Cómo el régimen iraní inventó al grupo terrorista Hezbollah

Militantes de Hezbollah durante la celebración del Ashura en Beirut, el Libano, en septiembre de 2018 (Reuters/Aziz Taher)

Hace treinta y cinco años, tres ataques espectaculares en Beirut durante un período de 18 meses hicieron conocer al mundo a la milicia chiíta libanesa de Hezbollah. El peor, la voladura del cuartel de la Fuerza Multinacional en octubre de 1983 que dejó 241 soldados estadounidenses y 58 franceses muertos. El golpe fue terrible. Estados Unidos y Europa se enfrentaban a un enemigo poderoso y desconocido hasta ese momento.

Beirut era entonces una ciudad destrozada por la guerra aunque estaba experimentando en ese otoño un período de relativa calma. Se había decretado un alto el fuego y todo parecía encaminado a unas conversaciones de paz con Siria. Estados Unidos todavía no se había recuperado del atentado suicida en abril contra la embajada que dejó 63 muertos. Aunque no se percibía otro peligro inminente. El ataque había sido interpretado como un hecho aislado. Incluso, los infantes de marina eran libres de andar por la ciudad e interactuaban con los libaneses mientras caminaban por la Corniche, la fantástica costanera sobre el Mediterráneo. Era la calma que precede lo peor.

Cuando apenas había amanecido, el 23 de octubre, un joven libanés rezó la primera oración del día y bebió un té negro con hojas de menta. Apareció un clérigo que lo bendijo. Dos comandantes de alto rango lo llevaron hasta el camión Mercedes Benz amarillo que ya estaba cargado de explosivos y listo para estallar apenas tomara contacto con su objetivo. Manejó unas pocas cuadras. A las 6:22 de la mañana el kamikaze chocó el camión contra el puesto de guardia de la sede de los marines estadounidenses. La explosión tiró abajo la estructura de cuatro pisos del edificio que era considerado como uno de los más fuertes en el Líbano. El estallido sacudió todo Beirut. La densa nube de ceniza gris cubrió todo el Este de la ciudad.

Una multitud en Beirut escucha un discurso de Hassan Nasrallah, el líder de Hezbollah (REUTERS/Aziz Taher)

La guerra civil libanesa, entre 1975 y 1990, no sólo tuvo como protagonistas a las diferentes facciones religiosas libanesas (cristianos, sunitas, chiítas y sus derivados) sino fuerzas extranjeras (israelíes, sirios, iraníes, sauditas, franceses, estadounidenses). La invasión israelí de 1982, las matanzas en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila y la ocupación del sur del país, hicieron que varios países islámicos reaccionaran a lo que consideraban la usurpación de un territorio musulmán que debía ser defendido por todos los musulmanes. Así fue como entró Irán al conflicto. El 21 de junio de 1982 desembarcó en Beirut un contingente de unos mil iraníes de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) al mando del comandante Ahmad Motevasselian. Primero se concentraron en el campo palestino de Zebadoni y luego se desplazaron hacia el Valle de Bekaa para abrir un nuevo frente de guerra.

Irán se encontraba al mismo tiempo envuelto en una guerra sangrienta con el Irak de Saddam Hussein que se extendió entre 1980 y 1988 y dejó más de un millón de muertos entre los dos bandos. A fines de 1982, las fuerzas saddamistas habían avanzado varios kilómetros dentro del territorio iraní y los ayathollas de Teherán consideraron que necesitaban todos los recursos existentes para detener a los iraquíes. El comandante Mohsen Rezaee ordenó repatriar la división de soldados que se habían ido agrupando en territorio libanés y que se entrenara a grupos libaneses chiítas para ocupar el espacio que ellos dejaban. El encargado de la creación de la nueva fuerza fue el comandante Hossein Dehgan. “Hezbollah surgió como una extensión de la 27 Brigada de la División Mohammad”, explicó el propio Rezaee en un documental de la televisión iraní. Primero, se formó un Consejo Superior que decidió bautizar al grupo como Hezbollah. Luego, se hicieron conocer a través de la revista Ahd que se distribuía en todo el mundo árabe y un grupo de técnicos iraníes armaron una radio para difundir sus mensajes a toda la población. “Nuestros hermanos de la Guardia Revolucionaria diseñaron el logo y la bandera amarilla del Hezbollah”, aseguró Mohsen Rafighdoust, ministro de Defensa iraní en esos años. También, la financiación de unos 300 millones de dólares anuales y las armas más sofisticadas diseñadas en Teherán.

