Conspiración en el Vaticano: Cardenal reveló trama secreta para reemplazar a Benedicto XVI por Francisco

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Acaba de parecer un libro bomba. Sus autores: Jürgen Mettepennigen y Karim Schelkkenf. Se trata de la biografía aurorizada del cardenal emérito de Buselas, Godfried Danneels.

Que desde el vamos reconoce que él y otros cardenales “unidos por el deseo de modernizar la Iglesia, formaron un grupo de presión (usa la palabra “mafia”) para impedir la elección de Benedicto XVI –el cardenal alemán Joseph Ratzinger–, y si la maniobra fallara… forzar la maquinaria hasta hacerlo renunciar.

Dicho y hecho. Benedicto XVI renunció a la Silla de Pedro en febrero de 2013, luego de ocho años de irreprochable papado. Dimisión rarísima… El primer pontífice que tomó esa decisión en el último milenio.

Su grupo de incondicionales sugirieron chantaje. Pero él lo negó: “No recibí ningún chantaje”: casi una confirmación de que sí…

El cardenal Danneels (83) reconoció en su libro la existencia de un grupo de cardenales centroeuropeos que desde 1996 se confabularon para controlar la sucesión de Juan Pablo II e impedir la asunción de Ratzinger. Dannels, jocosamente, llama ese grupo de conspiradores… “mafia”.

Se reunían para esos enjuajes en una abadía suiza: “enjuagues”, porque esas maquinaciones están prohibidas por la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis”, de 1996.

Danneels no pudo disimular su alegría por el matrimonio homosexual, y no tardó en admitir que su grupo quería modernizar la Iglesia católica para adaptarla a los tiempos de hoy, modificando también la doctrina sobre el aborto y la idelología de género. Y el obispo Jorge Bergoglio pasó a ser, para ellos, la baraja ganadora…

Sin embargo, cuando se discutió en la Argentina la aprobación del matrimonio entre homosexuales, Bergoglio mandó a cuatro monasterios de su diócesis esta carta: “No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política. Es la pretensión destructiva del plan de Dios. Una movida del Padre de la mentira para confundir y engañar a los hijos de Dios”.

Pero el doctor Roberto B. Moynyhan, fundador y editor jefe de la revista “Inside The Vatican”, escribió el día anterior al sínodo sobre un encuentro que tuvo con un reconocido cardenal en las calles de Roma: “Se me acercó para preguntarme… con cara de ´No puedo hablar´, y me dijo que amaba al papa Benedicto, y que el papado es como el matrimonio: hasta que la muerte nos separe. ¡nadie debe abdicar! Es un tiempo muy peligroso para la Iglesia. Las fuerzas de la oscuridad están alertas. Rece por nosotros”.

Y escribó Moyhnyan en el final “Creo que el cardenal tiene razón. Puedo sentir el peligro. Estemos alertas. Algo no está bien. Puede ser que nunca lo sepamos… pero estamos muy lejos de un cónclave común”.

Vamos a los hechos, sin que ésto implique afirmación, y ni siquiera insinuación.
Cuando Jorge Bergoglio llegó al sínodo que lo convertiría en el papa Francisco, lo hizo con escaso optimismo:

–Esta vez la edad me juega en contra.

Sin embargo, contra todo pronóstico, y a última hora, los votos necesarios llovieron sobre él.

¿Influyó en ese golpe de timón la “mafia” del cardenal Danneels, que claramente explica en los primeros párrafos de su biografía autorizada que había que entronizar a alguien que “barriera las telarañas de la Iglesia”?

¿Es casual que más allá de las multitudes que movilizó, el amor que desató a su paso, la “resurrección” de la Iglesia, no tardó, en contraposición a aquellas cuatro cartas flamígeras contra los homosexuales, en preguntar públicamente… ‘Quién soy yo para juzgar’, lo mismo que aceptar la comunión de los divorciados y otras medidas en estudios?

¿Es casual que el cardenal Danneels, el convicto y confeso jefe del grupo de presión para entronizar a Bergoglio, fue nombrada por el hoy Francisco, por voluntad personal, como miembro del Sínodo sobre la Famila celebrado en 2014, y volvió a ungirlo como tal para el que termina a fin de año?

Monseñor Justo Laguna, de quien fui bastante amigo, repetía:

–Los sacerdotes somos pecadores, pero la Iglesia es santa.

Ha muerto.

Ya no tengo como refutarlo.

Pero más allá de la profunda creencia de que al Papa lo elige el Espíritu Santo, acaso haya que convenir que no siempre es así.

Fuente: Infobae