Quién es quién en las primarias de EE.UU.

aUna de las etiquetas más usadas durante la campaña ha sido la de “populista”, epíteto que ha recaído principalmente sobre el republicano Donald Trump y sobre el demócrata Bernie Sanders. Pese a sus grandes diferencias ideológicas (y de formas), ambos comparten la visión de que es preciso devolver al pueblo parte del poder que han acaparado las élites durante los últimos años.

¿Y quiénes son las élites? Para Trump, las élites son aquellos políticos e intelectuales que se amparan en “lo políticamente correcto” para dejar fuera del debate político los temas que de verdad importan a la gente, como por ejemplo la inmigración. El populismo de Trump consistiría en presentarse como el altavoz de “lo que aparentemente todo el mundo piensa pero nadie se atreve a decir”, señala Marc Bassets, corresponsal de El País en Washington.

Para Sanders, en cambio, las élites son Wall Street y otras minorías privilegiadas que intentan mantener a toda costa un statu quo desigual. Su programa deja claros los bandos: más impuestos a los ricos y menos bancos “demasiado grandes para caer”, de un lado; “sanidad para todos” y matrículas universitarias gratuitas, de otro.

Distintas maneras de ser republicano

Hasta aquí, las etiquetas de trazos gruesos. Pero luego hay matices en los que conviene fijarse para entender cuáles son las corrientes ideológicas que compiten actualmente en el seno de los partidos.

El populismo explota hasta la saciedad la dialéctica “ellos contra nosotros”. Pero no es igual la retórica anti-establishment del Tea Party, que aglutina a un tipo de republicanos y de libertarios en torno a la defensa del gobierno limitado, la responsabilidad fiscal y el libre mercado, que la de los “conservadores sociales” que denuncian el ataque por parte de las élites progresistas a los valores del ciudadano medio.

Como explica Michelle Goldberg en Slate, una variante de este conservadurismo es la que contrapone el estilo de vida de los pequeños pueblos del Sur y del Medio Oeste al de las poderosas ciudades de la Costa Este. El candidato republicano que hoy encarna mejor esta visión es Ted Cruz, favorito de la llamada “derecha religiosa”.

El magnate neoyorquino Donald Trump no podía apuntarse a la dialéctica “ellos, las élites urbanas” contra “nosotros, el pueblo”. Sin embargo, ha encontrado un chivo expiatorio en los musulmanes y los inmigrantes, cuya entrada ilegal en el país es un asunto que preocupa mucho a los republicanos sin título universitario, entre los que Trump es muy popular.

El enfrentamiento entre ambas visiones se hizo patente en el último debate republicano, cuando Cruz reprochó a Trump sus “valores neoyorquinos”, que a juicio de aquel incluyen el respaldo a causas sociales “como el aborto y el matrimonio gay” y “gravitan en torno al dinero y los medios”. En su réplica, Trump se salió de su tónica general y en vez de contratacar con insultos (a otros candidatos republicanos los ha tachado de “débiles” y “payasos”), hizo un alegato a favor de los neoyorquinos, que dieron ejemplo de unidad tras los atentados del 11-S.

El “Yes, we can!” de Bernie Sanders

El duelo entre Trump y Cruz es importante, pues son los candidatos que más ventaja sacan en intención de voto a los otros diez republicanos. Un reciente sondeo de Fox News en Iowa les da un apoyo del 34% y del 23% de los votos republicanos, respectivamente. En tercer puesto queda el senador de Florida Marco Rubio, con el 12%.

David Marcus opina en The Federalist que el encontronazo entre ambos ha servido para dejar claro a los votantes republicanos que “para el senador de Texas [Ted Cruz] lo más importante es la pureza ideológica”, un asunto que no preocupa mucho a Trump: para este outsider de la política, lo importante es “hacer las cosas”, expresión que utiliza a veces para criticar la inacción de los políticos de carrera.

En este enfoque pragmático de la política, Trump estaría más cerca de Hillary Clinton que de Bernie Sanders. El veterano demócrata, considerado el único socialista auténtico del Congreso de EE.UU., tiene intención de “crear una revolución política que revitalice la democracia norteamericana, e incorpore al proceso político a millones de jóvenes y de trabajadores”, en sus propias palabras.

Pero Clinton, que ya está de vuelta de las promesas desorbitadas, es mucho más realista. “Como Obama en 2008, Sanders dice: ‘Sí, podemos’. Clinton dice: ‘No, no podemos’. O, al menos, no todo”, apunta Doyle McManus en Los Angeles Times. Por eso, no promete sanidad para todos, sino solo lograr que funcione un poco mejor la reforma sanitaria de Obama. Para los demócratas, añade McManus, la elección es entre un “revolucionario” o una “pragmática”. (El tercer candidato demócrata, el exgobernador de Maryland Martin O’Malley, tiene muchas menos opciones.)

Populismos más populares que otros

Sobre el auge del populismo en EE.UU., es interesante la distinción que establece en The Atlantic el sociólogo Amitai Etzioni, uno de los autores más destacados del comunitarismo.

Etzioni observa que no todos los populismos tienen el mismo tirón. De un lado está el “populismo popular”, que denuncia la mala gestión de las élites políticas y que goza de amplio apoyo entre republicanos y demócratas. De otro, el “populismo izquierdista”, que combate la creciente desigualdad entre ricos y pobres, pero que solo logra movilizar al ala más a la izquierda del Partido Demócrata.

La razón de que este populismo sea menos atractivo en EE.UU. reside, a juicio de Etzioni, en la mala imagen que tienen allí los programas de redistribución de la riqueza: “La mayor parte de la derecha y del centro ven estas políticas como medidas que nos quitan a nosotros para darles a ellos”.

Unido a lo anterior, está el distinto interés que suscitan las causas que apoyan uno y otro populismo. En una de las encuestas de 2014 que usa Etzioni, el porcentaje de norteamericanos que mencionan el abuso de poder y la corrupción entre sus principales preocupaciones es hasta seis veces mayor que el de los que citan la brecha entre ricos y pobres: solo el 4% cree que este es el problema más urgente.

La conclusión de Etzioni es que el Partido Demócrata se encuentra en una tesitura delicada: “Si elige el discurso del populismo más a la izquierda, seguirá movilizando en primer lugar a su base de seguidores, pero se distanciará de la mayor parte de los norteamericanos (…). No obstante, si opta por el ‘populismo popular’, su base podría pensar que sus causas favoritas están siendo ignoradas”. Bien es verdad que la elección no tiene por qué ser entre un populismo u otro.