El sitio de la explosión de que destruyó la embajada de Estados Unidos en Beirut en 1983, matando a 241 marines estadounidenses y 54 paracaidistas franceses

El primer líder que tuvo Hezbollah fue Subhi al-Tufayli. Pero estuvo en su cargo apenas nueve meses. Había expresado sus reparos sobre el liderazgo iraní. Su formación en una de las escuelas coránicas de Najaf, en Irak que no respondía directamente a los clérigos de la escuela de Qom, donde nació la revolución islámica iraní, le daban cierta independencia. “Los ayatollahs de Teherán quieren que seamos apenas unos guardias fronterizos para contener a los israelíes y no una fuerza transformadora de El Líbano”, había dicho. Lo reemplazó Abbas al-Musawi, más permeable a las posiciones iraníes, hasta que lo asesinaron las fuerzas israelíes en 1992. El tercer y actual jefe espiritual de Hezbollah es Hassan Nasrallah cuyo primer título en el movimiento fue de “representante personal de Ruhollah Khomeini en Líbano”.

Los investigadores forenses del FBI determinaron que el atentado contra los cuarteles de los marines en Beirut no sólo fue el ataque terrorista más letal que sufrió Estados Unidos después de la destrucción de las Torres Gemelas de Manhattan en 11-S, sino que también fue la explosión no nuclear más grande del mundo desde la Segunda Guerra Mundial. La bomba utilizada estaba compuesta por al menos 9.000 kilos de explosivos, el equivalente a seis toneladas de dinamita, la bomba demolió el edificio de cuatro pisos ubicado dentro del predio del aeropuerto de Beirut, dejando un cráter de 13 metros de profundidad y 30 de ancho. Tantos infantes de marina y soldados murieron ese día que la base se quedó sin bolsas para cadáveres. En el edificio anexo de las fuerzas francesas, la muerte de 58 paracaidistas marcó el mayor número de muertos del ejército francés desde el fin la guerra en Argelia en 1962. El edificio de ocho pisos donde se encontraban quedó totalmente convertido en escombros. Los máximos responsables de esos y muchos otros atentados fueron Imad Mughniyeh, el líder operacional de Hezbollah y cerebro terrorista, y su cuñado y primo, Mustapha Badreddine. Fueron los que idearon y coordinaron todas las acciones y las siguieron en el momento que se producían observando con binoculares desde una terraza cercana. El jefe directo de estos dos personajes era Mohammad Hussein Fadlallah, un líder histórico de la comunidad chiíta libanesa que se convirtió en líder espiritual del Hezbollah. Ya era conocido por sus violentos sermones contra Israel y cualquier fuerza occidental que actuara en territorio libanés. Aunque Fadlallah nunca abrazó completamente el concepto revolucionario iraní de “velayat-e faqih” (regla del jurisprudente), que virtualmente equipara al ayatollah Khomeini con el Mahdí, el duodécimo profeta del Islam desaparecido en el siglo VII y que se supone que bajará en algún momento a la Tierra como un mesías. Luego, Hassan Nasrallah, se encargaría de “poner todo en orden” y redirigir la línea oficial del Hezbollah y alinearla con la de Irán.

Una vez consolidada la posición del Hezbollah en El Líbano, los intereses del grupo y de los iraníes de expulsar a las fuerzas extranjeras del Líbano se expandirían a los ataques de los intereses occidentales en el extranjero. En un período de nueve meses en 1985, Hezbollah fue responsable de 24 ataques terroristas en todo el mundo. Atentaron en lugares tan diversos como Kuwait, Alemania y Congo. A partir de entonces, enviaron células a varios países y un grupo se instaló en la Triple Frontera, entre Argentina, Brasil y Paraguay. Desde allí salieron los bombarderos que planearon y ejecutaron los atentados contra la embajada israelí y la mutual judía de la AMIA en Buenos Aires.

Fuente: Infobae