Los demócratas caen en la trampa negacionista de Tlaib

Rashida Tlaib, congresista demócrata por Michigan.

Los líderes demócratas llevan meses* esforzándose en asegurar que el apoyo de su partido a Israel sigue siendo sólido. Pero su empeño es cada vez más arduo. Con tantos demócratas saliendo en defensa de la congresista (por Michigan) Rashida Tlaib luego de que provocaran indignación unas palabras suyas en un podcast de Yahoo en las que incurrió en negacionismo del Holocausto, la cuestión ahora es si hay algo que puedan hacer o decir las jóvenes celebrities del ala izquierda del partido que provoque una condena por parte de sus líderes.

No fue esa la primera vez que Tlaib se hizo notar afrentando a los judíos y a los defensores de Israel. A principios de año, la congresista palestino-americana y su colega Ilhan Omar (Minnesota) tuitearon que los judíos compran al Congreso y promovieron la especie de que los defensores de Israel son culpables de doble lealtad. Pero cuando las cosas se pusieron al rojo vivo su partido no se mostró dispuesto a castigarlas, pese a que los republicanos sentaron un precedente en enero al censurar a su representante Steve King (Iowa) por su historial de declaraciones extremosas.

Ante la disyuntiva de infligir una reprimenda similar a Omar (que acababa de ser nombrada miembro del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes) o dejar que se fuera de rositas pese a su antisemitismo, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el jefe de la bancada demócrata en la misma, Steny Hoye, optaron por lo segundo. Omar y Tlaib eran demasiado populares entre los demócratas –y sus apologetas en el mundo del espectáculo y los medios de comunicación–, así de simple. El hecho de que ambas estuvieran en la diana del presidente Trump fue suficiente para convencer a muchos progresistas de que debían ser consideradas víctimas de islamofobia, aun cuando ambas se alinearan con el movimiento antisemita BDS [Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel].

He ahí la mejor explicación para la reacción instintiva de la mayoría de los demócratas a las críticas contra Tlaib luego de que dijera en Yahoo News que el Holocausto le producía un “sentimiento de calma” y “humildad” porque le recordaba que el sufrimiento de los palestinos había “procurado” un refugio seguro a los judíos. Tlaib llegó a asegurar que los palestinos fueron víctimas inocentes que pagaron el precio del antisemitismo europeo.

Hay un montón de errores en lo que dijo Tlaib, pero, lamentablemente, el foco se puso sobre su extraña alusión al “sentimiento de calma” más que en lo sustancial. Aun cuando estés dispuesto a aceptar que Tlaib no quería decir que el asesinato de seis millones de judíos le provocó un “sentimiento de calma”, sus palabras fueron profundamente ofensivas.

Mientras numerosos republicanos, empezando por el presidente Trump, condenaron sus declaraciones, los demócratas reaccionaron diciendo que habían sido sacadas de contexto.

Lo sustancial fue que Tlaib sostuvo que, si bien lo que les pasó a los judíos de Europa estuvo mal, la subsecuente creación de Israel fue una suerte de crimen nazi contra los árabes palestinos. Estos sufrieron cruelmente como consecuencia de su oposición a una solución de dos Estados y lanzaron una guerra para aniquilar a Israel. Pero Tlaib ya no es que ignorara los derechos de los judíos y sus lazos con su patria ancestral; además pretendió ignorar que el drama de los árabes fue responsabilidad de sus propios líderes, que optaron por rechazar cualquier compromiso porque no querían aceptar un Estado judío en parte alguna del territorio. Eso fue cierto antes de 1948 y sigue siéndolo hoy día.

Igual de indignante es el blanqueamiento que hizo Tlaib de la complicidad de los árabes palestinos en el funesto destino de los judíos. Los árabes hicieron todo lo que pudieron para cerrar las puertas de Palestina –donde los británicos prometieron proveer un hogar para los judíos– cuando millones de hebreos buscaban un lugar al que escapar de los asesinos nazis. Su éxito al presionar a Gran Bretaña para clausurar esa ruta de escape costó incontables vidas de judíos que podrían haber encontrado el “refugio seguro” que Tlaib presume se creó a costa del sufrimiento de sus ancestros.

Tlaib también ignoró que el popular líder del movimiento nacional palestino en aquel entonces, el muftí de Jerusalén Haj Amín al Huseini, fue un activo partidario de Hitler que defendió públicamente el genocidio nazi.

Según Tlaib, los auténticos nazis fueron los judíos, clásica maniobra de distracción que busca deslegitimar a Israel y que encaja perfectamente en su posición contraria a la existencia del Estado judío, algo que también dejó claro en Yahoo News.

Todo esto, así como su extraño comentario del “sentimiento de calma”, debería haber provocado tanta indignación entre los demócratas como lo hizo entre los republicanos. Pero no. Tanto Pelosi como Hoyer, que encabezarán este verano el tour anual demócrata a Israel –mientras Tlaib hará lo propio con un viaje oficial que pondrá el foco en los palestinos–, dijeron que Trump y el GOP estaban sacando de contexto las palabras de Tlaib. Hoyer incluso dijo que los republicanos debían una disculpa a su colega.

Trump acertó cuando tuiteó que, si las hubiera pronunciado él, los demócratas habrían utilizado las declaraciones de Tlaib como prueba de antisemitismo. Pero, para los demócratas, el estatus de Tlaib y Omar como miembros de una minoría y heroínas de la resistencia anti Trump les confiere impunidad a la hora de injuriar a los judíos. Pelosi y Hoyer saben que ese par es demasiado popular entre las bases del partido como para someterlo a crítica, y para qué hablar de castigarlo.

Ya fue una calamidad que los demócratas no condenaran oficialmente a principios de año a Omar por su antisemitismo. Pero su disposición a cerrar filas y atacar a los republicanos a cuenta del revisionismo del Holocausto de Tlaib es mucho peor.

La mayoría de los demócratas no comparte el rechazo de Tlaib a la existencia de Israel ni su apoyo al BDS. Aun así, su decisión de respaldar a Tlaib y a Omar incluso cuando son culpables de tratar de manipular la memoria de la Shoá para justificar la deslegitimación de Israel es tan ominosa como intolerable. La capacidad de Tlaib de conseguir apoyo a su revisionismo del Holocausto es una prueba más de que los demócratas están abandonando el consenso bipartidista pro Israel.

Jonathan S. Tobin – Revista El Medio