Un lobby islamista presiona para coartar la libertad de expresión en Occidente, según el Gatestone Institute

Foto de familia de los asistentes a una reunión de la Organización de Cooperación Islámica.

La prestigiosa analista Judith Bergman acaba de revelar en las páginas del Gatestone Institute cómo la Organización de Cooperación Islámica (OIC, por sus siglas en inglés) está intentando poner coto a tu libertad de expresión en diferentes países occidentales.

Bergman destaca cómo, de un modo irónico, el «Primer Foro Islámico-Europeo para examinar formas de cooperación para poner coto al discurso del odio en los medios», tuvo lugar el pasado mes de junio en el Press Club Brussels Europe.

El director del departamento de información de la OIC, Maha Mustafá Aqel, explicó que el foro es parte de la estrategia mediática para contrarrestar la «islamofobia»:

«Nuestra estrategia se centra en interactuar con los medios, el sector académico y los expertos en varios temas relevantes, además de interactuar con los gobiernos occidentales para generar conciencia, apoyar los esfuerzos de los organismos de la sociedad civil musulmana en Occidente e implicar a esta última en el desarrollo de planes y programas para contrarrestar la islamofobia».

A diferencia de todas las demás organizaciones intergubernamentales, el OIC ostenta poder religioso y político. Se define como:

«La segunda mayor organización intergubernamental después de Naciones Unidas con 57 países miembros repartidos en cuatro continentes. La Organización es la voz colectiva del mundo musulmán […] que apoya todas las causas que más interesan a los más de 1.500 millones de musulmanes en el mundo».

Bergman explica cómo según la carta fundacional de la OIC, uno de los objetivos de la organización es «diseminar, promover y preservar las enseñanzas y valores islámicos basados en la moderación y la tolerancia, promover la cultura islámica y salvaguardar el patrimonio islámico así como «proteger y defender la verdadera imagen del islam, para combatir la difamación del islam y fomentar el diálogo entre civilizaciones y religiones».

En la 11ª Sesión de la Conferencia de la Cumbre Islámica (Sesión de la Uma Musulmana del siglo XXI) celebrada en Dakar (Senegal) los días 13 y 14 de marzo de 2008, los países miembros de la OIC decidieron «renovar nuestro compromiso para trabajar más duro para asegurar que la verdadera imagen del islam se proyecta mejor sobre el mundo» y «tratar de combatir la islamofobia que pretende distorsionar nuestra religión»[6].

En 2008, la OIC publicó su Primer Informe del Observatorio de la OIC sobre Islamofobia. Este documento enumeraba una serie de interacciones que los representantes de la OIC tuvieron con los públicos occidentales, incluidos el Consejo de Europa, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y académicos y otras universidades como Georgetown y Oxford, y decía:

«La cuestión que se subrayó en todas estas interacciones fue que la islamofobia está ganando cada vez más terreno en la mentalidad de la gente común en las sociedades occidentales, un hecho que ha creado una percepción negativa y distorsionada del islam. Se hizo hincapié en que las sociedades musulmanas y occidentales tendrían que abordar el problema con un sentido de compromiso para poner fin a la islamofobia […]. La islamofobia representa una amenaza no sólo para los musulmanes, sino para el mundo en general».

«La OIC fue explícita en sus exigencias a Occidente», recuerda Bergman. «En un comunicado entregado en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el secretario general de la OIC pidió que Europa «enjuiciara y castigara la discriminación racial […] mediante el marco de una legislación adecuada» y también «fortalecer las leyes existentes sobre discriminación y el el ‘tratamiento desigual’ y discriminatorio adoptado por los directivos del consejo de la UE».

Hoy, muchos gobiernos europeos están enjuiciando a sus propios ciudadanos por criticar al islam o a los musulmanes, por ejemplo en Suecia, Alemania y Reino Unido, aunque se desconoce si este desarrollo de los acontecimientos puede atribuirse directamente, o en qué medida, a la OIC.

En Suecia, por ejemplo, los pensionistas en especial han sido procesados por hacer comentarios críticos sobre el islam en Facebook. Una mujer de 71 años se refirió a los denominados menores sin acompañante como «niños barbudos» y dijo –no incorrectamente (aquí, aquí y aquí)– que algunos habían participado «en violaciones y demolido sus centros [de acogida]». En febrero de 2018, un tribunal sueco la sentenció a pagar una multa por «incitación al odio contra un grupo étnico».

