La izquierda se quitó la careta

El dictador chino Xi Jinping.

Estos señores sobre pagados sólo se atreven a actuar con valentía donde sus bolsillos no sufren consecuencias adversas.

A principios de este mes, el Gerente General de los Houston Rockets, Daryl Morey, cometió el error imperdonable de defender la libertad y condenar la violación de los derechos humanos como miembro de un medio deportivo plagado de hipocresía y gobernado por la avaricia. Morey publicó una imagen en Twitter que incluía un lema cantado con frecuencia en las protestas hongkonesas contra la dictadura de China Comunista. El lema en cuestión decía: “Lucha por la libertad apoyando a Hong Kong”.

La respuesta del gobierno chino fue inmediata y categórica. Amenazó a la Asociación Nacional de Basketball con cerrarles el acceso a un lucrativo mercado chino que asciende a 4,000 millones de dólares al año. Con esta amenaza, Xi Jinping demostró que, a la hora de la libre expresión, China Comunista no son los Estados Unidos y que con él no pueden tomarse las libertades que se toma la NBA con Donald Trump.

En este caso, Daryl Morey se equivocó por partida doble, subestimó la naturaleza represiva de la dictadura china e ignoró la avaricia galáctica de la Asociación Nacional de Basketball. No se dio cuenta de que cuando denunció las acciones represivas de un régimen liderado por un dictador vitalicio como Xi Jinping habría de sufrir las consecuencias de su osadía. Olvidó el refrán de “poderoso caballero es don dinero“. Y pensó que podría actuar en China Comunista con la misma impunidad con que gerentes y jugadores de la NBA actúan en los Estados Unidos.

Porque, en este país, la NBA es considerada como la organización deportiva que concede mayor libertad a sus miembros para pronunciarse en cuestiones políticas sin temor a sufrir consecuencias. LeBron James ha atacado al Presidente Trump utilizando los adjetivos más insultantes. Le ha dicho a sus fanáticos: “Desde mi plataforma utilizaré mi voz, mi pasión y mi dinero para decirle a los jóvenes que hay esperanzas de una vida mejor. Que ningún individuo puede impedir que nuestros sueños se conviertan en realidad.”

Pero LeBron James no está solo. Hay otros como Doc Rivers, Gregg Popovich, y Russell Westbrook que se han pronunciado en forma similar. Hasta el equipo campeón de los Golden State Warriors llegó al extremo de rechazar una invitación de Trump a la Casa Blanca y, en cambio, reunirse con el ex presidente Barack Obama. La prensa comprometida con la izquierda habría puesto el grito en el infierno si Donald Trump hubiera sido un presidente negro.

Volviendo al tema central de este trabajo, la NBA puso en marcha un plan acelerado para enmendar este error de 4,000 millones de dólares. Empezó por instruir a Daryl Morey que borrara su tweets de las redes sociales y ordenó a sus atletas más connotados que profirieran un “mea culpa” que aplacara la ira de Xi Jinping. James Harden, un jugador de los Rockets y una de las estrellas más grandes del deporte del basketball hizo un acto de contrición desde un hotel de Tokio diciendo: “Pido perdón, amo a China y me encanta jugar allí.”

Veamos, Harden y los magnates de la NBA piden perdón por defender la libertad y los derechos humanos de los habitantes de Hong Kong. Un total predominio de la avaricia sobre los principios. El destape absoluto de una banda de hipócritas, de cínicos y de cobardes que critican al gobierno de su país y se arrodillan ante un dictador que encarcela a millones de musulmanes en campos de concentración y vende en el mercado internacional los órganos de los reos que condena a muerte. Estos señores sobre pagados sólo se atreven a actuar con valentía donde sus bolsillos no sufren consecuencias adversas.

Al mismo tiempo, padecen de una total ignorancia en lo relativo a la relación del poderío entre las naciones y de su impacto sobre los acontecimientos mundiales. Después de todo, reciben compensaciones millonarias por el simple talento de pasar una pelota de cuero por el centro de un aro metálico. Quizás sería pedirles demasiado que estuvieran conscientes de las aspiraciones imperiales de China Comunista y de su plan para sustituir a los Estados Unidos como primera potencia del mundo.

En este sentido, Xi Jinping ha puesto en marcha un plan llamado “Un cinturón, un camino” a través del cual China Comunista invierte en proyectos de infraestructura en países de Europa y de Asia Central. El objetivo es crear una zona de influencia donde China Comunista sea el poder central. Según algunos expertos, en términos de escala y de alcance, este plan es doce veces mayor que el Plan Marshall, la iniciativa de los Estados Unidos para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Con una economía cuatro veces la de Rusia, Xi Jinping es un adversario más formidable y peligroso que Vladimir Putin.

Por eso es importante tener presente que China Comunista ya no se conforma con superar a los Estados Unidos como potencia económica sino que se propone superarlos como potencia militar. Con un ejército superior a los 2 millones de soldados y 500 mil reservistas, China Comunista tiene hoy el tercer ejército del mundo, superados únicamente por los Estados Unidos y por la India. Al mismo tiempo, ha reafirmado sus aspiraciones territoriales en el Mar del Sur de la China con la construcción de 250 islas, atolones y cayos en una zona donde no existe población alguna. Los jerarcas chinos parecen estar decididos a demostrar el viejo adagio de que “la posesión es el 90 por ciento de la ley”. Y hasta el momento, el mundo los ha dejado salirse con la suya.

Por otra parte, las potencias occidentales, comenzando por los Estados Unidos, cometieron el grave error de pensar que si aceptaban a China Comunista como socio igualitario en la Organización Mundial de Comercio, Pekín respetaría las normas comerciales y adoptaría la cultura de Occidente. Lo que ha ocurrido es totalmente lo contrario. Pekín no solo se niega a adoptar las normas comerciales occidentales sino insiste en un proteccionismo que está haciendo daño a las economías de países desarrollados.

Y más preocupante todavía, es el hecho de que los chinos están demostrando que no solo aspiran a dominar a Occidente en lo económico y superarlo en lo militar sino a imponer su cultura ancestral y milenaria sobre el resto del mundo. Cuando los indios americanos vestían con taparrabos y los guerreros europeos luchaban con ballestas ya los chinos habían descubierto la pólvora . Los chinos utilizaron la pólvora con fines militares a principios del Siglo X, trescientos años antes de que fuera utilizada en Europa en el Siglo XIII.

Por lo tanto, los chinos no quieren parecerse a nosotros sino que nosotros nos parezcamos a ellos. Eso sería desastroso para estos izquierdistas que se han quitado la careta y puesto la avaricia por encima de la libertad. Se les acabarían los lujos y serian reducido a la condición de esclavos mal pagados de un estado insaciable, despiadado y todopoderoso.

Alfredo M. Cepero – La Nuena Nación