¿Sobrevivirá el ISIS a la actual embestida?

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Existe la suposición general de que el ISIS, enfrentado a una serie de coaliciones militares, acabará tan desplazado y perderá tanto territorio que prácticamente desaparecerá. El reciente y significativo aumento de los territorios perdidos por el ISIS en varios frentes está dando credibilidad a dicha conjetura. Tras la caída de Ramadi y Faluya en Irak, ha comenzado la batalla por Mosul. En Siria, la organización también ha perdido varias localidades claves, como Manbiy, Yarábulus y la simbólica ciudad de Dabiq, mientras que la capital de facto del ISIS, Raqa, está cada vez más asediada. Estas pérdidas territoriales suponen un duro golpe a las capacidades militares y financieras del ISIS. Sin embargo, ante la falta de planes post ISIS para esas zonas –planes que conllevarían abordar las causas originarias que permitieron prosperar a la organización en un principio–, es probable que las adaptables tácticas del movimiento aseguren su supervivencia y vuelva de nuevo a la carga.

Los altos mandos del ISIS han estado preparando proactivamente a sus seguidores para las pérdidas territoriales y reafirmándoles al mismo tiempo en que la futura victoria decisiva llegará. En mayo, el ahora difunto portavoz del ISIS Abú Mohamed al Adnani difundió un audio donde insistía en que el ISIS seguirá triunfando aunque pierda todas las ciudades que controla:

¿Fuimos derrotados cuando perdimos las ciudades en Irak [entre 2006 y 2010] y estuvimos en el desierto sin ninguna ciudad o territorio? ¿Y seríamos derrotados, y vosotros saldríais victoriosos si tomaseis Mosul, o Sirte, o Raqa, o incluso si tomarais todas las ciudades y volviéramos a nuestra situación inicial? ¡Por supuesto que no! La verdadera derrota es la pérdida de la voluntad y el deseo de luchar.

Asimismo, en un editorial titulado “Los delirios de los cruzados en la Era del Califato”, publicado en el número de junio de Al Naba, el boletín semanal en árabe del Estado Islámico, también se anticipaba el mensaje de que, aunque perdiera todos sus activos territoriales, el grupo seguiría sobreviviendo.

Los cruzados y sus clientes apóstatas viven con la ilusión de que, ampliando el radio de su campaña militar, (…) serán capaces de eliminar todas las provincias del Estado Islámico de una vez, (…) los politeístas de todas partes deben estar seguros de que el califato se mantendrá, si Dios quiere, y que no podrán destruirlo eliminando una de sus ciudades o asediando otra, o matando a un soldado o a un emir.

La derrota militar del ISIS no bastará para impedir que el grupo se reactive con más fuerza que antes. Tras la alianza de EEUU con las tribus suníes de Irak contra el ISIS en 2006, la organización, conocida entonces como Al Qaeda en Irak, perdió a muchos de sus gerifaltes y territorios y se vio obligada a ocultarse. Sin embargo, desde 2013 en adelante se reconstituyó y comenzó a conquistar Faluya, Mosul, Tikrit y otras áreas, expandiéndose más allá de sus territorios de control durante la ocupación estadounidense. De manera similar, el grupo fue ampliamente derrotado por los rebeldes locales en el norte de Siria en 2014, pero de nuevo se recuperó con más fuerza que antes. En ambos casos, el ISIS pudo aprovecharse del caos, así como de las divisiones y protestas locales, a fin de recuperar el poder.

La miríada de coaliciones que están combatiendo ahora al ISIS sigue una estrategia negligente al centrarse únicamente en las victorias militares e ignorar las causas que permitieron que el grupo prosperara. Las indeseables consecuencias que resultan de esa mala planificación son las crecientes tensiones entre los grupos locales y el riesgo de que se estallen conflictos secundarios que puedan ser aprovechados por el ISIS para intentar sobrevivir y recuperar poder. En Siria, el aumento de la cooperación entre EEUU y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una coalición encabezada por los kurdos, ha dado poder a las segundas para establecer una región autónoma kurda. Esto ha dado lugar a más tensiones entre los kurdos y árabes de la zona. También ha provocado que Turquía, que considera el elemento kurdo de las FDS una amenaza para su seguridad y un grupo terrorista vinculado al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), se asocie con los grupos rebeldes e intervenga militarmente en Siria para vigilar el creciente poder de los kurdos. Estas tensiones y rivalidades por el territorio se han manifestado en choques militares entre los grupos encabezados por los turcos y las FDS. También parece posible que la frecuencia y la intensidad de los enfrentamientos aumenten, ya que las partes persiguen objetivos similares y entran cada vez más en contacto a lo largo de los frentes compartidos.

Además, los problemas políticos, económicos, sociales y culturales que contribuyeron al surgimiento del ISIS siguen en su mayoría desatendidos, lo que da al grupo la oportunidad de seguir utilizándolos como instrumento de reclutamiento, a la espera, una vez más, de recuperar su poder e incrementarlo. Irak sigue sufriendo las consecuencias de un Gobierno corrupto, sectario y disfuncional, de un entorno de seguridad fragmentado, y de las intensas rivalidades entre Bagdad y el Gobierno regional del Kurdistán, así como entre las facciones chiíes, las milicias y las fuerzas de seguridad iraquíes y entre los chiíes y los suníes en general. Asimismo, el régimen sirio y sus aliados siguen perpetrando atrocidades y crímenes de guerra contra los civiles, sin que haya ninguna esperanza real de poner fin al conflicto en el futuro cercano. Estas circunstancias, que allanaron el camino al surgimiento del ISIS en Siria e Irak, sólo se han exacerbado.

La estrategia consolidada del ISIS para reclutar a través de internet sigue siendo un arma poderosa que el grupo puede utilizar para sobrevivir virtualmente y lanzar ataques fuera de las áreas que están bajo su control directo. La organización se valió de su red online para reclutar, planificar y coordinar atentados con simpatizantes en París, Bruselas y otras ciudades de todo el mundo. Sigue sin conocerse la mayoría del funcionamiento interno de la red, que probablemente le permitirá sobrevivir tiempo después de la derrota territorial. “De hecho, la emoción de pertenecer a la cibercomunidad del ISIS podría incluso intensificarse en el periodo posterior a la pérdida de control de un territorio. Posiblemente nada cohesione más a una comunidad que la sensación de sentirse asediada y la necesidad de unirse para cobrar fuerza”, escribió Mark Juergensmeyer, director fundador del Centro Orfalea de Estudios Globales e Internacionales de la Universidad de California, en la Cairo Review of Global Affairs.

La lucha en curso contra el ISIS sólo traerá resultados positivos si las diversas coaliciones militares adoptan una estrategia clara, integral e inclusiva que aborde las causas de la emergencia de la organización. Esto se podría hacer permitiendo a los locales identificar y pedir ayuda para abordar los arraigados problemas que el ISIS aprovechó en su camino inicial al poder. Sin una estrategia como esa, es improbable que el ISIS pueda ser derrotado sin que se corra el riesgo de crear en el proceso un monstruo aún más fuerte.

Fuente: Revista el Medio