October 17, 2018

Demócratas Y Liberales Atacan La Transición De Poder En Estados Unidos.

Desde que Donald Trump fue elegido presidente el 8 de Noviembre, la izquierda en Estados Unidos, representada por los demócratas, los liberales y la mayoría de la prensa, ha caído en estado de negación.

Según la Constitución del país, el candidato que alcanza un voto electoral de 270 gana los comicios presidenciales. Donald Trump logró 306 votos electorales y Hillary Clinton 232. De acuerdo al Associated Press, Trump ganó en 2.626 condados y Clinton en 487. A pesar de la abrumadora mayoría del magnate neoyorquino, los izquierdistas rehúsan reconocer la victoria de Trump.

A partir del 9 de Noviembre, cuando el triunfo de Donald Trump era evidente, las fuerzas anti-Trump comenzaron a atacar el resultado de las elecciones. La primera persona que cayó en estado de negación fue Hillary Clinton. De hecho, cuando los medios de información anunciaron la noticia, Hillary (en contraste con la tradición de previas elecciones) no se presentó en público para reconocer el triunfo del candidato republicano. John Podesta, el director de la campaña de Clinton, trató de calmar la ansiedad de los demócratas y dijo que había que esperar. Ahora sabemos que Clinton sufrió una crisis emocional al conocer los resultados. Hillary aceptó la victoria de Trump la mañana siguiente.

Las excusas para justificar la pérdida de Clinton comenzaron a llover. Al mismo tiempo la izquierda estadounidense, encabezada por George Soros, lanzó una campaña de caos en el país. Soros, y sus extensas redes socialistas organizaron eventos nacionales para desconocer el triunfo de Trump. Los liberales se infiltraron en las universidades y usaron a los jóvenes para promover marchas y crear disturbios en múltiples ciudades. Durante las protestas, los socialistas agredieron a simpatizantes de Trump y quemaron banderas de Estados Unidos.

Para algunos izquierdistas, la victoria de Trump fue el resultado de una “rebelión de los hombres blancos”. Otros culparon al FBI por reportar las mentiras y los escándalos de los correos electrónicos de Hillary Clinton. Posteriormente las fuerzas anti-Trump arremetieron contra la prensa. Según ellos, las “noticias falsas” de algunos medios de información influyeron en el voto a favor del candidato republicano.

Los liberales también culparon a WikiLeaks por la información revelada sobre la corrupción de Hillary Clinton y el partido demócrata. Después, cuando la victoria de Trump fue ampliamente reconocida, dijeron que hubo irregularidades en el proceso electoral y que un recuento de los votos en varios estados era necesario.

La persona detrás del recuento de votos fue Jill Stein, la candidata a la presidencia por el Partido Verde. Irónicamente, Stein recibió menos del 1% de los votos durante los comicios del 8 de Noviembre. Es importante mencionar que Jill Stein recaudó millones de dólares en su intento por desconocer la victoria de Trump. Hillary Clinton apoyó a Stein y se unió a la rebelión contra el presidente electo.

Recientemente, el movimiento anti-Trump añadió a Rusia como la causa de la derrota de Hillary. Según la CIA, Bill Clinton y la izquierda estadounidense, Rusia interfirió en las elecciones favoreciendo a Donald Trump.

Desafortunadamente para los liberales y los demócratas, el recuento de votos (que le costó a los contribuyentes millones de dólares) favoreció al candidato republicano. Por otro lado, la administración Obama y la CIA no pudieron mostrar evidencias que Rusia manipuló el resultado de las elecciones presidenciales.

Durante el prolongado estado de negación, Barack Obama y Hillary Clinton continuaron culpando a Rusia. Además, el presidente crítico al Colegio Electoral por el triunfo de Trump. Obama llamó al Colegio Electoral “vestigio del pasado”.

En este ambiente antidemocrático, la izquierda volcó sus esfuerzos hacia el Colegio Electoral. Fue el comienzo de otra campaña nacional en contra de Donald Trump. La nueva meta era convencer a los delegados del Colegio Electoral que voten en contra del presidente electo. Algunos electores recibieron miles de correos electrónicos. Otros fueron objetos de amenazas. El asedio a los integrantes del Colegio Electoral fue tal que algunos requirieron protección de la policía.

Los representantes del Colegio Electoral se reunieron el 19 de Diciembre en los 50 estados del país y el Distrito de Columbia. El Colegio Electoral ratificó el triunfo de Donald Trump y el magnate neoyorquino se convirtió oficialmente en el nuevo presidente de Estados Unidos. De los 538 electores, 304 votaron por Trump y 227 por Clinton. Interesantemente, Hillary tuvo más desertores que Donald Trump. Cinco demócratas decidieron no votar por Hillary Clinton. Dos republicanos no votaron por Donald Trump.

Cabe mencionar que el equipo de Hillary Clinton trató hasta el final de sabotear la confirmación de Trump por el Colegio Electoral. Según un informe de Político, Jake Sullivan and Jennifer Palmieri (representantes de la campaña de Hillary) estuvieron en contacto con electores que pretendían bloquear la elección de Donald Trump el 19 de Diciembre.

Así terminó una de las carreras presidenciales más reñidas y controversiales en la historia del país. Donald Trump, un hombre de negocios que jamás fue político, se convirtió en el presidente #45 de Estados Unidos. Por otro lado, Hillary Clinton, una de las personas más influyentes y poderosas en el país en las últimas décadas, perdió la contienda electoral. Para muchos, Clinton no fue una buena candidata presidencial. De hecho, Hillary cerró una página de su vida como uno de los personajes políticos más corruptos en la historia del país.

Donald Trump asumirá la presidencia de Estados Unidos el 20 de Enero. Mientras el país espera la posesión del nuevo líder del mundo libre, el movimiento anti-Trump continúa su lucha antidemocrática. Jill Stein recientemente anunció que solicitará a Loretta Lynch, la Fiscal General de la nación, que investigue al Colegio Electoral y la “integridad” de las elecciones.

En un acto vergonzoso y reprochable, la izquierda estadounidense ha prometido marchar en Washington para protestar la transición de poder de un presidente elegido constitucionalmente por los Americanos.