Si Barack Obama celebrara el cristianismo de la misma manera como celebra la agenda LGBT

Unknown-6El presidente Obama celebró con pomposidad la decisión de la Corte Suprema de legalizar los matrimonios entre las parejas homosexuales.

Inicialmente, cuando la noticia se hizo pública, Barack Obama dijo que Estados Unidos debe estar “orgulloso” de la decisión de la corte. El presidente también llamó “hermanos y hermanas” a los Gais y Lesbianas, y consideró la decisión de los jueces una “victoria” para el país. Además, citando los derechos humanos de la Declaración de la Independencia, Barack Obama dijo que “todos tenemos el derecho a la vida, a la libertad y a buscar la felicidad”.

El mismo día, el presidente decidió iluminar la Casa Blanca con los colores del arco iris. Dichos colores representan la bandera del movimiento LGBT (Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales). Por primera vez en la historia del país la casa del pueblo se transformó de La “Casa Blanca” en La “Casa del arco iris”.

Posteriormente, los festejos de la administración Obama se extendieron a otras ramas del gobierno. El Departamento de Educación publicó en Facebook los colores del arco iris. Igualmente, por primera vez en los Estados Unidos los colores azul, blanco y rojo del logotipo del Departamento de Educación fueron reemplazados con los colores de la bandera LGBT.

No cabe duda que Barack Obama estuvo de fiesta. En el festejo lo acompañaron todos los comunistas, socialistas y liberales que por tanto tiempo han menospreciado y criticado al matrimonio tradicional y a los valores cristianos de la sociedad estadounidense. Por supuesto, los medios liberales del país también saltaron de alegría y se sumaron al festejo.

Ningún presidente, demócrata o republicano, conservador o liberal, ha tenido la osadía de cambiar los colores de la Casa Blanca. La decisión de Barack Obama reveló una vez más su extremismo liberal y la falta de respeto a la casa del pueblo y al país que lo eligió presidente.

Aclaro algo. El objetivo de este artículo no es hablar de la homosexualidad o del movimiento LGBT. Se trata de las acciones y las palabras del presidente de Estados Unidos.

¿Recuerda usted alguna vez que el presidente Obama haya llamado hermanos y hermanas a los cristianos? Irónicamente Barak Obama habla del derecho a la vida, a pesar de ser un gran proponente del aborto, tanto en los Estados Unidos como en el extranjero. ¿Recuerda usted también el debate presidencial con Mitt Romney? En esa ocasión el presidente ni siquiera pudo contestar la pregunta sobre cuando empieza la vida. Aparentemente, la palabra “concepción” no existe en el vocabulario de Barack Obama.

Es obvio, el término “vida” tiene usos y connotaciones diferentes en los discursos del presidente. Cuando se trata de justificar su agenda liberal extremista, es importante. Cuando se trata del derecho a vivir de un ser humano quien aún no ha nacido, la palabra vida carece de importancia.

Los actos y las palabras de Barack Obama son una burla a los principios judeocristianos que fundaron este país. El presidente también ignoró la estructura familiar y bíblica que por siglos ha caracterizado a la cultura cristiana del mundo occidental.

No es la primera vez que Barack Obama expresa su desprecio al cristianismo en los Estados Unidos. Recordemos el famoso comentario del presidente: “Sea lo que hayamos sido, ya no somos una nación cristiana.”

Desafortunadamente los medios liberales ignoran o celebran la postura anticristiana de Barack Obama. ¿Se imagina usted la reacción de la prensa liberal si un presidente republicano hubiera colocado una imagen de Jesucristo o una cruz afuera de la Casa Blanca?

Señor presidente, si usted celebrara el cristianismo de la misma manera como celebra la agenda LGBT no dijera que la decisión anticristiana de 5 jueces liberales es una victoria para el país. Recordemos que ninguno de los jueces de la corte suprema es elegido por voto popular y que la mayoría de la población en Estados Unidos profesa valores cristianos.

Si Barack Obama tuviera la misma pasión por el cristianismo, la situación en el Medio Oriente sería otra. Si el presidente tuviera el mismo compromiso y dedicación, su actitud y respuesta ante la actual persecución y genocidio de los cristianos sería otra.

Ojalá algún día el presidente Obama “ilumine” su corazón y su mente con los sagrados principios cristianos que dieron lugar al nacimiento de los Estados Unidos. Ojalá ese día, el presidente incluya en su lista de hermanos y hermanas a los millones de cristianos que viven en este país y en todo el mundo. Ojalá algún día, Barack Obama reconozca que ante los ojos de Dios la palabra “vida” se aplica a cada ser humano, antes y después del nacimiento.