemia actual, considere el exceso demostrado en 2018 por Nicolás Maduro, el líder socialista de Venezuela. Se atiborraba de una costosa cena preparada por el famoso jefe Nusret Gökçe, mientras sus compatriotas venezolanos se morían de hambre. Algunos incluso estaban lo suficientemente desesperados como para comer gatos y perros. Del mismo modo, su predecesor, Hugo Chávez, se benefició de las espaldas de las personas a las que afirmó ayudar, acumulando un patrimonio neto de USD 1000 millones.

Y no es solo Venezuela. El expresidente soviético Mikhail Gorbachev disfrutó de una extravagancia similar mientras, supuestamente, vivía en una sociedad igualitaria. Gorbachov ocupaba un lujoso apartamento de USD 15 millones, mientras sus ciudadanos sufrían en la miseria.

La tendencia a abusar del poder es tan básica para la humanidad que, hace más de 3000 años, el profeta Samuel advirtió a Israel sobre los peligros de buscar un rey. Samuel advirtió que un rey reclutaría a sus hijos, obligaría a sus hijas a trabajar, gravaría sus cosechas y entregaría sus posesiones a sus amigos. Esta advertencia todavía suena a verdad hoy. Lamentablemente, nuestras élites han demostrado esta eterna tendencia humana repetidamente durante la crisis del coronavirus.

Deberíamos prestar atención a las sabias palabras de Samuel desde la antigüedad y darnos cuenta de lo que la pandemia está confirmando hoy: cuando se les asigne la distribución de los recursos limitados de un estado socialista, los líderes y las élites invariablemente canalizarán la riqueza de otros hacia ellos mismos.

La teoría socialista ignora la influencia corruptora del poder, convirtiendo el sueño de una utopía comunitaria en una pesadilla viviente. Por eso el socialismo siempre ha fracasado, y siempre lo hará.

Chad Savage – La Gran Época