Estados Unidos se rebela contra el globalismo: Donald Trump se impone también a Wall Street y a la élite mediática

Cuando apareció un jinete con un caballo desbocado en la carrera por la Casa Blanca, las élites ocultaron su satisfacción y consideraron que la selección de éste sería el menor daño posible para la aspiración de su candidata, Hillary Clinton.

Sin embargo, al comenzar la competencia se dieron cuenta que un sector de la población estadounidense comenzaba a considerar a este personaje no sólo un entrometido sino que alguien que decía por primera vez en el escenario electoral las cosas con franqueza o con aguda fuerza. Aún más, la preocupación se hizo evidente cuando los sondeos alternativos, hechos en profundidad, contrastaban con aquellos realizados por especialistas notables ideológicamente comprometidos con la campaña demócrata.

Entonces, la Corporatocracia en conjunto se unió como un complejo financiero, militar, comunicacional, industrial, con el fin de parar cualquier advenedizo que intentara disputar su poder. Para ello, financió en un porcentaje de diez a uno su proyecto ante el corsario Trump, comprometió el apoyo de Barack Obama junto con todo el aparato estatal y produjo una campaña mediática extraordinaria basada en tres puntos: desacreditar en grado superlativo al contrincante, no dudar en usar los mecanismos más oscuros y generar una campaña del terror ante un eventual triunfo republicano.

Para ello, la información mundial se concentró en exponer encuestas donde todas daban por ganadora a Clinton, contratar “analistas” que confirmaran la necesidad de una persona con experiencia (sin ahondar en el belicismo), dando una imagen de seguridad planetaria a través de una mujer serena y consciente. En su defecto, desacreditar a Donald Trump como el hombre opuesto al género femenino, abusador, ególatra y xenófobo, sin conocimiento político ni burocrático, es decir, un simple candidato. Y en el momento en que las tensiones se hicieron más fuertes, apareció la rusofobia como tema central de la campaña. De ese modo, en el planeta ya estaba supuestamente decidida la selección.

Sin embargo, no contaron con un análisis serio de la realidad estadounidense: la alta oposición al régimen de Barack Obama, el número inmenso de deportados en su gobierno, el aumento del desempleo y la pobreza estimada en cincuenta millones de personas, la imagen negativa de Clinton considerada parte de la clase dominante y con serios nexos con corrupción, su participación en Bengasi y la creación del Estado Islámico, el papel no determinante de los latinos y afroamericanos, entre otros. La palabra cambio y la oposición al ‘establishment’ ahondaron las diferencias.

Por tanto, pese a la frustración de la Gran Prensa, la supuesta victoria “sorpresiva” no lo es tanto ya que se generó una condición nacional que permitió el triunfo.

Una de las conclusiones más importantes es que CNN, en tanto órgano de coordinación de la información mundial de la Corporatocracia, no posee la credibilidad que se atribuía pues todo lo expuesto durante meses resultó ser un producto ideológicamente construido en representación de Hillary Clinton…que finalizó con un enmascaramiento de la verdad objetiva.

Fuente: Alerta Digital