La crisis de los migrantes

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SPAIN-MOROCCO-IMMIGRATIONNo pasa un día sin que una imagen impactante -un barco accidentado, un camión cargado de cadáveres, una vía férrea invadida, una manifestación violenta frente a una estación- no pasee por el mundo la crisis de miles, cientos de miles, de personas que intentan ser acogidas en Europa. La gran mayoría huye de la violencia de Medio Oriente, Africa y Asia central, y una cantidad menor lo hace de los Balcanes fronterizos con la Unión Europea.

Los hechos dramáticos ocurridos esta semana en Hungría, donde miles de sirios se rebelaron contra las autoridades que les impidieron enrumbarse a Alemania, son sólo el capítulo más reciente de la saga. En lo que va de 2015, más de 350 mil personas han llegado principalmente a Grecia e Italia (y, en menor medida, a España y Malta). ¿Qué nos revela lo que está sucediendo?

En primer lugar, que no hay intervención de democracias liberales en países-amenaza que no tenga un costo. A la estampida que ha provocado la serie de conflictos de Medio Oriente y Africa originados en esas zonas desde la “Primavera Arabe” se añade el efecto potenciador que ha tenido la intervención militar directa o indirecta de las democracias occidentales, en muchos casos inevitables. La de Libia, por ejemplo, donde ya no hay un país sino dos, uno controlado por el gobierno legítimo y otro, desde Trípoli, por milicias que operan como mafias y practican el tráfico de migrantes. O la de Siria, por supuesto, donde el crecimiento del Estado Islámico, que ha reemplazado como gran reclutador de fanáticos a Al Qaeda, ha acelerado la huida de más de 11 millones -sí, 11 millones- de personas de sus casas, muchas a Jordania, Líbano y Jordania, pero otras, ahora que estos países desbordados han dejado de acogerlos, hacia Europa.

Lo segundo es que Europa no opera como un gobierno unitario sino como un club de debates. Entre Francia (que calla), Reino Unido (que anuncia que no acogerá un solo refugiado), España (que sólo los permitirá por cuentagotas) y Alemania (que podría aceptar hasta unos 800.000 en total durante este 2015) hay diferencias abismales. No de matiz, sino de visión.

En tercer lugar, las reglas de la propia Unión Europea son una entelequia. Unos (Hungría, por ejemplo) evitan llevar un registro de quienes ingresan en su territorio con intenciones de quedarse en Europa, contraviniendo la Regulación de Dublín II, y otros (Alemania), en vista de ello y contraviniendo la misma norma por razones opuestas, deciden anunciar que los migrantes podrán pedir asilo en lugares distintos de su punto de entrada a la unión porque cualquier otra fórmula es impráctica.

Por último, como siempre, le toca precisamente a Alemania liderar a una Europa que no tiene líderes europeos sino nacionales. Al saltarse -en este caso, para bien- la norma antes citada, pretende descargar el peso que soportan los países que son punto de entrada. Pero, además, pide a sus vecinos un acuerdo para repartirse los refugiados en vista de que nadie ofrece soluciones. Predicando con el ejemplo, ofrece recibir a un número alto de solicitantes. Como es habitual en ella, Angela Merkel no tomó la iniciativa desde el comienzo; observó, calló un rato y sólo cuando su intuición le dijo que Alemania es el único líder que tiene Europa, dio un paso al frente.

Esta crisis, como otras, nos revela la poca previsión que hay detrás de las decisiones políticas, lo inadecuadas que son las normas cuando la realidad las pone a prueba y de qué madera están -y no están- hechos los que deberían mandar.

Fuente: La Tercera