En Alemania, un periodista, Michael Stürzenberger, recibió una sentencia de seis meses de cárcel suspendida por publicar en su página de Facebook una foto histórica del gran muftí de Jerusalén, Hay Amin Al Husseini, estrechando la mano de un gerifalte nazi en Berlín en 1941. La fiscalía acusó a Stürzenberger de «incitar al odio hacia el islam» y «denigrar el islam» al publicar la fotografía.

Además de cultivar contactos de alto nivel con actores occidentales, la OIC también está siguiendo una exhaustiva estrategia mediática, acordada en Arabia Saudí en diciembre de 2016 y centrada en Occidente.

La estrategia mediática de la OIC afirma que uno de sus objetivos es:

«Aumentar la interacción con los medios y profesionales, mientras se promueve una imagen veraz y factual del islam. Se debe dirigir el énfasis a evitar cualquier vínculo o asociación entre el islam y el terrorismo, o el uso de retórica islamófoba en la guerra contra el terrorismo, como la de caracterizar a los criminales terroristas de fascistas «islámicos» o extremistas «islámicos».

Parte de esa estrategia ya ha tenido mucho éxito en todo el mundo occidental, donde las autoridades y los medios no quieren referirse a los terroristas musulmanes como islámicos, sino que los describen sistemáticamente como «trastornados mentales».

La OIC también señala que le gustaría que los profesionales de los medios y los periodistas «desarrollen, articulen e implementen códigos de conducta voluntarios para contrarrestar la islamofobia», mientras que colaboran con los gobiernos occidentales para «generar conciencia contra los peligros de la islamofobia al abordar la responsabilidad de los medios sobre el problema». La OIC dice además que le gustaría formar a periodistas extranjeros para «abordar el fenómeno del odio y la difamación de la religión islámica», como ejemplificó el reciente Foro Europeo-Islámico, donde se presentó a los asistentes el «Programa para formar a los profesionales de los medios y reorientar los estereotipos sobre el islam» de la OIC.

Como se sostuvo antes aquí, los periodistas europeos –ayudados por la UE– ya son muy proclives a censurarse a sí mismos, lo que significa que el trabajo de la OIC ya está más que medio hecho en lo relativo a Europa.

Por último, la estrategia mediática de la OIC pide fomentar «una red de figuras públicas occidentales de alto perfil que apoyen los esfuerzos para combatir la islamofobia en la política, el periodismo y la sociedad civil» así como equipos de investigadores académicos y celebridades que sean las caras de la campaña.

Según Bergman, la OIC menciona los siguientes ejemplos, entre otros, de campañas mediáticas generales que pretende lanzar como parte de su estrategia mediática:

– Campañas de televisión y publicidad «dirigidas al transporte público (bus y metro), periódicos y revistas famosos de cada país dos veces al año».

– Organizar tres tertulias al año en canales televisivos clave de EEUU y Europa sobre el islam con la participación de miembros escogidos de países musulmanes.

– Diez conferencias al año en cada país (universidades, sindicatos y centros importantes sugeridos) «sobre el papel islámico para construir culturas y conectar religiones».

– Visitas a colegios y universidades de «equipos de especialistas» de la OIC.

– Invitar a cien «activistas occidentales» de varios ámbitos en países musulmanes seleccionados que «puedan interactuar con intelectuales, políticos, figuras mediáticas e investigadores religiosos».

– Producir un documental de una hora «que examine el crecimiento de la islamofobia en occidente y su impacto en los musulmanes alrededor del mundo y las relaciones interreligiosas» que se emita «en grandes canales como la BBC británica y el Channel 4 o la PBS de Estados Unidos».

La OIC está siendo ayudada en estos esfuerzos por «prestigiosas compañías de relaciones públicas como UNITAS Communications con sede en Londres (Reino Unido), y Golden Cap, con sede en Yeda (Arabia Saudí)». La OIC promete que también creará un fondo para financiar iniciativas locales contra la islamofobia, y que hará un seguimiento de los medios y pulicará comentarios en noticias en publicaciones occidentales clave.

«Los muy ambiciosos planes de la OIC para acabar con la libertad de expresión están pasando muy desapercibidos en Occidente», explica Bergman, quien añade que «los periodistas de los grandes medios occidentales no parecen considerar peligroso que su libertad de expresión pueda estar supervisada por la OIC, mientras que los gobiernos occidentales, lejos de resistirse, parecen, quizá para ganar votos, cómodamente dispuestos a aceptar lo que sea».

Alerta Digital (A través de La Tribuna del País Vasco)