El chavismo y el hambre

El chavismo y el hambre
Venezuela

Desde los micrófonos de los medios públicos (que son casi todos) que el gobierno venezolano monopoliza, Nicolás Maduro (que está cada vez más inmensamente gordo, como también ocurre con su colega, Diosdado Cabello), acusa de los empresarios venezolanos de todas las penurias que el propio “chavismo”, con su grotesca conducción de la economía venezolana es, en realidad, responsable. Los demás tienen la culpa de todo. Ellos, no. Nunca. Son testigos privilegiados, pero no gobernantes.

No obstante, lo cierto es que las penurias siguen acosando a todos los venezolanos. Duramente. Particularmente en materia alimenticia. Lo que se comprueba con hechos. Irrefutables. Los precios de los bienes alimenticios que componen la llamada “Canasta Familiar”, conformada por los alimentos más indispensables, se disparan hacia las nubes. De alguna manera son los “misiles venezolanos”, que no cesan de trepar.

Empeorando la escasez de todo que debe soportar estoicamente el pueblo venezolano, que no tiene otra opción. Durante el mes de marzo pasado las cosas empeoraron. Mucho. En promedio, los precios de los alimentos subieron un 5,2%, en ese solo mes. Así lo acaba de informar específicamente el propio “Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores”, que publica las cifras de la evolución (en este caso, de la “disparada”) de los precios, mensualmente.

Hay precios de alimentos que subieron escandalosamente en el pasado mes de marzo. Por ejemplo, los precios de las leguminosas y de los cereales, que aumentaron un escandaloso 30,7% en el mes de marzo solamente. También los precios del azúcar, con una suba mensual del 18,5% y los del aceite, que treparon un 13,4%.

Para las amas de casa, una situación de horror. Para los de menores ingresos, una de desesperación. Además, la carne subió un 5,8%. La leche un 5,7%. Los huevos, un 5,7%. El pescado, un 7,4%. Más horror, como consecuencia de la notoria incapacidad de quienes conforman el gobierno “chavista”.

Otros aumentos mensuales de precios alimenticios fueron: los de los tomates y vinagres, 8%; los de las frutas y hortalizas, 0,7%. Las bebidas sin alcohol, en cambio, no variaron de precio, al menos en marzo pasado.

Por esto el salario mínimo venezolano tiene un déficit, en el rubro de la alimentación solamente, de nada menos que el 63%. Lo que se traduce en que una familia, para poder alimentarse con lo indispensable requiere poder disponer de tres salarios mínimos, tan sólo para atender los gastos de su alimentación que, obviamente, no conforman su única urgencia.

Esto se dice fácil, pero lo cierto es que tener que vivir así es un auténtico martirio cotidiano. Y los responsables son los “chavistas” y sus recetas -perimidas y equivocadas- a las que se aferran en su arrogante y constante demostración de ignorancia.

Mientras tanto, la culpa de la caída brutal del nivel de vida de los venezolanos es siempre de otros. De los norteamericanos, de los empresarios, de los ricos, de la Iglesia, de la oposición política, de María Santísima, etc., etc., etc.

Nunca jamás del gobierno, que -en los hechos- no es responsable de nada y está compuesto de personajes que ya no pueden, con su notoria gordura, mostrar que la escasez de todo también los afecta a ellos (hablamos ciertamente de la “nomenclatura” chavista), porque no es así. Ellos viven inmersos en el privilegio y (disfrazados de presuntos héroes) nadan siempre en la abundancia, situación a la que se aferran como pueden.

Ésa es la gran ventaja de estar en el poder: no se sufre. Nada. Sufren los demás.

Y, en materia de alimentación, lo que sucede en Venezuela es bien visible. Basta mirar el redondo estado físico de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello para advertir fácilmente que ellos están realmente muy lejos de las privaciones alimenticias y que de la palabra “hambre” no tienen ninguna noticia. En las antípodas, realmente.

Emilio J. Cárdenas es exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.