Boris Johnson cierra la puerta a los inmigrantes no cualificados: deben hablar inglés y ganar 30.000 euros al año

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido.

La inmigración fue la cuestión protagonista en la campaña del histórico referéndum de 2016, la misma en la que Boris Johnson se convirtió en el «rockstar» de la causa pro-Brexit.

Por lo tanto, ahora que ya reside en Downing Street, el primer ministro está dispuesto a «recuperar el control de la fronteras». Y esto se traduce en la mayor reforma del sistema migratorio de las últimas cuatro décadas. A partir del 1 de enero de 2021, cuando finalice el periodo de transición, todo aquel que quiera ir a trabajar a Reino Unido deberá tener previamente una oferta de empleo, hablar inglés y garantizar un salario por encima de las 25.600 libras (unos 30.800 euros) anuales, una reducción respecto a las 30.000 libras (36.000 euros) que se exige ahora a los no comunitarios.

Por lo tanto, adiós a aquellos planes que miles de españoles han venido realizado durante las últimas décadas de trasladarse a Reino Unido una temporada para aprender inglés mientras trabajaban en el sector de la hostelería o cualquier otro con que poder ganarse la vida mientras tanto.

En definitiva, se termina por completo la libertad de movimiento, no se da ninguna prioridad a los comunitarios y se cierra la puerta a aquellos no cualificados. Una auténtica revolución. «Durante demasiado tiempo, un sistema migratorio distorsionado por la libertad de movimientos europea ha fallado a la hora de cumplir con las necesidades de los británicos. Nuestra propuesta va a cambiar todo esto», señala el libro blanco publicado este miércoles por el Ejecutivo, sobre el que se desarrollará ahora la nueva legislación. «Necesitamos cambiar el foco de nuestra economía para que deje de asentarse sobre la mano de obra barata de Europa y concentrarnos, en cambio, en invertir en tecnología y automoción. Los empleados deberán adaptarse», detalla del texto.

Johnson rechaza pedir un aplazamiento

Reino Unido abandonó formalmente la UE el pasado 31 de enero. Hasta finales de año hay un periodo de transición en el que todo sigue igual mientras Londres y Bruselas negocian un acuerdo comercial. En teoría, Downing Street podría solicitar la ampliación de esta transición por uno o incluso dos años. Sin embargo, Johnson vuelve a dejar claro que quiere recuperar cuanto antes el control de sus fronteras.

La ministra de Interior, la euroescéptica Pitri Patel, recalcó que «lo adecuado es que la gente hable inglés» antes de viajar a Reino Unido y que «tenga una ruta patrocinada, ya sea a través de un empleo o bien de una institución académica».

«Queremos animar a aquellos con talento y formación venir y queremos terminar o reducir el número de aquellos que vienen con poca cualificación», matizó.

Las nuevas normas también se aplicarán a los estudiantes, que tendrán que demostrar que son capaces de «vivir por sí mismos» (en definitiva, que no suponen un coste para el sistema), aunque podrán permanecer en Reino Unido y trabajar durante dos años después de la graduación. Por su parte, aquellos que quieran viajar como turistas podrán hacerlo por un periodo de seis meses. Sin embargo, si quieren quedarse posteriormente a trabajar, deberán salir primero del país y pedir un visado específico de trabajo.

Temor y críticas de los empresarios

Sin facilidades para los no cualificados, los empresarios expresan ahora sus temores, sobre todo aquellos del sector servicios. Pero el documento del Gobierno indica que los comunitarios que ya están en Reino Unido –aquellos que tienen derecho a quedarse tras el Brexit y a los que no se les aplicarán las nuevas normas– «otorgarán a las empresas la flexibilidad necesaria para cumplir con las necesidades del mercado». Por otra parte, el Ejecutivo ha tratado de satisfacer las preocupaciones de la industria hortícola sobre el reclutamiento de empleados para las cosechas. El año pasado, la escasez ya provocó el desperdicio de productos como más de mil toneladas de manzanas, por ejemplo. En este sentido, el Gobierno se ha comprometido a permitir que unos 10.000 inmigrantes poco cualificados puedan entrar cada año un periodo de seis meses para las cosechas.

El nuevo sistema británico será por puntos y está inspirado en el australiano, uno de los más duros del mundo. Eso significa que todo aquel que desee mudarse a trabajar al país a partir del próximo año, aparte de pagar la visa que se exige ahora a los no comunitarios (unos 1.500 o 1.150 euros, para casos de gran cualificación y demanda), deberá obtener además 70 puntos a partir de diferentes baremos.

Los requerimientos obligatorios son en primer lugar tener una oferta de empleo patrocinada por la empresa (20 puntos), que el empleo sea cualificado (20 puntos) y un nivel de inglés B1 (20 puntos). Por otra parte, según el salario se recibirá más o menos puntuación. Aquellos entre 20.480 y 23.039 libras no obtendrán ningún punto, mientras que los que ganen 25.600 libras o más podrán obtener 20 puntos. Por último, se puede sumar más si es un empleo cualificado, como por ejemplo médico, o se tiene un doctorado.

Se cierra la puerta también a los trabajadores autónomos que llegaban hasta ahora al país sin trabajo, como miles de fontaneros polacos o albañiles rumanos. En esa línea, en la frontera ya no se aceptarán tarjetas de identificación de países como Francia e Italia, ya que muchos de inmigrantes de fuera de la UE usaban documentos falsos o robados.

Tampoco se puede decir ahora que el anuncio haya pillado por sorpresa. El plan estaba en el manifiesto del Partido Conservador con el que Johnson ganó con mayoría absoluta las elecciones del pasado mes de diciembre. Había voces que aseguraban que el primer ministro seguía siendo en el fondo un liberal, que algo de él quedaba de su época como alcalde de la cosmopolita metrópoli londinense, cuando defendía la aportación de los inmigrantes a la sociedad. Pero con el anuncio de este miércoles, el líder «tory» deja claro que sus supuestas creencias personales no interfieren con sus instintos políticos.

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