Israel necesita una solución de dos Estados

Para el político británico Daniel Hannan, confiar la resolución del conflicto israelo-palestino a la existencia de un solo Estado que agrupe a las dos partes enfrentadas es un grave error que ignora las enseñanzas del pasado.

Precisamente fue la violencia crónica entre comunidades durante la última ‘solución de un Estado’ –el Mandato Británico– el motivo principal de que se propusiera la partición. Las relaciones de Israel con sus vecinos árabes, en estos momentos probablemente en su etapa más distendida desde 1948, podrían congelarse de nuevo.

Lo cierto es que los Estados multinacionales casi nunca funcionan como democracias efectivas. Pueden están juntos a la fuerza, pero tan pronto tienen la opción, sus pueblos tienden a elegir el autogobierno. Yugoslavia y la URSS funcionaron como Estados-policía; en el momento en que llegó la democracia se desintegraron.

Israel es una democracia –una democracia gloriosamente elocuente y pugnaz– en una región donde la autocracia es la norma. ¿Mantendría su carácter democrático si sus ciudadanos carecieran de un sentido compartido de patriotismo? Ese patriotismo tiene actualmente una intensidad que muy pocos pueden igualar. Israel, después de todo, existe porque los judíos han llegado forzosamente a la conclusión de que sólo la autodeterminación puede garantizar su seguridad. ¿Por qué cambiar esa autodeterminación para ser de nuevo un grupo en un Estado multiétnico a lo Habsburgo?