Los suecos están huyendo

Hay movimiento entre los suecos. Los problemas en muchos municipios están llevando a los suecos a marcharse a otras zonas con menos problemas socioeconómicos. El asunto ha llamado la atención recientemente de los grandes medios suecos.

Véase la pequeña y pintoresca localidad de Filipstad (10.000 habitantes), por ejemplo. La televisión sueca realizó hace poco un documental sobre la ciudad, que sufre una crisis económica y existencial.

«Estamos experimentando un intercambio de población. Pueden pensar lo que quieran de eso… Pero es simplemente una constatación de los hechos que estamos viviendo y con los que tenemos que lidiar», dice Jim Frölander, responsable de integración del Ayuntamiento de Filipstad. Entre 2012 y 2018, 640 nativos suecos abandonaron la ciudad, y 963 personas de origen extranjero se mudaron a ella. Los que se marchan son personas en edad de trabajar (20-64), lo que significa que los ingresos del municipio están menguando, exacerbando así la crisis económica de la ciudad.

El mayor influjo de inmigrantes llegó durante la crisis migratoria de 2015. Filipstad, según el documental, fue uno de los municipios que recibió el mayor número de inmigrantes respecto al porcentaje de su población. Claes Hultgren, líder del municipio, escribió en el último informe financiero de Filipstad:

«En Filipstad, hay unos 750 adultos de Siria, Somalia, Eritrea, Afganistán e Irak (…) En este grupo, el paro y la dependencia son muy altos, mientras que los niveles educativos son muy bajos. Este grupo corre el riesgo de acabar en una exclusión eterna que ya está sobrecargando la economía municipal.»

Hultgren explicó que muchos de los recién llegados no están cualificados para entrar en el mercado laboral.

«Son quizá demasiado viejos y analfabetos, o tienen un nivel educativo muy bajo. Debemos aceptar que habrá algunas personas que necesitarán el apoyo de la sociedad para su subsistencia.»

Según el documental, hay un 80% de paro entre los residentes extranjeros no occidentales de la ciudad, a pesar de la grave falta de profesores y enfermeros. En diez años, el gasto de Filipstad en asistencia social ha aumentado un 200%; desde los 10 millones de coronas (1 millón de dólares) en 2009 a casi los 30 millones (3,1 millones de dólares) en 2018. La proyección para 2019 es de 31 millones de coronas suecas (3,2 millones de dólares). Este año, Filipstad no tiene los 30 millones de coronas en su presupuesto.

Filipstad no es ni mucho menos el único municipio sueco que está experimentando estos problemas.

Como consecuencia de aceptar tantos inmigrantes en un periodo de tiempo relativamente corto, no sólo durante la extraordinaria crisis migratoria de 2015, sino en general entre los años 2012-2017, los ayuntamientos están luchando contra el alto paro, el aumento de la pobreza infantil y un aumento del gasto en asistencia social, según Frölander.

«Se vuelve mucho más visible en los municipios pequeños. No se puede aislar [el problema] en un suburbio y después [fingir] que «todo va como siempre», porque afecta al conjunto de esa sociedad y eso es lo que va a pasar en toda Suecia, también».

Frölander insiste en que él no está contra la inmigración y que piensa que los inmigrantes son «buenas personas».

Cada cuarto municipio y cada tercera región, según un informe de la Asociación Sueca de Autoridades Locales y Regiones (SKL), tuvo un déficit presupuestario en 2018, escribió hace poco la periodista Lotta Gröning en un artículo de opinión en el periódico sueco Expressen. Se supone que los ayuntamientos van a recibir 5.000 millones de coronas (517 millones de dólares) adicionales al año durante tres años, pero Gröning escribe que esa cantidad no es ni mucho menos suficiente, ya que siguen «faltando» 22.000 millones de coronas (2,27 miles de millones de dólares).

