Dios acude al rescate de Estados Unidos y abandona a la secularizada y satanizada Europa

Desgraciadamente no hay correlato entre el compromiso cristiano de millones de norteamericanos y la apostasía general que se vive en Europa. La América profunda copa las iglesias que salpican sus estados y vive su existencia conforme a los ideales que inspiraron el florecimiento de nuestra Civilización. En Europa, por el contrario, la desafección hacia los ideales trascendentes ha obligado al cierre de iglesias centenarias, muchas de ellas reconvertidas en mezquitas.

La secularización en Europa ha alcanzado tal proporción que acaso hayemos en ella una de las razones de la exitosa injerta de las abominables ideas que nos han conducido a este estado de somnolencia colectiva. Nada es fruto de la casualidad y de ahí que deban permitirme que, entre las razones de nuestra decadencia moral, no encuentre ninguna más importante que nuestro progresivo alejamiento de la sobrenaturalidad como motor de nuestro destino histórico. Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos porque la providencia, siempre alerta, ha querido premiar a un pueblo que nunca renunció al elemento distintivo de su identidad religiosa, de la misma forma que no le dio la espalda al pueblo español, henchido de fervor religioso, a mediados de los años 30 del pasado siglo.

El gran Óscar Bermán lo explicó de forma insuperable en AD: Europa se ha olvidado de Dios, perdida en los últimos tiempos tras las dos guerras mundiales que, si bien hubo heroíca persecución contra el comunismo ateo y enemigo de la civilización cristiana, a la vez aceptó el nuevo paraíso terrenal del liberalismo, igualmente ateo-práctico, sin confesión directa, pero arrancando a Dios de sus constituciones civiles y el ataque secular de los enemigos de Dios y de las patrias. Europa viene sembrando ese falso igualitarismo llamado democrático, para allanar el terreno a la dictadura mundial que pretende, al fin, a través del control económico, instaurar el reino del becerro de oro, aunque más del oro que del becerro. Tratan así de arrebatar el Reinado social de Cristo por el Dios Mammón de la supuesta y única bienaventuranza terrenal. De esta ingratitud contra el Creador, que mientras más favorece al hombre, éste más se olvida de su origen divino, trascendente y sobrenatural, muy bien puede cosecharse el fruto del castigo divino a través de fenómenos catastróficos naturales (como aviso), o de guerras y de calamidades propiciadas por la misma soberbia humana. No es Dios el culpable de nuestras miserias. Es la criatura humana que repite aquella voz soberbia de Luzbel: ‘Non serviam’ (No te serviré”). En definitiva, Europa se ha alejado de Dios y Dios ha abandonado a los europeos.

Autobús de la EMT con un cartel ateo en su lateral.

Autobús de la EMT con un cartel ateo en su lateral.

Sin el cristianismo, creador de Europa y, sobre todo, de sus valores, esos valores que damos por sentados como si hubieran nacido con la Humanidad, nuestra civilización es cosa vacía y sin sentido. Ese concepto de hombre libre es lo que ha creado Europa y visto lo que hay por el mundo, no cabe duda que la filosofía que crea Europa es muy superior a las demás y a la vista está el desarrollo del pensamiento europeo. Pero interesa un pueblo esclavo, por eso hay que cambiar toda la manera de pensar y como consecuencia que desaparezca Europa y para ello lo mejor es abandonar a Dios y, no contentos con eso, hemos cambiado hasta las raíces naturales de nuestra vida.

Es una batalla entre una cultura laicista difusa y hegemónica y una minoría cristiana que trata de resistir una avanzada de barbarie ética. Si a esto se agrega la presión islámica, entonces yo me siento preocupado por el futuro de Europa. Y si se agrega la crisis demográfica europea, tengo derecho a estar preocupado y llamar a todos la atención.

La incitación a la barbarie, la presión islámica y la crisis demográfica han adquirido en España tintes siniestramente agoreros bajo la influencia de la izquierda, aun cuando hayamos asistido a un progresivo asentamiento de sus fundamentos desde hace más de tres décadas. Y sin olvidar, por supuesto, los antecedentes del siglo XIX y los revolucionarios del XX.

La tenaza que configuran la cristofobia laicista y la Alianza de Civilizaciones, ambas llevadas a radicalismo extremo por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, amamantan un nuevo monstruo totalitario y conducen la muerte de Europa. También, y aún antes, la de España.

No pueden comprenderse los gravísimos males a que la masonería ha arrastrado a la sociedad moderna cuando se vive en las tinieblas, a espaldas de la verdadera fe. Se han de padecer los males que la generación presente sufre y todavía permanecer ciegos a la verdadera Fe. Si existe un Dios y éste es todopoderoso, no puede dejar sin castigo los enormes crímenes contra su Ley. La sociedad moderna camina hacia el abismo porque ha perdido, con su espíritu, el alma. Un cuerpo sin alma es cadáver que a plazo fijo cae en la descomposición.

Las pintadas blasfemas en las iglesias prolifderan en España.

Las pintadas blasfemas en las iglesias prolifderan en España.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos representa una toma de conciencia y un frenazo en la marcha del liberalismo, que se precipita hacia una deshumanización libertina y vaciada de contenido cristiano y trascendente. Europa lleva tiempo renunciando a sus raíces cristianas, a las que se debe secularmente por haber sido el primer continente conocedor del mensaje cristiano. Pero desde la falsa reforma protestante, atacada valientemente por el Concilio de Trento (siglo XVI), por nuestros teólogos, juristas y místicos españoles, Europa viene decayendo de su primigenio espíritu y acabando en un soberbio desarrollismo tecnológico que la precipita al materialismo y el olvido de sus relaciones con la Divinidad, en una ingratitud para con el Creador cuando Éste más la favorece con los recursos naturales.

Los avisos del Cielo en Fátima, Lourdes, La Salette… para con el regreso a la religiosidad, no han sido bien atendidos y a ello se debe el castigo anunciado de la gran guerra mundial. La consagración de Rusia a los sagrados corazones, como remedio contra el comunismo y sus derivaciones al resto del continente, tampoco se hizo en las condiciones impuestas por la Santísima Virgen de Fátima y así las nuevas filosofías positivistas inglesas y subjetivistas francesas y alemanas, nos relegan a un continente vaciado de sobrenaturalidad y reducido con el mundialismo masónico a un horizonte economicista: “tanto tienes, tanto vales”.

Redescubrir la necesidad de la autoridad civil y eclesiástica, como Donald Trump parece llevar a cabo, bien puede ser un punto de atención no sólo contra el terrorismo satánico islámico, sino contra la emigración incontrolada, creadora de desórdenes públicos y trastornos morales y económicos.

Donald Trump, con la Biblia por bandera.

Donald Trump, con la Biblia por bandera.

Europa ha de rearmarse contra el progreismo ateo, pero no con armas preferentemente, sino con la espiritualidad vivida y defendida contra las fuerzas ateas y del demoníaco y soberbio intento de creerse el humano capaz por sí mismo de convertir este mundo en el único paraíso posible, prescindiendo de Dios. Mientras no atendamos esta apremiante exigencia espiritual, ni Marine Le Pen ni migún otro líder identitario europeo tendrán la más mínima posibilidad de revertir el curso de la destrucción del pueblo europeo.

En versos de Gabriel y Galán, habría que recordarle al viejo, decrépito y enfermo continente: “oh soberbia de hombre eres, miseria; Oh progreso sin Dios: eres mentira”.