El Papa Francisco clama en la Misa del Gallo contra la ingratitud y llama a valorar el amor incondicional de Dios

El Papa Francisco.

El Papa Francisco ha oficiado este martes la tradicional Misa del Gallo en la Basílica de San Pedro y en su homilía ha hablado del amor de Dios «que es gratuito» y que «ama a cada hombre, incluso al peor».

En la misa de Nochebuena en la que los católicos conmemoramos el nacimiento de Dios, Francisco ha lamentado que «nuestras vidas a menudo transcurren lejos de la gratitud» y que «hoy es el día adecuado para acercarse al sagrario, al belén, al pesebre, para agradecer».

La ceremonia, que desde hace varios años se celebra a las 21:30 horas y no a medianoche, ha comenzaado con el anuncio del nacimiento del Señor con la lectura del antiguo texto de la Calenda.

Después el Papa, de 83 años, ha retirado el velo puesto sobre una imagen del niño Jesús colocado ante un trono situado delante del altar y lo ha besado, mientras sonaban las campanas para anunciar el nacimiento de Dios.

Ante las cerca 10.000 personas reunidas en la Basílica vaticana, el Papa ha reflexionado en su homiía sobre lo que significa la «gracia» del nacimiento de Jesús, que, ha dicho, es «el amor divino, el amor que transforma la vida, renueva la historia, libera del mal, infunde paz y alegría».

«Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros» y es algo gratuito, ha subrayado Francisco en la séptima Navidad de su pontificado.

«Mientras que aquí en la tierra todo parece responder a la lógica de dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo», ha explicado.

Y ha asegurado que «la Navidad nos recuerda que Dios sigue amando a cada hombre, incluso al peor» y «aunque no estemos a la altura».

«Dios no te ama porque piensas correctamente y te comportas bien; Él te ama y basta. Su amor es incondicional, no depende de ti. Puede que tengas ideas equivocadas, que hayas hecho de todo; sin embargo, el Señor no deja de amarte», ha dicho.

Ha explicado que a veces se piensa que «Dios es bueno si nosotros somos buenos, y que nos castiga si somos malos», pero ha asegurado que «no es así».

«Aun en nuestros pecados continúa amándonos. Su amor no cambia, no es quisquilloso; es fiel, es paciente», ha agregado.

Ha dicho que Jesús «nació pobre de todo, para conquistarnos con la riqueza de su amor» y ha recordado que en esta noche «el amor venció al miedo, apareció una nueva esperanza, la luz amable de Dios venció la oscuridad de la arrogancia humana».

«¡Humanidad, Dios te ama, se hizo hombre por ti, ya no estás sola!», ha clamado.

Para Francisco «convertirse en don es dar sentido a la vida y es la mejor manera de cambiar el mundo: cambiamos nosotros, cambia la Iglesia, cambia la historia cuando comenzamos a no querer cambiar a los otros, sino a nosotros mismos, haciendo de nuestra vida un don».

«Tampoco nosotros podemos esperar que el prójimo cambie para hacerle el bien, que la Iglesia sea perfecta para amarla, que los demás nos tengan consideración para servirlos. Empecemos nosotros», ha recomendado.

Al final de la misa, el Papa ha llevado la estatua del niño Jesús en procesión al pesebre de la Basílica vaticana, acompañado por doce niños provenientes de diversos países del mundo. Un diácono ha devuelto al niño Jesús al pesebre y Francisco se ha detenido ante la imagen en oración.

Jorge Bergoglio volverá hoy a asomarse al balcón de la Logia central de la Basílica de San Pedro del Vaticano, igual que cuando fue elegido Papa en 2013, para leer su mensaje de Navidad e impartir la tradicional bendición «Urbi et Orbi» (a la ciudad y al mundo).

Con la misa de hoy comenzaron los actos de Navidad, que continuarán con el mensaje y la bendición del día de Navidad, la oración del Ángelus del 26 de diciembre, y el rezo de las vísperas de Nochevieja y la misa de Te Deum, de agradecimiento por el nuevo año del 1 de enero.

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