«Simplemente, no hay suficiente dinero para los colegios y la atención [médica], el núcleo del Estado del bienestar socialdemócrata. La ola de refugiados supuso una tremenda presión, sobre todo en los municipios más pobres, y ahora el coste de la asistencia social está aumentando. Además, la población está envejeciendo, y a esto se suma una próxima recesión (…)

«Las críticas [al Gobierno] no sólo proceden de los políticos locales, también del exlíder del partido [Socialdemócrata] Göran Persson, que advierte de la posición vulnerable de los ayuntamientos. El presidente de LO, Karl-Petter Thorwaldsson, también miembro del comité ejecutivo del partido, advierte a Stefan Löfven [primer ministro] de la crisis de los ayuntamientos y exige que se actúe (…)»

Los suecos están marchándose de sus pueblos y ciudades por otros motivos también, como la falta de seguridad personal. Las noticias frecuentes de violencia de bandas, agresiones, disparos, artefactos explosivos y coches incendiados han pasado factura. El 31 de agosto, Aftonbladet publicó un reportaje sobre Emma Zetterholm, que decidió irse de Malmö con su familia después de haber vivido 18 años en la ciudad. «Sigo amando Malmö, pero mi familia y yo no podemos vivir aquí», le dijo al periódico. «La violencia se iba acercando cada vez más a mí, a mis familiares, a mis amigos y compañeros».

Hace seis años, Zetterholm se mudó a una zona idílica con villas antiguas. Pero muy pronto, las noches se llenaban de coches incendiados, disparos y explosiones. Había abierto un club nocturno ilegal en la zona y el ruido que lo rodeaba —explosiones y disparos— duraba toda la noche. Los vecinos que se quejaron recibieron amenazas verbales y les tiraron piedras a sus ventanas. Un día, un hombre fue asesinado a plena luz del día, cerca de un parque infantil lleno de gente. Otras veces, los niños casi reciben balazos que habían atravesado las ventanas.

Zetterholm explica que sentía que la situación de su familia era extraña, pero que seguía intentando convencerse a sí misma de que no era peligroso. Dice que se siente «horrible» al ser parte de una tendencia donde las clases medias blancas con estudios huyen de las áreas problemáticas.

«He intentado defender Malmö —dijo—, pero cuanto más tiempo pasa, más te das cuenta de que no mejora, de que al final vas a acabar perdiendo tu capacidad de recuperación». Al menos diez familias se han marchado de la zona, dijo, y muchas se han ido al sur de Suecia.

Muchos suecos están marchándose de sus ciudades, pero algunos han decidido abandonar el país directamente. El 4 de septiembre, se produjo una explosión delante de un edificio de apartamentos en Malmö. La explosión se oyó en muchas partes de la ciudad. Un vecino danés del barrio, Magne Juul, le dijo al Kvällsposten que después del último bombazo, está considerando volverse a Dinamarca después de haber vivido 15 años en Malmö.

El exministro de Trabajo Sven Otto Littorin, que ahora vive y trabaja en Dubái, escribió hace poco en su página de Facebook:

«No puedo decir que lamente la decisión de haberme mudado al extranjero. Hemos venido a un país con una de las tasas de delitos denunciados más bajas del mundo. La pregunta es si uno se atreve y quiere a volver [a Suecia].»

Littorin, que también fue secretario del Partido Moderado, se vio obligado a escribir su nota después de leer sobre un chico sueco que había sufrido maltratos y robos y cuya vida estaba amenazada por las pandillas, mientras las autoridades suecas le dicen que no lo denuncie a la policía porque «empeoraría» las cosas para él. «Fue uno de los textos más viles que he leído en mucho tiempo», escribió el exministro sobre la historia.

«Como padre, te enfadas, te desesperas… El resultado es que aquellos que pueden y se lo pueden permitir, se mudan. De Uppsala o Saltsjö Boo. A una parte más tranquila de la ciudad o al extranjero. Los que no tienen las mismas oportunidades [para mudarse] se quedan donde están. Es devastador…»

Suecia, sin embargo, como ha documentado la Oficina Central de Estadísticas de Suecia, está entre los países con el mayor porcentaje de residentes que experimentan problemas en las zonas donde viven. En 2017, según la Oficina Central de Estadísticas de Suecia, «en torno al 13% de la población de Suecia experimenta problemas con la delincuencia, la violencia o el vandalismo en sus propias áreas residenciales. Es uno de los porcentajes más altos de Europa». En comparación, los demás países nórdicos se situaban entre los países con los porcentajes más bajos de la población que experimenta dichos problemas en sus propias áreas residenciales. En Noruega, alrededor del 4% experimenta problemas con la violencia, la delincuencia y el vandalismo. Los porcentajes correspondientes para Dinamarca y Finlandia eran del 8% y el 6% respectivamente.

No es de extrañar, pues, que muchos suecos opten por abandonar sus casas, o buscar ciudades suecas que funcionen mejor, o directamente otros países.

Judith Bergman – Gatestone Institute

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