Hong Kong, el David del Goliat Chino

Hagamos votos porque el ejemplo de David alimente el coraje de estos valientes que luchan por la libertad en Hong Kong.

Por medio de la explotación del trabajo esclavo y de la manipulación de su moneda, China Comunista se ha transformado en los últimos 20 años de una nación de segundo orden en una potencia económica que amenaza la hegemonía mundial de los Estados Unidos. Con anterioridad a este período, las naciones desarrolladas ignoraron el peligro chino. Cuando finalmente se dieron cuenta, trataron de conjurar dicho peligro admitiendo a China Comunista en la Organización Mundial de Comercio el 11 de diciembre de 2001.

El objetivo fue obligar a China a respetar las reglas del juego en el complicado mundo del comercio mundial. Pero los mandamases chinos, taimados e inescrutables, no agradecieron el gesto. Por el contrario, se sintieron envalentonados para imponer condiciones onerosas y robar los secretos de las compañías internacionales deseosas de utilizar la mano de obra esclava facilitada por los jerarcas comunistas chinos.

Por su parte, los presidentes norteamericanos cerraron los ojos ante este bochornoso chantaje perpetrado por los gobernantes comunistas chinos en contubernio con las avariciosas empresas estadounidenses. Pero llegó Donald Trump, el nacionalista consumado y el disociador por excelencia, que está poniendo fin a esta deplorable vergüenza. Un presidente empeñado en crear condiciones más justas y equilibradas en el comercio entre ambos países.

Dentro de este tenso escenario se produce el fenómeno de la rebelión abierta de los habitantes de Hong Kong contra la mano férrea de la tiranía comunista china. Unos facinerosos que−tal como hizo Joseph Stalin en Yalta y en Postdam−firman cualquier documento porque no van a respetar ninguno. Y eso es precisamente lo que han hecho los comunistas chinos con la Declaración Conjunta que firmaron el 27 de mayo de 1985 con Gran Bretaña cuando ésta les devolvió el territorio de Hong Kong.

De acuerdo con el principio de “un país, dos sistemas” creado por la declaración suscrita por el Reino Unidos y la República Popular China, el sistema socialista de Pekín no sería puesto en práctica inmediatamente en Hong Kong. El sistema capitalista de Hong Kong y su modo de vida se mantendrían intactos por un período de 50 años, hasta el año 2047. Pero el dictador vitalicio de China Comunista, Xi Jinping , ha decidido ignorar el compromiso y dado pasos para acelerar el tránsito de Hong Kong del capitalismo al socialismo.

Xi es, después de todo, el dirigente comunista que ha logrado un poder casi absoluto sobre el sistema político chino. De hecho, ha acumulado más poder en su primer término de gobierno que el propio Mao Zedong. A tal punto, que ha logrado eliminar el límite de dos períodos de gobierno del presidente chino y lo ha convertido en vitalicio con el voto obediente de 2,964 delegados a favor frente a dos en contra y tres abstenciones. Xi es también el tirano que desde 2014 mantiene a más de UN MILLÓN de musulmanes de la secta Uyghur en campos de concentración, eufemísticamente llamados “Centros vocacionales de Educación y Entrenamiento.” Los hongkoneses han demostrado no estar dispuestos a aceptar la mano opresiva y totalitaria del socialismo chino.

Por eso propiciaron el 24 de noviembre una tremenda paliza en las urnas a la Jefa de Gobierno, Carrie Lam y a los demás aliados de Xi en Hong Kong. El mayor partido pro-democracia hongkonés obtuvo casi el 90% de los 452 puestos de concejal de distrito, según dijo el lunes el líder del grupo, Wu Chi-wai. El resultado les daría el control de 17 de los 18 consejos de distrito, algo sin precedentes. “No es menos que una revolución. Es una victoria demoledora”, dijo Willy Lam, experto político en la Universidad China de Hong Kong.

Ahora bien, si los hongkoneses se imaginan que han ganado la guerra están totalmente equivocados. Según observadores del panorama chino y si tenemos en cuenta la postura rígida mostrada hasta ahora por los gobernantes comunistas, las probabilidad de que Pekín ofrezca nuevas concesiones a corto plazo sigue siendo escasa. De ahí que estemos en presencia de una versión moderna de la confrontación emblemática entre David y Goliat.

La historia sagrada nos cuenta que durante cuarenta días seguidos, y a mañana y tarde, el filisteo Goliat estuvo desafiando a los israelitas. Entonces David le dijo a Saúl: “Que no se desanime nadie por causa de ese filisteo; este siervo tuyo irá a pelear contra él”. Y cuando el poderoso filisteo se encaminó para encontrarse con David, éste rápidamente se colocó en línea de combate frente al filisteo, metió su mano en el morral y, sacando una piedra, la colocó en su honda y la arrojó con fuerza al filisteo. La piedra se incrustó en la frente de Goliat, y éste cayó con la cara al suelo. ¡Se había salvado Israel! Hagamos votos porque el ejemplo de David alimente el coraje de estos valientes que luchan por la libertad en Hong Kong.

Por un rato, Donald Trump mantuvo un silencio cauteloso para no poner en peligro sus negociaciones comerciales con Pekín, pero al final no tuvo otra alternativa que ponerse del lado correcto de la historia. El 27 de noviembre firmó dos proyectos de leyes extrañamente aprobados por mayoría abrumadora de legisladores demócratas y republicanos. El primero estipula sanciones contra funcionarios de Hong Kong y de China Comunista que sean culpables de violaciones de derechos humanos. El segundo prohíbe la exportación de ciertos armamentos y municiones letales destinados a la policía de Hong Kong.

Como era de esperar, la reacción de China Comunista fue furiosa y categórica. Citó al embajador de los Estados Unidos en Pekín y amenazó con tomar medidas severas contra lo que calificó como “interferencia norteamericana en los asuntos internos de China Comunista”. Como de costumbre, Donald Trump le echó agua al fuego declarando que había firmado los proyectos de ley “por respeto al Presidente Xi, China y el pueblo de Hong Kong“. Pero no tengo dudas de que esas declaraciones contemporizadoras no serán capaces de aplacar la furia de Xi Jinping.

La pregunta que se hacen muchos en estos momentos es si las leyes firmadas por Trump descarrilarán las conversaciones comerciales entre los dos países. Yo no lo creo. Los Estados Unidos y China Comunista tienen pautado otro ciclo de conversaciones para el próximo 15 de diciembre que son esenciales para la continuación del proceso. Ninguno de los dos países quiere ponerlo en peligro.

China confronta la carga adicional de una economía que es la de más lento crecimiento en varias décadas. Los Estados Unidos, por su parte, quieren evitar altos costos e inconvenientes económicos a los consumidores norteamericano, especialmente en un año de elecciones. Todo el mundo saldría perdiendo, incluso la estabilidad de la economía global.

Por lo tanto, los heroicos habitantes de Hong Kong no pueden esperar por el momento otro apoyo que el de las palabras, ya provengan de los Estados Unidos o del resto del mundo. Como David tienen que enfrentarse a su Goliat sin otras armas que las de sus principios y de su compromiso con la libertad. Su triunfo sobre la tiranía china sería un verdadero milagro, pero no sería el primero en la historia de la humanidad. Se produjo hace milenios con los israelíes y en tiempos recientes con los pueblos cautivos del infierno soviético. Roguemos porque así sea.

Alfredo M. Cepero – La Nueva Nación