El Papa destina medio millón de dólares del dinero de los fieles para ayudar a los inmigrantes ilegales que se dirigen hacia EEUU

El Papa ha destinado medio millón de dólares del Óbolo de San Pedro -donaciones de los fieles a la Santa Sede- a organizaciones que asisten en México a los inmigrantes que tratan de entrar ilegalmente en Estados Unidos.

La Santa Sede ha anunciado que Su Santidad ha decidido destinar medio millón de dólares, aportados por fieles de todo el mundo en el llamado Óbolo de San Pedro, a 27 proyectos promovidos por 16 diócesis y congregaciones religiosas mexicanas. Lo particular de estos proyectos es que ayudan a las caravanas centroamericanas que se han organizado en los últimos meses para entrar ilegalmente en Estados Unidos, desafiando las leyes soberanas de aquel país. Concretamente, la ayuda se destina a asistir a 75.000 personas -hondureños en su mayoría- que llegaron a México en 2018 en seis caravanas de inmigrantes.

“Todas estas personas estaban atrapadas, imposibilitadas de entrar en Estados Unidos, sin hogar o medios de subsistencia”, dice la nota, ignorando quizá que la posibilidad de que esas caravanas se hayan formado espontáneamente, sin una organización meticulosa y una financiación adecuada, es prácticamente nula.

El propósito explícito del Óbolo de San Pedro consiste en dar al Santo Padre medios financieros con los que auxiliar a quienes sufren como resultado de la guerra, la enfermedad, los desastres naturales o la opresión, y es un poco difícil en cuál de estas casillas podría encuadrarse la singular donación. Honduras, que sepamos, no está en guerra ni sufre especial opresión, salvo la que puedan padecer sus seminaristas por parte de la mano derecha del Papa, el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga. Tampoco son víctimas las caravanas de desastres naturales, ni es probable que muchos enfermos puedan cruzar a pie semejante territorio inmenso.

Quienes sí sufren opresión, y extraordinariamente reciente, son los cristianos perseguidos en Sri Lanka y Nigeria, por citar ejemplos muy recientes de masacres, incluso con actos que podrían clasificarse de ataques bélicos. Y con la ventaja adicional de que, ayudándoles, no habría que ofender abiertamente a ningún país ni desafiar sus leyes.

Por otra parte, las caravanas no solo tienen como finalidad expresa y abierta cometer una ilegalidad contra un Estado legítimo, sino que su propia organización no depende solo de inocentes voluntarios. Es un negocio que hace muy ricos a bandas de traficantes de personas, contra las que ha predicado Francisco I en alguna ocasión. Tratar de desconectar una cosa y la otra, estando necesariamente unidas, resulta desconcertante para muchos fieles que quizá lo tengan en cuenta la próxima vez que se recolecte el Óbolo de San Pedro.

Carlos Esteban (Infovaticana)

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