Antonin Scalia, patriota vitalista e intérprete textual de la Constitución de EE.UU.

ascalia--620x349-1Era hombre de gran humanidad, en lo emocional y en lo físico, aguda inteligencia, arraigadas convicciones y vertiginoso sentido del humor. Llevaba treinta años en el Tribunal Supremo, cimentando su fama con la calidad de sus observaciones, la finura de su aproximación legal y su decidida apuesta por una interpretación textual de la Constitución. Confesadamente católico, padre de nueve hijos y abuelo de 28 nietos, ostentaba oficiosamente la jefatura del conservadurismo jurisprudencial, al que había conseguido dotar de estructura y vigor.

Estuve con él hace todavía pocas semanas, en torno a la Navidad, cuando distendidamente me describió de nuevo su filosofía: «No estoy en el Supremo para cambiar las leyes sino para interpretarlas; si alguien quiere tener una nueva legislación, que lo haga desde el Congreso».

Quedamos en que iría un día de estos a contemplar de nuevo la esgrima intelectual y jurídica de los «argumentos orales», las sesiones públicas en las que los nueve magistrados escuchan los argumentos en pro y en contra de los casos que han decidido juzgar, y en las que Scalia, «Nino» para los amigos, sobresalía por su rapidez y su contundencia frente a abogados, fiscales y colegas. Era ritual y simple en su trato y cuando yo me acercaba a las deslumbrantes sesiones, el me invitaba después a almorzar en su despacho. Los alimentos provenían del restaurante chino de la esquina.

 Suscitaba tanto entusiasmo entre los tradicionalistas como apenas encubierto rencor entre los que no lo eran, pero su figura, en el conjunto de las siempre respetadas de los integrantes del Tribunal Supremo, había alcanzado grados de conocimiento y consideración poco habituales. Recientemente, y durante meses, había inspirado una obra teatral, no por casualidad llamada «El Originalista», con éxito representada durante semanas en Washington, que reflejaba bien los sentimientos encontrados que su persona despertaba. Y está a punto de estrenarse un musical en el que los protagonistas son el mismo Scalia, y Ruth Bader Ginsburg, también magistrada del Supremo y en las antípodas intelectuales de Nino. Y sin embargo grandes amigos.

Italo-americano

Fue el primer italo-americano en ocupar un puesto en el Tribunal. Era un vitalista sin complejos, amante de la caza que había descubierto pronto en la vida, de la vida social y amistosa, de la provocación intelectual. Llevaba también con orgullo su patriotismo americano, que le situaba sin vacilaciones del lado de los soldados de su país que arriesgaban su vida lejos de la comodidad doméstica. No en vano uno de sus hijos es oficial de la Infantería de Marina.

En el siempre delicado equilibrio del Tribunal Supremo de los USA, la desaparición de Scalia abre un complicado interrogante. Y también una constatación: esa poderosa casa será ahora imprevisiblemente distinta. Como distinta será la vida americana sin la poderosa y bien entonada voz de Nino. El intérprete textual de la Constitución.

Fuente: ABC Internacional