Esto no es un acuerdo

Hasán Ruhaní, presidente de Irán.
Hasán Ruhaní, presidente de Irán.
Hasán Ruhaní, presidente de Irán.

En Lausana, Suiza, representantes de Estados Unidos, Irán y otras potencias mundiales han brindado grandes titulares a propósito de las negociaciones destinadas a detener la carrera de Teherán hacia la consecución de la bomba atómica. Pero no han proclamado un trato ni un acuerdo. En vez de eso, han dado cuenta, según el New York Times, de un “entendimiento general comprehensivo y específico sobre los próximos pasos para limitar el programa nuclear de Teherán”. En esta declaración hay mucha palabrería por una razón: el 5 + 1 está muy lejos de nada que se parezca a un acuerdo nuclear con Teherán.

Lo que tenemos es una confirmación de que las negociaciones continuarán. Hay buenas razones para creer que esto era lo que las partes buscaban, por encima de todo. Para Teherán significa que las sanciones seguirán aliviándose. Para la Administración Obama, que su diplomacia aún no puede ser considerada un fracaso.

A tenor de las reacciones en los medios y las redes sociales, la Administración ha logrado sus objetivos. El anuncio se interpreta como un motivo para el optimismo. Ante todo, esto da la medida de cómo han bajado el listón del éxito diplomático los norteamericanos en la era Obama. El “entendimiento” no es sino la verificación –por escrito– de la muy rumoreada capitulación norteamericana en lo relacionado con el programa nuclear iraní.

He aquí los puntos de la rendición:

1) Se permite a Irán seguir operando 5.060 centrifugadoras de uranio enriquecido por espacio de diez años. Los expertos coinciden en que es suficiente para alimentar una bomba nuclear cada año. Antes de que la Administración Obama empezara a hablar con Irán, las resoluciones de Naciones Unidas prohibían a Teherán que enriqueciera uranio. Punto.

2) Se permite a Irán conservar su planta subterránea de enriquecimiento de Fordow. La Administración Obama dice que se transformará en un “centro de investigación nuclear, física y tecnológica” que no enriquecerá uranio en 15 años. Pero, como el propio Obama decía antes, “sabemos que [los iraníes] no necesitan unas instalaciones subterráneas y blindadas como las de Fordow para desarrollar un programa pacífico”.

3) El acuerdo nuclear no será permanente sino limitado en el tiempo. John Kerry ha asegurado al pueblo americano que el acuerdo no incluiría ocasos, pero eso son precisamente los límites temporales recogidos, de 10 y 15 años. La prolongación del acuerdo dependerá de los iraníes.

4) De acuerdo con el ministro iraní de Exteriores, Javad Zarif, las sanciones europeas y norteamericanas contra Irán serán levantadas cuando entre en vigor el acuerdo, no en función de que Teherán lo cumpla o no. Si esto es cierto, se trata de una peligrosa rendición: ¿qué incentivos tendrá Irán para cumplir lo acordado? Si, en cambio, Zarif miente, eso nos dará una idea de con quién hemos alcanzado un acuerdo.

5) El acuerdo marco incluye sólo vaguedades sobre la responsabilidad de Irán de rendir cuentas sobre las posibles dimensiones militares de su programa nuclear a día de hoy. Esto es importante porque sin una base de entendimiento sobre los esfuerzos iraníes para desarrollar armamento nuclear, EEUU no puede confirmar si ha habido progreso alguno en este ámbito.

A cambio de todo esto, la Administración quiere que los norteamericanos crean que Irán va a enriquecer uranio sólo al 3,67% (por 15 años), permitir exhaustivas inspecciones internacionales, privarse de desarrollar armamento atómico, desprenderse de una buena cantidad de material nuclear enriquecido y, en líneas generales, atenerse a un hipotético acuerdo con EEUU. ¿Sucederá siquiera una sola de esas cosas? Teniendo en cuenta que Zarif ya está cuestionando públicamente –en Twitter– la manera en que ha interpretado el “entendimiento” la Administración Obama, parece que no.

No. No tenemos acuerdo alguno, sino la imagen exacta de lo desesperado que está Obama por lograrlo.