Hipocresía en América: reconocen a Guaidó pero abandonan a Venezuela

Chile, Perú, Panamá y Costa Rica se niegan a respaldar un posible uso de la fuerza en Venezuela, una de las opciones establecidas en el TIAR. (Twitter)

Los países que se niegan a conformar una coalición militar internacional tiene mejores planes o ideas de cómo salir de la dictadura.

Gobiernos de la región que han manifestado su respaldo al presidente (e) de Venezuela, Juan Guaidó, han preferido ignorar su petición de aplicar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Enfrentan una crisis migratoria venezolana sin precedentes y deploran las constantes violaciones a los derechos humanos por parte de la dictadura chavista, pero se oponen a la conformación de una coalición que permita sacar del poder a Nicolás Maduro. Sus acciones se limitan a emitir comunicados.

Este miércoles 11 de septiembre, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó mayoritariamente la activación del TIAR, arguyendo que el régimen de Maduro en una amenaza para la paz y la seguridad de Venezuela y la región. Sin embargo, países como Chile, Perú, Panamá y Costa Rica se niegan a respaldar un posible uso de la fuerza en Venezuela, una de las opciones establecidas en el tratado internacional.

Es paradójico que los Gobiernos de la región afirmen con contundencia que Maduro es un dictador y que ha perpetrado crímenes de lesa humanidad, pero que opten por pronunciamientos tibios en vez del uso de la fuerza para sacar al chavismo del poder. Hasta ahora, ninguno de los países que se niega a una coalición militar internacional tiene mejores planes o ideas de cómo salir de la dictadura. Tampoco ha implementado medidas contundentes que ayuden a la finalización de la dictadura en Venezuela y mantienen relaciones comerciales con países que sostienen al régimen.

Perú, por ejemplo, es el segundo país que más ha recibido venezolanos en esta crisis migratoria sin precedentes, pero también es una de las naciones que ahora exige visa para ingresar a su territorio a los ciudadanos que huyen de la dictadura.

Si bien Perú se convirtió en la punta de lanza a la hora de ser sede y creador del Grupo de Lima, y ha manifestado su respaldo a Guaidó, por primera vez decide no apoyar la solicitud del presidente interino de Venezuela, quien ha manifestado que el régimen de Maduro no tiene intenciones de salir por vía la pacífica.

En la sesión de la OEA, Gustavo Tarre Briceño, representante del Gobierno Guaidó, pidió pasar «de las palabras a los hechos». Su petición fue ignorada por países como Costa Rica, Panamá y Perú.

Es muy fácil dar declaraciones de que mejor es seguir dialogando, estamos conversando con un régimen que no quiere salida negociada, esto nos obliga a ver qué debemos hacer, estamos abiertos a todas las ideas que puedan surgir, siempre y cuando tenga como objetivo la salida de un régimen asesino.

Que Costa Rica y Panamá decidieran abstener su voto no sorprende, pues los nuevos Gobiernos de esos países se inclinan más a una posición «bajo perfil» y de «no intervención», aun cuando aseguran que respaldan al presidente Guaidó. Pero Perú, que se había alineado al Grupo de Lima, Colombia y Estados Unidos, decidió apartarse, abstenerse e ignorar el pedido del legítimo Gobierno de Venezuela.

Chile, por su parte, también sorprendió en la sesión del Consejo Permanente de la OEA, pues aunque no se abstuvo a la hora de votar por la aplicación del TIAR, dejó claro que «nunca» respaldará el uso de la fuerza. Esto, a pesar de conocer que el régimen de Maduro mantiene alianza con grupos terroristas, de narcotráfico, y además viola diariamente los derechos humanos de los venezolanos.

Tanto el presidente Sebastián Piñera, de Chile, como Martín Vizcarra, de Perú, han calificado al régimen de Maduro como una dictadura, y han sido testigos de los nueve diálogos que han fracasado. Pese a esto, se oponen a una intervención.

Un análisis escrito por el catedrático y columnista Héctor Schamis, publicado en el diario El País, señala que en el caso de Venezuela «la solución diplomática sería lo ideal». Sin embargo, asegura que «el problema es que, en política, lo ideal pocas veces tiene lugar en la realidad».

De acuerdo con Schamis, las peores dictaduras y regímenes en el mundo lograron conseguir su salida gracias a una intervención militar; situaciones que se asemejan mucho a la crisis que enfrenta hoy Venezuela:

Las tapas de los periódicos del mundo con dichas imágenes sirvieron para consolidar la reputación definitivamente criminal de Maduro, un cierto Milosevic en el Caribe.

El especialista recordó que «sin tropas americanas Milosevic no habría acudido a la mesa de negociación diplomática. Mucho menos habría muerto como prisionero en La Haya en 2006».

«La comunidad internacional debe entender, de una vez por todas, que la transición democrática venezolana no será desde un régimen autoritario como el de Pinochet, Videla, Franco o el Apartheid. Todas esas eran autocracias con una definición política e ideológica, y como tal dispuestas a la negociación cuando les llegó su hora. La de Maduro es la dictadura de una organización criminal en poder del Estado, involucrada en el lavado y el narcotráfico, y cómplice de grupos terroristas colombianos y extraregionales», sentenció.

El panorama es oscuro para Venezuela, un territorio que cada vez está más aislado y arruinado, con una población que enfrenta una crisis de un país en guerra, con la inflación más alta del mundo, los salarios más bajos de la región y una escasez de medicamentos y alimentos única en su historia.

La comunidad internacional hoy habla de elecciones democráticas, pero aún no hay cambios en el chavista Consejo Nacional Electoral (CNE) y Maduro se mantiene en el poder. Mientras, la crisis se recrudece y no se vislumbran avances.

La dictadura ha dejado claro que no abandonará el poder. También ha demostrado que no le importa asesinar a venezolanos inocentes, tener bajo su poder a centenares de presos políticos y que ha sabido, pese a las sanciones internacionales, mantenerse a flote gracias al narcotráfico, al robo del oro y las reservas internacionales.

Sabrina Martín – PanamPost