EEUU: todos enmarañados en las trampas del acuerdo nuclear con Irán.

A juzgar por los reportajes sobre lo que se cuece entre bambalinas, parece como si la Casa Blanca de Trump tuviese dos posiciones respecto al acuerdo nuclear con Irán. El presidente quería acabar con él, pero sus asesores temían que los riesgos pesaran más que los beneficios para Estados Unidos.

Ahora Trump declarará que el acuerdo no favorece los intereses estadounidenses y no certificará que Teherán esté cumpliéndolo. Sin embargo, no lo derogará. En vez de eso, lo llevará al Congreso con instrucciones de que se establecezcan “puntos de activación” y dejando claro dónde podría Irán cruzar una línea que iniciara algún rumbo de acción estadounidense.

Como todas las medidas a medias, esto debería hacer sentir fatal a todos.

La Administración Obama sabía lo que hacía cuando llenó el acuerdo de ventajas para la República Islámica. Irán obtuvo lo que quería del Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC): las decenas de miles de millones de dólares en activos descongelados y el levantamiento de las sanciones; la repatriación de sospechosos de terrorismo que el propio Departamento de Justicia de Obama dijo que eran un riesgo para la seguridad nacional estadounidense; y nuevos lazos comerciales con Europa. Nada de esto se puede deshacer. Lo único que le queda a Occidente es apaciguar a Irán. Irritarlo pidiéndole cuentas por su conducta podría llevarle a desarrollar un dispositivo nuclear por despecho, o así es como funciona el pensamiento autorreferencial en los emotivos círculos de las palomas.

La decisión de Trump pondrá en marcha un proceso de revisión de sesenta días, durante el cual el Congreso ha de decidir cuánta culpa está dispuesto a aceptar por mantener vivo el acuerdo. Muchos republicanos que fueron visibles detractores del PACC en 2015 han suavizado su postura hoy porque, en realidad, no pueden dar marcha atrás al reloj. Los demócratas y sus aliados en los medios, sin embargo, han dado a entender irresponsablemente que Irán está cumpliendo plenamente el PACC, y que cualquiera que quiera deshacerlo está cegado por la ideología. El sucio secreto a voces es que Irán no está cumpliendo plenamente, y nunca lo ha hecho.

La propia Administración Trump ha sugerido que la única parte en riesgo de violar los acuerdos nucleares es EEUU. El secretario de Estado, Rex Tillerson, ha dicho que Irán está en una situación de “cumplimiento técnico”. El general Joseph Dunford, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, declaró ante el Congreso que “Irán se está adhiriendo a las obligaciones del PACC”. Según algunas informaciones de origen no identificado, se ha sugerido incluso que el asesor sobre Seguridad Nacional, H. R. McMaster, es un agente doble que está trabajando para promover la línea demócrata sobre el acuerdo desde dentro de la Casa Blanca, aunque de vez en cuando aparezca en televisión diciendo lo contrario.

La idea de que Irán está cumpliendo el PACC es quizá el único relato promovido por la Administración Trump que la prensa acepta acríticamente. Hay multitud de pruebas que sugieren que sólo están contando una parte de la historia.

El régimen de inspecciones que el acuerdo impone en teoría ha sido una burla desde el principio. Irán y la Agencia Internacional de Energía Atómica negociaron un acuerdo que restringía hasta el punto de la inutilidad cualquier acceso al complejo militar de Parchin. Un informe confidencial de la AIEA de 2015 indicaba que gracias a las imágenes por satélite se había descubierto que Irán estaba intentando sortear la capacidad de Occidente para confirmar que no seguía testando componentes relacionados con un dispositivo atómico en ese lugar. Incluso hoy, lo que el director de la AIEA, Yukiya Amano, se atreve a calificar como “el más sólido esfuerzo de inspección nuclear del mundo” no tiene autoridad para acceder a instalaciones militares iraníes. Los aliados de Irán en Moscú dicen que la AIEA no tiene jurisdicción sobre esos lugares, porque el acuerdo no especifica cómo se debe verificar el cumplimiento iraní, y tienen toda la razón.

No sabemos gran cosa sobre cómo está Irán cumpliendo con el acuerdo, pero lo que sí sabemos no resulta alentador. Ya en julio de 2016 la inteligencia alemana denunció –y la canciller Angela Merkel confirmó posteriormente– que Irán había violado no sólo el espíritu, también la letra del acuerdo, llevando a cabo un intento clandestino de obtener tecnología nuclear de “alto nivel” sin el permiso del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Mientras que el reactor de agua pesada de Arak se está reconvirtiendo con ayuda rusa, la agencia de noticias iraní Tansim informó de los esfuerzos conjuntos de Rusia e Irán para transformar las instalaciones militares subterráneas de Fordow en “instalaciones para la producción de isótopos pesados”.

En su testimonio de abril ante el subcomité de la Cámara de Representantes sobre Seguridad Nacional, el presidente del Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional, David Albright, explicó hasta qué punto Irán ha violado no sólo el PACC, también varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque señaló que “el amplio secretismo en torno a la aplicación del acuerdo y sus arreglos paralelos relacionados” ha minado la capacidad de su organización para hacer una valoración precisa del PACC.

Con varios grados de importancia, Albright explicó hasta qué punto Irán ha hecho trampas al seguir con el desarrollo de centrifugadoras y la adquisición de materiales, la importación de uranio natural, los niveles y cantidades de enriquecimiento de uranio, y al negar a los inspectores el acceso a los lugares sospechosos. Pero al final llegó a la conclusión de que era imposible juzgar con ecuanimidad si Irán estaba cumpliendo plenamente el PACC, porque el acuerdo se estructuró de forma que asegurase que la cuestión del cumplimiento siempre estuviese sujeta a la interpretación del observador.

Y ahí es donde hoy nos encontramos. Ahora los republicanos se ven obligados a tomarlo donde los demócratas lo dejaron, y para que siga el baile hacen como si Irán estuviese, técnicamente, teóricamente, en principio, cumpliendo los acuerdos nucleares. Decir otra cosa seguiría dejando al presidente de Estados Unidos con sólo malas opciones.

El Congreso se verá ahora obligado a hacer lo que Trump preferiría evitar: tener que confirmar el cumplimiento de Irán del PACC a pesar de todos los indicios de lo contrario. Y el Congreso lo hará porque, hasta el minuto justo en que Irán detone un dispositivo de fisión, la ficción sobre el acuerdo nuclear con Irán es preferible a la realidad.

Fuente: Revista El Medio