Wednesday, October 28, 2020
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Un año a un ritmo de siete tuits por día: qué dicen del estilo Trump.

Casi exactamente cinco años antes de convertirse en presidente de Estados Unidos, el 10 de noviembre de 2012, Donald Trump envió un tuit breve y anticipatorio. No necesitó los 140 caracteres entonces permitidos en la red social para adelantar la que sería, una vez instalado en la Casa Blanca, una de sus principales herramientas de comunicación: “Me encanta Twitter… Es como ser dueño de tu propio diario… sin las pérdidas“.

El multimillonario empresario constructor y mediático prefiguró en esas pocas palabras, escritas en tono socarrón, la estrategia que de manera sostenida, día a día y un tuit después de otro, pondría en práctica desde el Salón Oval.

La cuenta @realDonaldTrump publicó alrededor de 2600 tuits en el último año, a razón de siete tuits por día desde el ascenso de su titular a lo más alto del poder en Washington, en enero de 2017. El presidente norteamericano efectivamente consiguió tener su propio “diario”, en el que todos los días edita la realidad a su gusto y conveniencia. En su red social preferida hace anuncios de gestión, comenta las noticias, desmiente, corrige o denuncia, según sea el caso, y envía mensajes políticos a aliados y opositores dentro y fuera de Estados Unidos. Entre un tuit y otro -con alguna dosis de humor y sin necesidad de pasar a las armas- se permite confrontar, entre otros, con el dictador norcoreano Kim Jong-un. Días atrás le advirtió que su botón nuclear “es más grande y más poderoso, ¡y funciona!”.

Sus seguidores/lectores suman ya unos 46,7 millones, toda una nación tuitera en la que son pocas las zonas grises. Con Trump pasa aquello de que se lo ama o se lo odia. Las interminables seguidillas de comentarios, citas y retuits son prueba de ello. Con Twitter el mandatario estableció una comunicación directa y sencilla, que sintoniza muy bien con su promesa de campaña de “limpiar el pantano”, en alusión a una clase dirigente corrompida, recluida en los privilegios y negociados de Washington y alejada de las necesidades del país real, al que Trump dice prestar un oído y representar más cabalmente como outsider que es de la política.

Desde esa perspectiva, la red social no es una herramienta periférica o apenas anecdótica, sino que es clave en su discurso. “El mensaje central de Trump es que él es un líder transgresor que vino a romper con los patrones tradicionales de hacer política, y el uso que hace de Twitter refuerza esa idea, atractiva para una parte de sus seguidores“, afirmó a Infobae el analista político y columnista internacional Moisés Naím. “Implícita está la idea de que el pasado es inaceptable y que él viene a instalar algo nuevo y mejor”, completó.

La vuelta al año tuitero de @realDonaldTrump dejó así una novedad importante: en la Casa Blanca “hay un presidente al que le gusta improvisar sus mensajes en Twitter y al que no le gustan los límites ni que le digan lo que puede o no puede decir“, comentó Max Paul Friedman, profesor de Historia de la American University, en esta capital. Trump, agregó ante Infobae, privilegia un tipo de comunicación “directa, informal y espontánea con la gente”, sin la distancia institucional que, por ejemplo, mantuvo en mayor medida su antecesor en el cargo, Barack Obama. Esto, señaló, “es interesante porque nos permite conocer un poco mejor cómo piensa el hombre más poderoso de la Tierra“.

No hay nada ingenuo en la decisión de privilegiar este tipo de comunicación. Trump conoce bien el paño mediático. Proviene del mundo del espectáculo y sabe como captar la atención del gran público, lo que a su vez le da centralidad en el debate político. “Entiende que la provocación concita interés“, resumió Friedman. De hecho, cada tuit de Trump es desmenuzado a conciencia por la prensa mundial. Con muy poco esfuerzo, el presidente norteamericano logra pararse en el medio del ring y elegir a sus rivales de ocasión, a los que además pone apodos que parecen salidos de Ciudad Gótica: “Little Rocket Man” (Kim Jong-un), “Crooked Hillary” (Hillary Clinton), “Pocahontas” (la senadora demócrata Elizabeth Warren), “Sneaky Dianne Feinstein” (también senadora demócrata) entre otros muchos.

Para Naím, la intención detrás del uso de la red social también tiene que ver con “dividir y avivar el entusiasmo de su base” de apoyo, mientras que desde la trinchera republicana sostienen que los tuits presidenciales son una manera muy válida de equilibrar el debate mediático, dominado por la prensa progresista. “Es fantástico que Trump pueda devolver los golpes de una cobertura periodística que es mayoritariamente negativa“, observó el escritor y analista político y económico Ben Stein.

El otro beneficio que ofrece Twitter está ligado a esto y es algo que muchos presidentes buscaron desde que existe el periodismo: hacer llegar su mensaje a millones de votantes sin la necesidad de pasar por el filtro de la prensa. La red social es un canal ideal en ese sentido, coinciden los especialistas.

“El ex presidente Roosevelt fue el primero en usar la radio para este mismo fin, en la década del 30, con los fireside chats, charlas junto al hogar, pero ese era un esquema unidireccional. Twitter permite ahora comentar, responder, reenviar… abre una doble vía en el acercamiento”, comentó Friedman. Esto se condimenta desde la cuenta presidencial con el latiguillo de calificar de “fake news” todo aquello que va en contra de los intereses de la Casa Blanca.

El efecto quizá no sea exactamente el deseado. En todo caso las opiniones están divididas entre entusiastas y detractores: el 44 por ciento de los votantes registrados sostiene que Twitter es una manera efectiva para que el presidente norteamericano se comunique con la gente (17% cree que es “muy efectiva” y 27% que es “algo efectiva”), mientras que el 47 por ciento opina que no es un canal efectivo, según una encuesta de este mes de Político/Morning Consult. En esa grieta se inserta la gran mayoría. Otro 9% dijo no tener una opinión formada al respecto.

Los analistas políticos están atentos sobre todo a los riesgos que conlleva la improvisación, que puede provocar una crisis tras otra. Algo de eso ocurrió en el primer año de Trump al frente de la Casa Blanca, observó Naím. “Muchas veces sus funcionarios debieron salir a dar explicaciones, lo que parece mostrar que no hay una estrategia clara detrás de los tuits presidenciales sino que Trump suele actuar siguiendo sus impulsos, con frecuencia tarde a la noche o a primera hora del día”, señaló.

Para Twitter en cambio no hay riesgos ni crisis. Se estima que el valor de la empresa se elevó en 3500 millones de dólares gracias a los tuits de Trump y hoy cotiza unos 17.800 millones. Para el “diario” del presidente todo es ganancia.